Santiago en mí

Pintar la casa

Por: Juan Antonio Tejera

Sin dudas Santiago es una de las ciudades más limpia del país. Nos referimos a sus calles. A pesar de lo causado por Sandy, de la cantidad de árboles que se derrumbaron, de los escombros que fue necesario sacar al exterior o simplemente cayeron allí, usted ahora encuentra una ciudad limpia, y ello maravilla a los visitantes.

Y es que los santiagueros, siempre orgullos de pertenecer a esta increíble ciudad, gustan de la limpieza. Y una de las formas más populares de manifestarla es lo que sucede cuando llega el final del año y el comienzo del próximo. ¡La pintura! Es increíble el número de fachadas que en un dos por tres cambian de aspecto, incluso de color.

El santiaguero más por orgullo que por necesidad, que por ostentación, se pone como propósito pintar su casa antes de que finalice el año y de esa forma contribuye a dar brillo a la ciudad, porque una casa bien pintada, hace lucir más limpia a la urbe por esos complejos
sicológicos que poseemos en nuestra mente. Pero aún es más importante el darle un toque al interior. Y entonces usted ve al hombre o la mujer de la casa, encaramados en una escalera improvisada o prestada, tratando de realizar una tarea que parece sencilla pero que tiene su arte. Y claro, siempre hay sus discrepancias en cuanto al color. El padre no gusta de ese rosado un tanto, bueno, omitamos el calificativo porque la madre, tiene los suyos para un color ladrillo que él quiere emplear, mientras que el adolescente desea un tono que le permita desarrollar sus dotes pictóricas formando, dicen los padres, ambos, una “embarrasón” que sólo consigue, que no valga la pena el intento de darle una forma normal a la causa de un… bueno, adolescente.

Lo cierto que pintar la casa para el año nuevo constituye para el santiaguero y la santiaguera una especie de placer que incluso puede ir acompañada de su “traguito” para estimular la creación, el brazo de él, sobre el hombro de ella, para juntos, unidos disfrutar de la obra terminada y desear un tanto que el tiempo transcurra aprisa para que llegue el final del trece, ¡tócate!, y de nuevo se vuelva a pintar. Porque así, así son las cosas en esta ciudad de maravillas.

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