Santiago en mí

Desempolvando muertes y cementerio

Hay un dicho popular que reza que el cubano es el único pueblo que ríe de sus propias desgracias. No sé, por razones obvias, si la afirmación se trata de una mera exageración, hija de un chovinismo criollo (permitido por demás), o si, en efecto, somos los “afortunados” propietarios de tan curiosa cualidad para algunos quizás reprobable, pero, inobjetablemente, fuente de no pocas soluciones que impulsan el diario de cada cubano.

Quizás por esta razón, no resultó sorprendente el que se dedicara un espacio cultural como la séptima edición de “Desempolvando” al tema de la muerte, el cementerio y las costumbres y tradiciones mortuorias en esta ciudad. Un tema que, como tempranamente advirtiera Pini, director artístico y conductor del espacio, no representa necesariamente para el santiaguero (me atrevería decir, el cubano) tristeza o calamidad pues, ¿no es acaso en las funerarias donde suelen contarse los mejores chistes? La propia tradición nacida con el devenir de los procesos funerarios, con su comparsa de personajes y anécdotas, llenan nuestra historia de simpáticos acontecimientos que giran alrededor de un difunto; de ellos también se habló y actuó en esta nueva cita en el patio del Archivo Histórico Provincial.

Invitados de lujo nos deparó la tarde: desde la sobrecogedora danza del bailarín Yanosky Sánchez, capaz de atraer sobre la ciudad, al menos en ese cuadrado de cielo que enmarcan las paredes del Archivo…, nubes grises y vientos de un aliento extrañamente fríos para las tardes de verano que por estos días se viven en la ciudad (tendré que convencerme de cierto misticismo que ronda estos encuentros de viernes, en los que se “juega” y domina al clima al antojo de la temática tratada, dejando sobre los asistentes, en esta oportunidad, una atmósfera plomiza, de constante amenaza de lluvia que, por suerte no hizo presencia); el canto a Oyá, danzado por una bailarina del emblemático Conjunto Folclórico Kutumba; hasta las actuaciones de integrantes del grupo de teatro Macubá, quienes con su representación de fragmentos de Francisca y la Muerte y una versión muy cubana de Las plañideras, hicieron las delicias de los presentes.

En medio de estas pinceladas artísticas, no faltó el abordaje histórico del tema central de la jornada: la muerte y los cementerios en Santiago de Cuba. En esta ocasión, de las manos del verbo animado de las Máster Martha Hernández y Beatriz Morales, especialistas del Cementerio Santa Ifigenia, recorrimos las artes funerarias de esta ciudad desde su prehistoria de enterramientos aborígenes, los entierros coloniales en las iglesias, hasta las intermitencias de cementerio de la ciudad hasta su actual enclave y nombre.

Santa Efigenia

Asistimos también al redescubrimiento de detalles como el origen etíope del nombre Santa Efigenia (Ifigenia), el mismo que ostentara el primer camposanto santiaguero que, por estar ubicado cerca de los terrenos de la ermita de Santa Ana, ha pasado a la memoria popular con éste último nombre y no por el que realmente le corresponde; mientras que, misterios y avatares de la historia, el actual cementerio Santa Ifigenia fue nombrado durante mucho tiempo en toda la documentación “oficial” como: Cementerio General, resultado (hipótesis de las especialistas) de los desencuentros que la construcción de la necrópolis trajo entre la iglesia y el poder civil de la provincia, hasta ser “renombrado” en 1917 por el entonces alcalde de la ciudad, Camacho Padró, quien asegura en sus memorias: “le puse nombre al cementerio”.

La etapa republicana trajo nuevos matices al arte funerario en esta ciudad. La aparición de personajes como los “buquenques” y los encargados de las despedidas de duelo, pusieron no pocas notas simpáticas al acto luctuoso. Los primeros eran personajes de las distintas “casas funerarias” que “rondaban” a los enfermos para, una vez fallecidos, ofrecer a los dolientes los servicios funerarios que ellos representaban. Tal llegaba a ser el asedio de estos personajes que en una ocasión protagonizaron un escándalo por lograr brindar los servicios a la familia de un acaudalado campesino que había fallecido, evento que el Diario de Cuba recogió en un artículo de sentencioso titular: “Las tiñosas de Santiago de Cuba”.

Por su parte, las despedidas de duelo gestaron curiosos personajes. Más allá de grandes oradores como Emilio Bacardí o el Licenciado Bravo Correoso, autores de encendidos discursos no pocas veces elogiados por sus contemporáneos, como el periodista Carlos E. Forment en sus Crónicas de Santiago de Cuba; otros se dedicaron a brindar en alquiler sus dotes oratorias para despedir cuanto duelo fuera posible. Se recuerda el caso de uno de estos personajes al que apodaron “el sinsonte” quien, aún sin conocer al occiso, era capaz de hilvanar un brillante discurso durante 20 minutos sobre la vida y obra del difunto.

Y ya que mencionamos una vez más (cómo no hacerlo) a la figura de Don Emilio Bacardí, emocionante fue el conocer un curioso hecho acontecido durante las honras fúnebres del primer alcalde de la ciudad.

Cuenta la especialista Beatriz Morales que luego del velatorio realizado en la casa de la familia Bacardí-Cape en las afueras de la ciudad, los restos mortales del patriota fueron trasladados hasta el frente del Ayuntamiento donde, en homenaje, se arrió la bandera cubana, acto durante el cual, y para sorpresas de todos, la enseña nacional cayó suavemente sobre el féretro que guardaba a Bacardí, justo hacia el lado donde estaría su rostro, suceso que desde entonces se conoció como “el beso de la bandera”, quizás póstumo agradecimiento al promotor de tan singular espectáculo que cada fin de año reúne a miles de santiagueros frente al Ayuntamiento de la ciudad a celebrarla “Fiesta de la Bandera”.

Siete son ya las ediciones de esta Peña y, comoquiera que se anuncia un merecido descanso en el mes de octubre, valga el momento para agradecerle a sus organizadores por lo hecho hasta ahora, y confiarles el reencuentro el próximo noviembre, momento en el cual, de seguro, volverán a cubrir expectativas y darán muestras de que el espacio se va consolidando como una excelente opción cultural para los santiagueros.

 

 

 

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