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(en fotos) Castillo de San Pedro de la Roca, el Morro de Santiago de Cuba

 El blog Ciencia cubana publica una serie de fotos del Castillo de San Pedro de la Roca, el Morro de Santiago de Cuba. Les invitamos a disfrutar de ellas.

San Pedro de la Roca

Ver más en (en fotos) Castillo de San Pedro de la Roca, el Morro de Santiago de Cuba.

A modo de promoción…

Escribir sobre historia cuando no se es un profesional de la misma, es una tarea harto difícil que en ocasiones roza el imposible (por suerte sólo roza). Esta dificultad se hace más evidente cuando el objeto de estudio (el de las entradas escritas en este blog), es la historia local, esa que la mayoría de las veces se escapa entre las líneas de los textos con los cuales se enseña en los diversos niveles de enseñanza de nuestro país, y se va extraviando en papeles amarillentos y las intermitencias de la mente octogenaria de no pocos testigos. Por suerte, en ocasiones una simple búsqueda, sin grandes pretensiones, tal y como permite el poco tiempo que logro robar a mis ocupaciones; basta para encontrar interesantes temas a tratar, temas que, en un inicio escritos con la timidez de la poca información de la que nacen, lograr arrastrar tras de sí, tras la certeza de su renacer en blanco y negro, nueva información que los complementa y les da el volumen y la fidelidad histórica que los más exigentes pretenden. En otras oportunidades, las ideas van quedando en el tintero, en el almacén de las ganas, ante la dolorosa realidad de no poder moldearlas lo suficiente como para ser dignas de quedar publicadas.

Pero, afortunadamente, los apasionados de la historia no son pocos, y he tenido la suerte de ser leído por unos, y haber conocido a otros (y otras). En ambos casos, el resultado final ha sido un interés común de colaboración, una “firma de acuerdos” sin más protocolo que el deseo por desempolvar memorias, por traer al presentes lo que el incansable polvo del olvido se empeña en cubrir. Este interés común hace pensar que este blog ira siendo cada vez menos mío para convertirse en el blog de muchos; lo cual me llena de cierta vanidad, lo reconozco; porque, a fin de cuentas, redundará en una mayor rigurosidad del contenido histórico que en estas páginas se publique.

A este desandar por la historia santiaguera prometen unirse dos nuevos miembros. El primero, el profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Oriente, Igor Guilarte, quien pasó de ser el autor de una de las referencias usadas en una de las entradas de este blog, a convertirse en una promesa de colaboraciones, dada su experiencia como escritor de un programa de corte histórico en la radio provincial.

El otro miembro ya es una certeza. Se trata de la MSc Raquel Blanco Borges, graduada de Historia del Arte y quien ha fungido durante más de una década como Directora del Museo del Castillo del Morro, en esta ciudad. Raquel, autora de una Tesis titulada “Inventario de los componentes del sistema defensivo costera de la entrada de la bahía de Santiago de Cuba. Propuesta para una Gestión Patrimonial Integral”, es una de esas personas que vive la historia, que siente correr en por sus venas cada uno de los relatos que brotan de sus labios como agua de manantial. Hablar con ella es una experiencia maravillosa, el tiempo se escurre inadvertido entre memorias personales y todo el conocimiento aprehendido en toda una vida profesional dedicada a la museología y la historia.

Raquel, con la humildad que la caracteriza, en apenas unos minutos me llena de ideas nuevas, me propone temas, se compromete. Pone a mi disposición todo su arsenal personal de documentos históricos, que incluyen no sólo trabajos propios publicados en algún que otro evento, sino también los tomos de las Crónicas de Santiago de Forment y su colección del Boletín Acción Ciudadana, revista que desde 1940 y hasta 1960 se editó y publicó en Santiago, y en la cual se resumió el quehacer diario del Santiago de esas décadas, amen de otros artículos históricos contados, en varias oportunidades, por sus propios protagonistas.

Estas y otras fuentes abren un amplio abanico de temáticas que, con el transcurrir de las próximas semanas, meses (ojalá años), irán engrosando el caudal de entradas con carácter histórico que prestigian este blog.

Desde ya me atrevo a asegurar que serán de interés de todos.

El terremoto del 32

A la 1 y 12 minutos de la madrugada del miércoles 3 de febrero de 1932, la ciudad de Santiago de Cuba experimentó una de las mayores catástrofes de su historia, cuando fue víctima de un sismo de gran intensidad que dejó en ruinas, según las fuentes oficiales de la época, alrededor del 80% de sus edificaciones. Sin embargo, la crónica de lo que significó el día 3 de febrero, y los días posteriores (hasta aproximadamente dos meses después del terremoto), parece remontarse a algunas semanas atrás de la fatídica jornada, y adquiere matices místicos, según recordarían fechas después algunos de los testigos del hecho.

El domingo 24 de enero, durante luego de la lectura del Evangelio dominical en una iglesia de Palma Soriano, el Padre Cresencio Pajares de la Herrán, Reverendo Padre de la Orden de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, habló a sus feligreses de esta forma:

“Con todo el dolor de mi alma, pero es mi deber de Párroco, os digo por tercera y última vez que os fortalezcáis con los sacramentos y no olvidéis la oración. La prueba que tenemos que pasar es aquí, en Palma [Soriano] y en Santiago, y es muy grande. Yo no se lo que es pero mi padre no se equivoca, y esta es la última vez que os puedo avisar. Ya casi estamos en la prueba

Durante las misas de los días 10 y 17 de enero, el Padre Callejas, guiado por una “inspiración extraña”, también había hecho una predicción similar sobre una supuesta prueba a la que sería sometida la ciudad de Santiago de Cuba y sus alrededores. El día 24 de enero de 1932, luego de la última de las predicciones, el Padre Pajares enfermó. El 3 de febrero la urbe santiaguera y sus alrededores amanecieron bajo las sacudidas de un terremoto.

Portada del Libro

Momentos de angustia

Lo acaecido durante el intervalo que duraron las sacudidas del terremoto de 1932, pudo haberse reflejado en cada una de las miles de historias personales que los habitantes de Santiago vivieron aquella madrugada, y que poco después fueran recogidas con mayor o menor exactitud en la prensa de la época. En las páginas de un libro recopilatorio del Magazine Las Noticias, editado por la Casa Editora Arroyo Hermanos, de la calle Pío Rosado (hoy Carnicería), bajo el título de “Recuerdo Histórico del Terremoto de 3 de Febrero de 1932”, se leen algunas de estas crónicas en la palabra de sus propios protagonistas. Uno de ellos rememora lo sentido el 3 de febrero de 1932:

“Momentos de angustia terrible vivimos los habitantes de Santiago de Cuba desde la una y doce minutos de la madrugada del día 3 de febrero hasta el presente (…). A esa hora aproximadamente, sintiéndose un trueno que venía de las profundidades de la tierra (…) Inmediatamente del primer sacudimiento, algo leve, pero como si se tratara de una gracia que se conocía, fue el aviso (…). Conmociones intensas en todas direcciones nos hicieron pensar que era la terminación del mundo. Chasquidos por doquier; un ruido ensordecedor de paredes que se desplomaban a nuestro alrededor, cristales que se trituraban; todo giraba a nuestra vista; las estrellas en el límpido cielo se confundían, se unían, tenían una luminosidad desacostumbrada; no podíamos coordinar ideas; sólo nos guiaba el instinto de salvación; nos guarecíamos con los pequeños bajo las paredes de madera de los edificios (…)”

Muchos coinciden en afirmar que el horario en que ocurrió el terremoto, y el hecho de haber sido precedido por lo que pareció ser un sismo de menor intensidad, contribuyó a que el número de víctimas fuera el mínimo, amén de la cultura sísmica adquirida por los habitantes de esta urbe a lo largo de su historia, debido a su largo historial de movimientos telúricos que se remonta a los años primeros de la villa de Santiago. Todo esto permitió que a una gran parte de la población le diera tiempo de abandonar sus casas, incluso verlas derrumbarse ante sus asombrados ojos.

Pasado el sacudimiento inicial, llegó la hora del recuento de daños, los cuales, a primera vista, eran considerables; “tal vez no menos de cincuenta millones” de pesos:

Estado en que quedó una de las Salas de Maternidad del Hospital Civil

“Lo destruido son edificios como el Hospital “Saturnino Lora”, la Cárcel Provincial; el Asilo “San José”, la Casa de Beneficiencia, el “Palacio de Justicia”, suman ya casi un millón. Lo destruido son propiedades como el edificio “Serrano”, el Club “San Carlos”, el Corredor de Cristina, el “Ten Cents”, el Hotel “Luz”, representan un millón o más de dólares perdidos. Lo destruido son palacetes como los de Vista Alegre, que también significan muchos cientos de miles de dólares. Lo destruido son templos soberbios, como la Catedral en casi totalidad, “Dolores”, “San Francisco” parcialmente cuyo costo de construcción fue crecidísimo. Lo destruido son casas comerciales como la de Alonso Martínez, “Las Novedades” etc, en donde además de los muros caídos, se echó a perder mucha mercancía –en la Droguería de Mestre y Espinosa solamente hubo una pérdida de cerca de cuarenta mil pesos. Lo destruido, dicho en una palabra, fue casi toda la propiedad pública y privada de la ciudad.”

Casi de inmediato comenzaron a llegar las primeras ayudas para paliar la situación en que había quedado la ciudad y sus habitantes, destacándose la labor de varias compañías particulares como la Crusellas y la Bacardí (la cual a su vez sufrió también numerosas pérdidas durante el fenómeno natural); así como de algunas personalidades políticas de la época. Sin embargo, se afirmaba que esta ayuda no sería suficiente, dado el monto de las pérdidas:

“Con el millón que propone Alberni [José Alberni Yancé, congresista de la república], suponiendo que el Senado le importa su aprobación; más los 300 mil que pretende recabar el representante Bravo Acosta ya aprobados por la Cámara, incluidos los cien mil que se podrían obtener del sorteo de Lotería; haciendo alto aprecio de la labor del señor Hornedo [millonario Alfredo Hornedo] al encargarse de reconstruir de su peculio particular el Hospital Infantil Oriente; sumando a todo esto las múltiples dádivas en mercancías, en medicinas y en dinero que la prensa ha hecho mención…bien se ve que en conjunto no alcanzarán un valor de dos millones de pesos, sin contar con que la mayor parte de esa cooperación se limita a enjugar las necesidades más perentorias, sin dejar para el futuro más que el recuerdo imperecedero.”

Aún pocos días después, el clima de la ciudad era de inquietud: “en medio de sus derrumbes, cuando se pasa por sus cales donde los escombros se aglomeran, cuando se miran aquí y allá los muros caídos o agrietados; en medio de la polvareda que se alza por dorquier por la demolición de los edificios, olvidados por el momento las posible stragedias que oportunamente no ocurrieron (…) todo es bullicio y animación en la urbe.”

La tragedia según informes oficiales

Uno de los primeros representantes del gobierno nacional de la época en hacer presencia en la ciudad destruida, fue el Secretario de Obras Públicas Sr. Narciso Onetti, quien realizo diversas incursiones entre los escombros de la urbe santiaguera para observar, de primera mano, los efectos del terremoto, y tomar las medidas pertinentes para la recuperación. A su regreso a la capital, rindió informe de lo acontecido en forma de un Memorandum, que aparece transcrito íntegramente en el “Recuerdo Histórico …” de los hermanos Arroyo, y del cual les transcribo algunos fragmentos que evidencian, con bastante detalle, la situación encontrada por el Sr Onetti en su recorrido por Santiago.

Sobre las víctimas del terremoto informa el Memorandum del Secretario de Obras Públicas:

“Nº 1- Resumen de las desgracias personales: 13 muertos y 200 heridos. Muchos heridos más que no han ido a curarse a los hospitales. Los muertos se nombran:

“Antonio Pagés, María Casas Suárez, Ofelia Rondón, su hijo y el hijo de la señora Josefa Duharte, cuyos nombres no se conocen. Ernesto Marrero, Manuel Araujo, Hortensia Ramírez, Diógenes Caballero, Antonia Ramírez, Miguel Eduardo Quiala, Cristian Vaillant, José Catases, de 13 años (este falleció después)”

“Los heridos graves son: Simona Albacea, Lucila Cordero, Ramón Ojeda, Angel Adson, Loreto Caballero, René Manuel, Urbano Barrera, José Ramírez, María Luisa Ferrer, Valeriano Saínz, Luisa Sara, Adelmo Pérez, José Prior, José Cordero, Loreto Palacios, Víctor Nereiro, José Sola, José Rizo y José Navarro.”

El caso de Ofelia Rondón y su pequeño hijo, contradice lo escrito en la crónica del periodista Yuris Noridó que me sirvió de base para un escrito similar, donde se aseguraba que a pesar de los graves daños sufridos por el Hospital de Maternidad (área de Maternidad del Hospital Civil “Saturnino Lora”, una de las edificaciones más dañada durante el sismo), no se sufrieron víctimas fatales. En la recopilación de los hermanos Arroyo queda registrada evidencia gráfica de esta muerte. En total luego se mencionan 14 muertos.

Respecto a los daños sufridos por la infraestructura constructiva de la ciudad se dedican varios puntos en el mencionado Memorandum, donde se destaca (entre otros):

“Nº 5- Los desperfectos principales son:

“Edificio de la Aduana: Este edificio a juzgar por su apariencia actual, parece estar en completo estado de ruina, especialmente en su interior (…) En el patio interior aparecen los escombros de los muros laterales del piso alto, que fueron destruidos por el temblor (…)”

“Palacio de Gobierno Provincial: En este edificio se observan los desperfectos de mayor importancia en el piso alto, que es de construcción ordinaria de mampostería de ladrillos, no es así la planta baja que es de construcción de hormigón armado (…)”

“Torres de la Catedral: Por el aspecto que presenta parece probable que sea necesaria la demolición de las mismas.”

Yacen sobre la calle Aguilera, los restos de lo que fue el tercer piso del Club San Carlos

“Club San Carlos: Presenta averiadas sus fachadas, especialmente los pisos superiores de los que el tercero ha quedado totalmente destruido, habiendo caídos sus escombros a la calle lateral, y dado el estado de la parte que ha quedado en pies de este piso, parece procedente su total e inmediata demolición.”

Igualmente propone Onetti algunas soluciones temporales a la situación creada, como es el caso del traslado de la Cárcel Provincial (otro de los edificios seriamente dañados) a los espacios del Castillo del Morro, solución esta que no fue bien acogida por los editores del “Recuerdo histórico…” al no considerar que el sitio sea el más óptimo para tales fines.

Otro de los aspectos que marcó el misticismo del terremoto del 32, fue su verdadera intensidad. En un trabajo anterior sobre el tema había comentado lo siguiente:

“(…) aún resulta polémica la posible intensidad del sismo: “debido a la falta de mediciones fidedignas de la época: algunos aseguran que superó los 8 grados en la escala de Richter, otros creen que estuvo más cercano a los 7 grados, y no pocos especialistas consideran que apenas rebasó los 6”. Al respecto, en el artículo publicado en el número 11 del 2010 de la revista Bohemia (21 de mayo de 2010) se asegura que el sismo tuvo una intensidad de 6,75 grados en la escala de Richter (…)”

Ahora pude acceder a una referencia más directa sobre este aspecto, la cual quedó recogida en el libro de los hermanos Arroyo, gracias a la trascripción que hacen del informe presentado por el ingeniero de la Secretaría de Obras Públicas Sr Eduardo Mantollieu quien corrobora el hecho de que la carencia de mediciones fidedignas contribuye a la duda sobre su intensidad, pero plantea:

“(…) la intensidad del sismo cabe pensar que pueda fijarse entre los grados VI y VII de la Escala Sísmica de Sieberg [categoría que lo define como un sismo entre fuerte y muy fuerte], pues aún cuando la aceleración calculada en algunos objetos, es de tal naturaleza que parece indicar una mayor intensidad, no nos sentimos inclinados a considerarla como probable, en vista de la falta de datos técnicos para su adecuado cálculo y aplicación.”

Hasta el 3 de abril de 1932, fecha de cierre de la edición del libro al cual he hecho mención en esta entrada, se habían registrado un total de 49 sismos de diferentes intensidades, que mantuvieron a la población santiaguera en vilo, hasta llegar la centena de eventos registrados durante ese año. Todavía, el 27 de marzo de ese año, un nuevo sismo de mediana intensidad hizo creer que se trataba de un otro terremoto y que nuevas desgracias acontecerían para los habitantes de esta ciudad. Pero apenas fue el susto. El terremoto del 3 de febrero de 1932, ya quedaba para siempre, registrado en la memoria viva de Santiago de Cuba

Casa de la calle 6 entre 15 y 17 Vista Alegre

El Hotel Venus del Parque de Céspedes. Como consecuencia de los daños recibidos tuvo que ser derribado.

 

¿La más fortificada de Cuba? (+Fotos)

Durante la colonia, Santiago de Cuba llegó a ser, quizás, la ciudad más fortificada del país; lo cual no resultó ser paranoia de los gobernadores de la isla, sino consecuencia directa del constante asedio a que fuera sometida por parte de corsarios y piratas en un inicio, y luego, resultado de las medidas defensiva de los colonialistas ante el empuje de los independentistas cubanos. Aún hoy la ciudad guarda en sus límites (y un poco más allá), varios exponentes de tales instalaciones que, en su momento, llegaron a sobrepasar el medio centenar. Entre los más reconocidos está el Castillo de San Pedro de la Roca, o sencillamente Castillo del Morro (declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997), justo a la entrada de la bahía santiaguera; testigo de más de una batalla naval; incluida la famosa Batalla Naval de Santiago, durante la guerra Hispano-Cubana-Norteamericana en 1898, en la cual fue exterminada la flota al mando del Vicealmirante español, Pascual Cervera.

 

El Castillo del Morro fue testigo de varias batallas navales en la bahía santiaguera

Los primeros elementos defensivos con que contó la naciente villa santiaguera fueron el llamado Fuerte de Velásquez (en la actualidad denominado por el más romántico nombre de Balcón de Velásquez); la propia Casa de los Gobernadores Generales, la aún llamada Casa de Diego Velásquez, la cual contaba en su arquitectura con elementos que la convertían en una casa fortificada; y el Fuerte de Fernando de Soto. Sin embargo, las continuas incursiones de piratas en la ciudad, con su terrible secuela de muerte y saqueo, demostraron que estas construcciones no eran suficientes para brindar protección a los habitantes de Santiago; y llevó a la construcción a la entrada de la bahía de un reducido cuadrilátero abalaustrado, con guarnición de 30 hombres y alguna artillería, el cual se terminó en 1643. Este fue el primer prototipo del actual Castillo del Morro A pesar de esto, más de seis décadas se necesitaron para que la colonia se percatara de las verdaderas necesidades defensivas de la ciudad.

Los enfrentamientos militares entre España e Inglaterra, que llevaron a la Toma de la Habana por los ingleses en 1762, así como las incursiones inglesas en Santiago de Cuba, con el objetivo de tomar la ciudad; despertaron en la Metrópolis el temor ante la posibilidad de perder el control de la isla, y prestaron más atención a los reclamos del gobernador Pedro Bayona Villanueva quien había elaborado un plan de fortificaciones para la ciudad, el cual no había sido aprobado por España. De esta forma, Bayona Villanueva recibió el visto bueno a sus planes y, provisto de dinero, órdenes y autoridad, se dio a la tarea de perfeccionar el sistema defensivo de las costas santiagueras. El Castillo del Morro fue ampliado y mejorado, además de proveérsele de 30 cañones y 200 hombres de guarnición; además se levantaron las baterías de La Estrella, La Punta y Santa Catalina, todas en el interior de la bahía.

Con los años, el litoral de Santiago de Cuba siguió fortaleciendo su sistema defensivo mediante la construcción de nuevas instalaciones. Aún hoy impresiona la distribución de las mismas alrededor de toda la bahía. Al este de la entrada a la rada santiaguera además del ya mencionado Castillo del Morro, se ubicaron las baterías de Aguadores, Sardinero, Siboney y Juraguá (grande y chico); mientras que al oeste de la misma, servían de defensa las baterías de Cabaña, Someruelos, y Guaycabón (Bueycabón) grande y chico. Además existían otros importantes centros defensivos en Punta Gorda, Punta Blanca, Cayo Duan, Buenavista, Cayo Smith (hoy Cayo Granma) y el polvorín de Cayo Ratones.

 

Vista del fuerte de Aguadores

En la ciudad se fueron sumando a su vez, otras instalaciones con carácter defensivo, las cuales vinieron a redondear esa apariencia fortificada de la urbe. Entre estas fortificaciones citadinas se encontraban los de San Francisco, el de Concha y Reina Mercedes; así como una amplia red de fortines con los cuales se rodeó casi todo el perímetro de la ciudad. El primero de estos fortines fue el de Yarayó (nombrado así por el río de igual nombre), erigido en 1814, y que aún hoy se conserva en todo su esplendor. La mayoría de estos fortines eran construidos de mampostería, techo de madera y tejas criollas, o combinación de mampuestos y cinc.

 

Dos vistas del fortín de Yarayó. A la izquierda, su imagen actual.

En un artículo del periódico Sierra Maestra de noviembre de 1990, se hacía una enumeración de los fortines existentes en la ciudad, comenzando por los que se ubicaban en o cercano a la actual avenida Martí. Entre ellos se encontraban el fuerte de San Antonio (en el actual Consejo Popular Los Olmos), el de Cuabitas (en la intersección de la actual avenida del mismo nombre con la de Martí), el de Santa Inés (según se asegura, este radicaba en la intersección de la mencionada avenida Martí con la calle tercera de Sorribes), el de Cuartelillo (se dice que este era un fuerte grande de mampostería, situado en los alrededores del espacio que hoy ocupa el edificio de 18 plantas en la intersección de las avenidas Martí y de los Libertadores); además de los de Espanta Sueño y el de Canosa este último ubicado en la zona que hoy comprende Ferreiro.

En otras áreas de la ciudad también abundaban este tipo de instalaciones. Así se enumera el fuerte de Pedrera (ubicado aproximadamente a la altura de las calles Escario y Pedrera), el de Santa Úrsula ( el mismo era considerado uno de los mejores, más grandes y bien situados), el de la Cañada (este constituida la avanzada del Fuerte de Santa Úrsula, sobre el camino de las Lagunas), el de la Beneficiencia (ubicado en la avenida Trocha), el fuerte Último (denominación dada por ser el de más tardía construcción por parte de los españoles en 1898; el mismo se encontraba ubicado en la avenida 12 de agosto), fuerte Nuevo (que se ubicada detrás del actual Hospital Infantil Sur), el del Horno y finalmente el fuerte Gasómetro, situado en las proximidades de la antigua planta de gas.

Hacia las afueras de la ciudad también se extendieron estas construcciones. En el actual Reparto Vista Alegre se ubicaba el fuerte de Arroyo Hondo; mientras que en la ruta hacia el poblado de El Cobre sobresalían los de San José de Paradas, San Miguel de Paradas, el de la Loma de la Cruz y el de Dos Caminos del Cobre. Otros de trascendencia, sobre todo en la última etapa de las guerras de independencia contra el dominio español, fueron los de El Viso, el Escandel y San Juan.

A todas estas instalaciones defensivas se unía también la llamada Torre de las Palomas, un edificio ochavado de dos plantas, el cual se ubicaba en la antigua “Normal”. Desde esta construcción se usaban palomas mensajeras y más tarde el heliógrafo como vía de facilitar la comunicación del ejército español.

Muchas de estas construcciones han desaparecido totalmente, quedando relegadas al olvido de los archivos históricos. Otras, por suerte, fueron rescatadas y reconstruidas, quedan como recordatorio de una etapa de la historia santiaguera durante la cual, la ciudad pudo haber ganado el dudoso honor de ser considerada, la urbe más fortificada de la isla.

 

Vista de las instalaciones del Viso y sus alrededores en 1898

Fuentes:

  1. Periódico Sierra Maestra, noviembre de 1990
  2. Artículos “Historia de Santiago de Cuba” del Lic Luis Acosta Brehal aparecidos en: http://vetasdigital.blogspot.com/2007/01/historia-de-santiago-de-cuba-iii-lic.html, http://historiadesantiagocuba.blogspot.com/)

p.d: Les regalo nuevas fotos históricas del sistema de fortificaciones de Santiago de Cuba, a las cuales pude acceder mucho después de escrita la entrada.

Fuerte de Yarayó en Calzada de Crombet. Foto tomada en 1910

Fuerte el Horno

Fuerte de El sardinero

Fuerte Palomar, desde donde se establecía el sistema de comunicaciones del Ejército Español.

Fuerte de la Estrella, a la entrada de la bahía santiaguera

 

 

 

 

 

De corsarios y piratas…

La imponente presencia del Castillo del Morro a la entrada de la bahía santiaguera, ha quedado como la más evidente huella de la necesidad defensiva de la ciudad de Santiago de Cuba ante los ataques de corsarios y piratas; bandidos del mar que, durante gran parte de los primeros siglos de vida de la séptima villa, hicieron del Mar Caribe su centro de operaciones y de Santiago, uno de los blancos reiterados de sus ataques y saqueos.

Tantos y tan crueles fueron los ataques de piratas a la ciudad que, hasta bien adentrado el siglo XVII, gran parte de la población santiaguera de la época vivía más tiempo en otras villas (como Bayamo), que el propio Santiago, por miedo a las incursiones de la bandera de la calavera.

Entre los piratas que atacaron y saquearon la ciudad se recuerdan a Jean François de la Roque; François Leclerc, más conocido como Pata de Palo; Jacques de Sore (supuestamente en la misma incursión de Leclerc); Henry Morgan, quien participó en el ataque a Santiago de 1662 por el filibustero Christopher Mings; Cornelio C. Jo; y el holandés Laurens de Graff

También la piratería oficializada bajo patente de corso, hizo de Santiago y sus costas el centro de su atención. Según Rolando Carrillo en su artículo “Héroes y piratas en la bahía de Santiago de Cuba”, el primer asalto pirata a la bahía santiaguera tuvo lugar en 1538, y se caracterizó por ribetes curiosos. Se trató, precisamente, de una embarcación corsaria de bandera francesa que penetró en la bahía de Santiago con la intención de atacar y tomar la ciudad, pero se encontró fondeado en la bahía la carabela “La Magdalena”, capitaneada por un sevillano.

Desde el Castillo del Morro se pudo ser testigo de muchas de las incursiones de corsarios y piratas en Santiago de Cuba

De inmediato se entabló combate, el cual, como es de suponer, se caracterizó por un cruento enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Sin embargo, ambos capitanes convinieron no combatir por las noches y realizar breves períodos de descanso “para tragar bizcochos, beber vino y restañar heridas”.

Luego de cuatro días de combates, al amanecer del quinto, el sevillano se percata que la nave francesa se había retirado, otorgando de esta forma la victoria al español.

Entre 1635 y 1636, la ciudad fue atacada dos veces, lo que constituyó el detonante para comenzar con las obras de fortificación de la ciudad, que vio terminar en 1643 un reducido cuadrilátero abalaustrado que recibió el nombre de Castillo del Morro de San Pedro de la Roca.

Pero Santiago no fue una víctima pasiva de corsarios y piratas. Como resultado de las depredaciones sufridas por la ciudad a manos de estos personajes, las autoridades santiagueras decidieron utilizar en beneficio propio una de las formas y modelos de estos bandidos: los corsarios. Varios de los gobernadores de Santiago autorizaron a grupos dispuestos a salir mar afuera a combatir cuanto barco apareciera en el horizonte y regresar con el botín.

Estos corsarios santiagueros, sin embargo, también jugaron gloriosas páginas en la defensa de la ciudad.

En 1704, durante el gobierno de Don Juan Barón de Chávez, en Santiago se tuvo noticias de que la armada inglesa se alistaba en las islas Providencia y Siguatey, para atacar y tomar Santiago de Cuba. Barón de Chávez reunió 150 hombres, la mayoría pertenecientes a una base de corsarios santiagueros, y partió hacia estas islas. Allí sorprendió a las fuerzas inglesas. Pasó por cuchillo a más de 100 personas e hizo prisioneras a otros tantos. En total ocupó 22 cañones, 15 embarcaciones y una cantidad importante de armas y parque. Luego regresó victorioso a Santiago. Por esta acción, el rey Felipe V, quien se encontraba en guerra con Inglaterra, concedió a la ciudad, en 1712, el título y escudo de “Muy Noble y Muy Leal”.

Igual papel preponderante jugaron los corsarios santiagueros durante la Batalla de Santiago en 1741, contra las fuerzas inglesas bajo el mando de Vernon y Wentworth, a las cuales mantuvieron en constante asedio, donde destacaron Vicente López, Francisco Veránes, Bartolomé Valladón, Pedro Acosta, Luis Pavón y Joseph González.

Además de los mencionados arriba, otros de los corsarios santiagueros que permanecen en el recuerdo de los historiadores son Don Francisco García Garán, el cual obtuvo su patente de corso de manos del Gobernador Don Francisco Guerra de la Vega; Juan Cruz y Joaquín Soriano Prado, todos ellos durante el siglo XVII. A mediados del siglo XVIII Melchor Barrera; a finales de ese siglo Manuel Gaínza hizo de las suyas, mientras Juan Jober realizó sus hazañas hasta principios del siglo XIX.

Precisamente de uno de ellos, Manuel Gaínza, nos narra Carrillo en su artículo antes mencionado, el triste final que tuvo a manos de los ingleses en 1797.

Gainza y sus hombres armaron una goleta con 6 piezas de artillería y una colisa (cañón montado sobre una cureña giratoria), y salieron mar afuera, frente a la bahía santiaguera, a enfrentarse a un bergantín inglés que contaba con 18 piezas de artillería.

Pasada apenas una hora de combate, la goleta estaba destruida y sus tripulantes la habían abandonado luego de arriar bandera. Sólo Gainza permaneció en su puesto e izó nuevamente el pabellón español.

Para capturarlo, los ingleses tuvieron que enviar dos botes a rodear la goleta, y ya en cubierta, el corsario les ocasionó numerosas bajas disparando una y otra vez contra ellos antes de ser enlazado por la espalda y tirado al maderamen de la cubierta. En esta posición le destrozaron la cabeza de un hachazo.

En la actualidad, el Castillo del Morro San Pedro de la Roca, Patrimonio de la Humanidad, y protagonista de varios de los combates contra corsarios y piratas a la entrada de la bahía de Santiago, guarda entre sus paredes el Museo de la Piratería, como recordatorio fiel de la actividad de estos personajes en los mares del Caribe.

 

Fuentes utilizadas:

  1. Héroes y piratas en la bahía de Santiago de Cuba. Rolando Carillo. Sierra Maestra, 10 de junio de 1984.
  2. Sierra Maestra, septiembre de 1990
  3. Artículos “Historia de Santiago de Cuba” del Lic Luis Acosta Brehal aparecidos en: http://vetasdigital.blogspot.com/2007/01/historia-de-santiago-de-cuba-iii-lic.html, http://historiadesantiagocuba.blogspot.com/)
  4. Los Tesoros de Sabaneque Piratas (Biografías); http://saguatesoros.tripod.com/piratas.html
  5. http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:e3lk1p-lNWEJ:www.trabajadores.cu/secciones/cuba/cuba_por_dentro/museo-de-la-pirateria+Museo+de+la+pirater%C3%ADa+%22Santiago+de+Cuba%22&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=cu&client=firefox-a

 

 

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