Santiago en mí

Archivo para el día “diciembre 8, 2010”

La Batalla Naval de Santiago (I)

En una entrada anterior hice referencia a la Batalla Naval de Santiago en la cual fue destruida la flota del Vicealmirante Pascual Cervera y Topete, una de las más prestigiosas de la España decimonónica. Revisando por la web nacional, encontré un interesante trabajo del periodista santiaguero Israel Hernández Planas sobre el tema, el cual tomo como pretexto para comentar un poco acerca de este acontecimiento ocurrido en la bahía santiaguera.

Mucho se ha escrito sobre la Batalla Naval de Santiago. Quizás sea uno de los sucesos más analizados de los ocurridos durante la Guerra Hispano-Cubana-Norteamericana; iniciada luego del polémico suceso de la explosión del acorazado Maine en el puerto habanero, el 15 de febrero de 1898.

Los antecedentes de lo que sería una de las mayores derrotas navales de una flota española en el siglo XIX, se remontan al 29 de abril de 1898, cuando la flota al mando del Vicealmirante Cervera, zarpó rumbo a la Mayor de las Antillas, con la encomienda de defender el puerto santiaguero. Conformaban la armada española los siguientes buques: acorazados Infanta María Teresa, Vizcaya, Cristóbal Colón y Almirante Oquendo; y los destructores Furor y Plutón. Sin embargo, desde el inicio, el pesimismo se adueñó de los marinos españoles a pesar del entusiasmo que reinaba en la prensa de la Metrópolis. Poco antes de partir Cervera escribió a su hermano donde le recomendaba el cuidado de su mujer e hijos en caso de una muerte que parecía segura. Mientras tanto, los Estados Unidos enviaban dos flotas hacia Cuba, aunque con la orden expresa de no mantener combate de forma individual, pues la escuadra española era considerada una de las mejores de su tiempo. La escuadra norteamericana contaba entre otros –según el propio Cervera– con los buques New York, insignia del Contralmirante Sampson; el Brooklyn, insignia del comodoro Schley; Iowa; Oregon, Indiana, Texas y varios buques menores; entre ellos: el cañonero USS Ericsson, los cruceros auxiliares USS Gloucester, USS Resolute y USS Vixen.

El acorazado "Infanta María Teresa", insignia de Pascual Cervera

Ya en Cuba, la flota española permaneció atracada en el puerto santiaguero; un lugar en apariencia seguro dada su entrada angosta que hacía prácticamente imposible que el enemigo entrara, pero que a la larga, se convirtió en un elemento en contra de los navíos españoles. El 19 de mayo de 1898, la flota norteamericana arribó a las afueras de la bahía santiaguera y comenzó un bloqueo de la misma. Cervera escribió en un telegrama al Ministro de Marina:

“Estamos bloqueados. Califiqué de desastrosa la venida para los intereses de la Patria. Los hechos empiezan a darme la razón. Con la desproporción de fuerzas, es imposible ninguna acción eficaz. Tenemos víveres para un mes”.

Acorazado "Almirante Oquendo"

Durante todo ese tiempo y hasta el día de la batalla de marras, las marinos españoles prestaron servicio en los combates que las tropas terrestres sostenían con los mambises. A su vez, la tensión entre ambas flotas se mantenía, con intentos de incursiones por parte de los buques norteamericanos, los cuales fueron rechazaos por los barcos de la Metrópolis. Aún se especula por qué, a pesar de todas las dificultades existentes, Cervera decidió salir de la bahía con su flota a enfrentarse, en combate desventajoso, con la flota norteamericana. Algunos historiadores aseguran que se debió a que el Vicealmirante español sencillamente seguía órdenes de sus superiores, lo que puede quedar demostrado por las propias palabras escritas por el Vicealmirante:

Con la conciencia tranquila voy al sacrificio, sin explicarme ese voto unánime de los generales de Marina que significa la desaprobación y censura de mis opiniones, lo cual implica la necesidad de que cualquiera de ellos me hubiera relevado.

Lo cierto es que el día 3 de julio de 1898, en horas de la mañana y con un clima perfecto, los barcos que componían la flota española al mando del Vicealmirante Pascual Cervera y Topete, comienzan a abandonar la seguridad de la rada santiaguera, para entablar combate con los buques norteamericanos que los esperaban en las afueras de la bahía

(continuará)

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