Santiago en mí

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Bertha la Pregonera: La vida en un pregón

Al principio fueron el sueño y la imaginación fértil los que le sirvieron como único escape de la pobreza a aquella negrita, gordita y graciosa, que desde pequeña admiraba el vocerío de aquellos pregoneros que con sus mil mercancías poblaban la plaza Dolores.

«El pregón a mí me gusta creo que desde que nací. Mi tía, con quien viví hasta los 13 años, me mandaba a comprar el carbón. Yo cogía la lata, se la dejaba a Juan el carbonero en el Callejón de Gata, y me iba corriendo hasta la plaza Dolores a mirar cómo los vendedores pregonaban».

Hoy es la consumación del anhelo. Cual reina en su trono, desde la esquina de la Plaza de Marte, que es su lugarcito; recorriendo Enramadas, Aguilera o el Parque Céspedes, conquistó el corazón de la ciudad con su gran cesta de cosas a la cabeza, sus botellas de un preparado con nombre sonoro: Parapipigalonea, hecho con raíces, cáscaras y hojas de plantas que —insiste— «limpia todo», y el verso ágil y hasta picante a flor de labios.

Ríe alto y con ganas, y lo mismo con la frase enérgica, que con la jarana o la anécdota, defiende la tradición y los valores de un entorno del que es síntesis.

«Pregono desde hace más de 20 años. Nunca me ha gustado que nadie me mantenga; el trabajo no mata a nadie. Yo trabajé casi 50 años en círculos infantiles y he caminado todos los montes cercanos: trillé café, estuve en la caña y la construcción, sembré árboles en los alrededores de la ciudad, sembré café caturra en Campo Rico, Tercer Frente; estuve en Naranjo Agrio recogiendo café. Y luego cogí mi canasta y salí a la calle».

Desde entonces Bertha Lidia Hechavarría Heredia, para Santiago Bertha la Pregonera, cubre todos los días la distancia entre el poblado de El Caney y el centro de la urbe, entonando su auténtico pregón.

«El pregón es ahora una tradición porque la gente dejó de entonarlo. En las cosas hay que hacer hincapié. Si yo no hubiera sido así, hoy no sería pregonera».

—Hoy mucha gente pregona…

—No, la gente no pregona; la gente dice cosas. Muchos repiten lo mismo. El verdadero pregón tiene su significado. El pregón hay que cantarlo y el verso debe decir para qué sirve lo que tú vendes. El pregón es para que aquella persona que no puede salir de su casa compre en su puerta o en la esquina».

Siempre ataviada con batones de vivos colores, vuelos y bieses; con pulsos y collares sonantes y el turbante bajo la cesta, Bertha enarbola un arsenal de lecciones de vida que limpian el alma de la ciudad y parecen detenerla en el tiempo.

«Soy una persona a la que no le gusta la mentira: la verdad por sobre todas las cosas. Tú no te puedes poner a engañar a las personas, porque quedarás como alguien que no tiene palabra.

«Yo me crié con rectitud y no me gusta la gente culebreando. Uno tiene que darse a querer por todo el mundo, y hacer el bien; porque tú no sabes en la vida quién te va a dar la mano».

«He pasado mucho y he luchado mucho. Al triunfo de la Revolución estaba en La Habana buscando trabajo y me sumé a las tareas; cuando la Campaña de Alfabetización, cuidé en mi casa a seis muchachitas… y otras cosas que nunca digo, porque no me gusta alardear de lo que era entonces un deber hacer».

De su abuelo mambí, Basilio Heredia; de su abuela, que hablaba el francés y el «patuá», y de su madre, aprendió Bertha a extraer medicinas de las plantas. «Mi mamá me llevaba a arrancar las raíces y me decía: recoge tantos palos, tantas hojas, tantas cáscaras… Así, siempre mirando, siempre cerca de ella, aprendí a juntarlas».

—Como premio a su constancia en la defensa de nuestra cultura, la Casa del Caribe le entregó su Premio Internacional la Mpaka. ¿Es este el reconocimiento que esperaba Bertha de su tierra?

—El que bien hace, bien espera. Yo siempre dije: si la naturaleza cree que yo me merezco algo, llegará. Y esperé. Ese premio es para mí una cosa sagrada y muy sentida. La gente que lo creó es sana y de buen corazón, y cualquier cosa que se haga con idea del bien, no hay mal que entre. Lo que importa es el corazón limpio, el buen pensamiento.

Luego alza su cesta y con la mejor de sus sonrisas, parte. En pos de una ciudad que, como su propia vida, es más suya en cada pregón.

 

 

Tomado de La vida en un pregón – Cultura – Juventud Rebelde – Diario de la juventud cubana.

Fiesta de pregones en Santiago de Cuba

Las más céntricas arterias de esta oriental ciudad se convertirán este 15 de julio en escenario del verso creativo para la promoción de mercancías, que es también patrimonio santiaguero, durante la celebración del Festival del Pregón.

La atractiva propuesta parte de las opciones que se han preparado por acá para el disfrute de este intenso verano y congregará a los más reconocidos pregoneros de la cabecera provincial, quienes con cestas y carretones cargados con los más disímiles productos, harán derroche de la gracia de estilos diversos a lo largo de la Avenida Victoriano Garzón y por toda la ciudad, desde la mañana de este viernes.

Ahí estarán personajes entrañables para Santiago como Bertha La Pregonera y muchos otros, dispuestos a divertir a grandes y chicos, y de paso rendir tributo desde las esencias a una ciudad que el próximo 25 de julio cumplirá 496 años.

Tomado de Juventud Rebelde: Fiesta de pregones en Santiago de Cuba – Cuba – Juventud Rebelde – Diario de la juventud cubana.

Un mismo tema, otro punto de vista

Publicó el diario Granma, en el día de ayer, el siguiente artículo donde, casualmente, trata un tema del cual ya publiqué mi punto de vista en este blog. Como las opiniones son tan diversas como los gustos, transcribo deforma íntegra el artículo mencionado, de la autoría de Manuel Assef Blanco y que puede leer en su formato original en el siguiente vínculo http://www.granma.cubaweb.cu/2010/08/11/nacional/artic13.html

Retornan a Santiago de Cuba las frutas y los pregones

Las frutas, a las que una vez les cantaron músicos, vuelven progresivamente al consumo de la población santiaguera, a partir de una fuerte estrategia de cultivo y acopio.

Las cifras refieren que en lo que va de año se han recolectado en el territorio más de 967 toneladas de mamey, 726 de piña, 387 de frutabomba, 326 de melón y 112 de guanábana, entre otros, cifras que hace apenas un año eran prácticamente inalcanzables.

A estas se suman las más de 10 mil toneladas de mango de diferentes clases ya procesadas industrialmente o consumidas por la población y organismos, con las miras puestas en sobrepasar las 13 mil del plan de esta cosecha que debe cerrar en septiembre.

Ya inició, además, la recolección de la guayaba, a la que se sumará en el último cuatrimestre especies como las anonáceas, el tamarindo y el anoncillo.

Es un programa instrumentado por los organismos políticos, de gobierno, la agricultura, campesinos y otros productores, que persigue rescatar renglones típicos del sector agrícola santiaguero, y que por distintas razones prácticamente desaparecieron del mercado y la industria.

Según José Luis Borges, jefe de Acopio en el territorio, el destino principal de estas frutas es la industria, sobre todo la extracción de pulpa para elaborar helados, compotas y mermeladas, aunque también es un fuerte objetivo el incremento del consumo de frutas en su forma natural.

Un gran incentivo constituye la apertura de mercados donde se pueden adquirir a precios módicos estos renglones, además de nuevas iniciativas y gestiones en el acopio y transportación.

En las calles de la ciudad santiaguera, la segunda en importancia del país con unos 500 mil habitantes se pueden apreciar cientos de carretillas y bicicletas donde los pregoneros ofrecen su mercancía al más puro estilo de la tradición.

Asimismo, a lo largo de la autopista y varias carreteras de la provincia decenas de puestos de venta de cooperativas y agricultores privados rebosan de frutas, entre otros productos del agro.

Borges señaló que uno de los propósitos esenciales del acopio es mantener todo el año la oferta de helados naturales, que al mismo tiempo de sustituir componentes como la leche y aditivos de importación, también garanticen la seguridad de la presencia de ese apetecido producto en unidades como las cremerías.

Pregones

Cada mañana mi barrio despierta con los simpáticos versos de uno de los tantos revendedores de los panes de corteza dura bautizados por el verbo popular como “pan especial”:

El buen pan/ tostadito, calentito, fresco/ sabroso, rico, exquisito/

Con sabor a mantequilla/ con sabor a mostaza/

De buena harina y en la puerta de su casa.

Desconozco el nombre del vendedor. Incluso, para referirse a él, muchos lo llaman “con sabor a mantequilla”. Por otra parte, es innegable la gracia de su pregón, tanto que a veces resulta una alevosía comprar un pan antes que culmine el último de los versos. Hay incluso quien espera tenerlo cerca y con una sonrisa amplia, sincera, feliz, completa el canto (…y en la puerta de su casa) cómo invención propia a medida que extiende los 5 pesos a los que asciende el mercado de segunda mano del pan especial, quedando en este caso, en ocasiones, la satisfacción de pagar por la ingeniosidad del vendedor.

No abundan en Santiago, sin embargo, muchos cultivadores del verso inteligente y rítmico de los pregones, aun cuando la ciudad se enorgullezca del desandar pausado de Bertha “la pregonera”, una de las defensoras a ultranza del arte del pregón. Ella misma ha dicho “No, la gente no pregona, la gente dice cosas, sin ninguna originalidad. Todos repiten lo mismo”.

Razón no le falta a Bertha. De un tiempo a esta parte, y como con muchas otras cosas que han sucedido, para bien de la ciudad, con la llegada del nuevo secretario del PCC en la provincia, Lázaro Expósito, se trató de recuperar la tradición del pregón al habilitar una serie de carretas tiradas por caballos que ahora deambulan por Santiago trayendo a los habitantes de la urbe las sabrosas frutas del Caney. Ese proyecto recibió el nombre de Rescate del Pregón, pero, lamentablemente, no bastó el nombre para lograr el objetivo. Más allá de las quejas por los precios de los productos que ofertan, o de que todas cargan con la misma mercancía, deseando muchos que culmine la época de mango para ver si las carretas cambian sus colores de un amarillo ya extenuante, lo cierto es que prácticamente ninguno de los que guían sus bestias por las estrechas calles santiagueras  se esfuerza por pregonar sus productos y se conforman con la seca mención de la mercancía. Apenas unos días atrás descubrí, quizás, al único de estos nuevos “carretoneros oficiales” que desgarraba la tarde en una de las calles cercanas a mi centro laboral, con los sonoros y simpáticos (como deberían ser todos los pregones) versos de un pregón.

Alguna que otra vez he escuchado que la Necesidad ha acabado con los pregones. Para mi una cosa no tiene por qué estar reñida con la otra, todo lo contrario. De pequeño siempre recuerdo varias ocasiones en que la gracia de un vendedor al promocionar su mercancía, pudo más que cualquier otra razón para impulsar a mi madre a comprar determinado producto. Crecí convencido de esto y en más de una oportunidad ha sido lo que me ha llevado a inclinar la balanza en mi indecisión por comprar algo.

Claro, tener gracia para vender no necesariamente incluya el pregonar. Hay quienes con sólo un monosílabo o una simple exclamación, se hacen imprescindibles en las tardes santiagueras. Así venden por nuestros barrios aquel del pan especial en bicicleta cuyo “Eh-eh!” lo delata con varias cuadras de antelación; o ese vendedor de maní tostado que sin tener que entonar “El manisero” de Moisés Simons, le basta con un sencillo “Di tú!” para hacerse de un sello personal; o aquel simpático, aunque a veces irritante, vendedor de escobas y “brilladores” artesanales que sorprende en medio del silencio bullicioso de una tarde en Enramadas, y sin previo aviso grita a todo pulmón “¡Eeeeee’cobaaaaaaaaa, briiiiiiilladoreeeeeeeeeeee!” sobresaltando a más de uno que luego se alegra de no padecer del corazón.

No obstante, queda el sabor agridulce de la nostalgia. La envidia sana de vivir lo que nuestros abuelos vivieron en una época donde el pregón adornaba cada esquina de la ciudad. Bertha “la pregonera” ha dicho que “el pregón es ahora una tradición porque la gente dejó de ser quien tenía que ser”. Es hora de que el pregón deje de ser una tradición para convertirse, definitivamente, en una realidad de la vida en Santiago.

Rita Montaner, la voz que dio fama a "El manisero" de Simons

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