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(en fotos) Peña Letras Compartidas de Reinaldo Cedeño: invitada Teresa Melo

Peña Letras Compartidas del mes de septiembre tuvo como invitada a la poeta teresa Melo

En la recta final hacia su primer aniversario, la peña artística y literaria Letras Compartidas tuvo en su tertulia de este viernes 21 de septiembre como invitada la poeta santiaguera Teresa Melo Rodríguez.

La poeta, nacida en Santiago de Cuba en 1961, es también editora y graduada de Filosofía en la Universidad de La Habana; miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y fue directora-editora de la Revista Cúpulas del Instituto Superior de Arte (ISA).

Es también miembro del Consejo de redacción de la Revista SiC, de la Editorial Oriente, en Santiago de Cuba, y del Consejo Editorial de El Caimán Barbudo y de La Jiribilla. Actualmente es Directora y Editora de Ediciones Santiago.

Melo ha sido jurado en numerosos premios, entre los que se encuentran: Loynaz, Revista Revolución y Cultura, Premio de la Ciudad de Santiago, Siete primeras villas, Botti, Premio de La Gaceta de Cuba, Premio Bienal de Literatura, Premio José María Heredia, Premio El Caimán Barbudo, Premio Nacional Nicolás Guillén.

Teresa recibió la Distinción por la Cultura Nacional en el 2002, la Placa de Reconocimiento José María Heredia en 2003, y el Sello XX Aniversario de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de la cual es Miembro de Honor. Obtuvo una beca de la UNESCO para el estudio de la poesía escrita por mujeres desde 1959 a la fecha.

De la creación de Melo Rodríguez son los poemarios: Libro de Estefanía (Ediciones Caserón, 1990), El vino del error (Ediciones Unión, 1998), Premio de la Crítica 1999; Yo no quería ser reina (Ediciones Santiago, 2001), El mundo de Daniela, poesía para niños (Centro de Ediciones de Málaga, España, 2002; Ediciones Cauce, 2006); Las altas horas (Ed. Letras Cubanas, 2003), Premio Nacional Nicolás Guillén 2003 y Premio de la Crítica 2004. También ha publicado las plaquettes: Los poemas de Estefanía (Ediciones Vigía, Matanzas, 1988); El tiempo sólo engaña a los suicidas (Ediciones Hoguera Roja, AHS, Santiago de Cuba, 1989); Respirar en la oscuridad (Eds Vigía, 2005).

Es también antologadora de las siguientes selecciones de poesía: “Mujer adentro”, Editorial Oriente, 1999; “Incesante rumor”, Islas Canarias, 2002; “Soy el amor, soy el verso. Selección de poesía de amor en lengua española”, Editorial Oriente, 2004; “Silvio: te debo esta canción”, Ediciones Santiago, 2005; “Para cantarle a una ciudad. Poemas a Santiago de Cuba”, Ediciones Santiago, 2005; “Estos otros argumentos. Poesía de Nancy Morejón”, Ediciones Santiago, 2005; “Algunas fatigas y fulgores. Poesía de Farruco Sesto”, Ediciones Santiago, 2006.

La obra de Teresa Melo ha sido publicada, además, en numerosas antologías poéticas en el ámbito internacional y en diversos idiomas, en publicaciones seriadas y revistas en internet.

La invitada de “Letras Compartidas”, Melo Rodríguez, ha obtenido premios y menciones como Premio Jacques Roumain 1987 (Casa del Caribe, Santiago de Cuba), Mención Julián del Casal 1987 (La Habana, UNEAC), Premio Día de la Cultura Cubana 1987, Mención David 1988 (La Habana, UNEAC), Premio de la Crítica 1999 por “El vino del error”, Premio-Beca Dador 2000 del Instituto Cubano del Libro, por el proyecto de poesía “Las altas horas”; Premio Nacional Nicolás Guillén 2003 y Premio de la Crítica 2004, con el libro “Las altas horas”, Premio Integral La Rosa Blanca de la UNEAC 2004.

El espacio Letras Compartidas es conducido por el laureado periodista y escritor Reinaldo Cedeño Pineda, quien para esta ocasión presentaró, además, a otra fémina, ejemplo de periodista: Carmen Bonne, de la emisora santiaguera Radio Mambí.

Homenaje a Carmen Bonne, periodista de CMKW Radio Mambí

Para el segmento artístico musical estuvo  la trovadora Cheli Romero, con la guitarra de Marcos Cobas.

La Peña Letras Compartidas está apunto de cumplir su primer aniversario, ocasión en que se organizará una velada especial, en la que el programa incluye la asistencia de quienes a lo largo del período han sido figuras invitadas al encuentro literario y artístico.

Con información del Sierra Maestra

Santiago de Cuba y su monumentalidad (IV)

Palacio Municipal de Santiago de Cuba 1955Quizás los santiagueros no lo hayamos descubierto aún, pero este lugar es, realmente, el recinto más espectacular de nuestra añeja ciudad: una revelación de grandes y significativas obras, por valor propio, integradas, a la vez, a los sentimientos y quehaceres de un mundo de gente, que se muestra a cuantos vienen y van por las cuatro vías por las que se pueden acceder a ella. (I, II y III)

Vieja, querida y coqueta –cuya faz ha renovado muchas veces-, y a la que todavía cortejan esbeltos, vetustos y eternos pretendientes, la Plaza de Arma de Santiago de Cuba, o el parque Céspedes, como todos acá le llamamos, constituye, sin lugar a duda, uno de los conjuntos monumentales más atractivos y, absolutamente, en el que más interactúan propios y foráneos; sede de incontables citas de múltiples amores, de peñas fervorosas sobre los temas más polémicos, en la que, las más de las ocasiones, el amor propio lleva ventaja a la razón; bancadas de relatos hiperbólicos y de glorias ficticias, que ganan verosimilitud con la fuerza con que son contadas; áreas de recreos infantiles, añorado escenario, en fin, de varias generaciones, en cuya parte central, un original monumento, erigido en 1953, rinde tributo de recordación perenne a la gesta del 10 de octubre de 1868, al máximo héroe de aquella gesta y Padre de la Patria cubana, a Carlos Manuel de Céspedes.

Mirando al sur, sobre el escaque que marcan las calles Heredia, al frente; Lacret (San Pedro) y Félix Pena (Santo Tomás), por los laterales, y Bartolomé Masó (San Basilio), al fondo, se alza predominante, sobre un promontorio aplanado,la Santa Basílica Metropolitana, cercana ya a los 350 años en este propio sitio (anteriormente, desde 1522, en otros puntos de la ciudad), en la que resaltan no sólo sus altas torre-campanarios y su gran cúpula central, sus puertas enormes, el amplio y acogedor atrio, en forma de U, con su balaustrada de madera torneada, y sus bajos –también en U, en toda la extensión de la lonja, con sus activas entidades culturales y comerciales.

Su aspecto actual, de sobria expresión neoclásica, es obra del eminente arquitecto y urbanista santiaguero Carlos Segrera Fernández, a quien también debe el populoso centro de solaz, los dos edificios que copan todo el lado oriental del recinto citadino: el hotel Casa Granda -activo y con elevada demanda, por supuesto, a solo meses de su centenaria existencia- y la versión moderna del otrora Club San Carlos, hoy sala de conciertos Esteban Salas (altos) y galería de artes Oriente (bajos); obras de las que, por sus estilos y funciones, la ciudad siente especial orgullo; cual lo sintió por otra creación de Segrera: el anterior hotel Venus, abatido por el terremoto de 1932, en cuya área hoy se levanta el moderno edificio del BANDEC, antiguo Banco Nacional de Cuba.

Si de orgullo hablamos, contiguo a esa entidad financiera, abarcando entre ambos todo el segmento dela calle Félix Pena, desde Heredia a Aguilera, se muestra la edificación más antigua de América, con casi 500 años de existencia, lo que fuera la Casa delAdelantado Diego Velázquez, ahora Museo de Ambiente Colonial, rescate glorioso del profesor catalán –santiaguero por amor y condición- Francisco Prat Puig; autor principal –es oportuno decir- del proyecto que hace unos 60 años se materializó en el nuevo Ayuntamiento de Santiago de Cuba, único en su expresión, como síntesis evocadora de la modesta pero valiosa arquitectura colonial santiaguera, rival fraterno, en majestuosidad, de la catedral, a la que mira de frente.

Tomado de Sierra Maestra

La Monumentalidad en Santiago de Cuba (III)

Por Joel Mourlot Mercaderes

Parque Aguilera Santiago de Cuba,

Parque Aguilera Santiago de Cuba, al fondo la iglesia de Dolores

Aunque ha perdido buena parte de sus encantos originales –y ganado otros, ¿por qué no?-, la Plaza de Dolores es, hoy por hoy, uno de los complejos monumentales más impresionantes y emblemáticos de la ciudad de Santiago de Cuba. (Partes I y II)

Hay, en su bello y “retocado” escenario esa combinación –tan común en esta urbe caribeña- de edificios significativos y de esculturas notables, que hacen de este lugar, ciertamente, un punto atractivo y apreciable, para propios y extraños…

Faltan –es preciso advertir- en su remodelado segmento norte, las casonas distintivas que fueron moradas de los marqueses de la Candelaria de Yarayabo y de los condes de Santa Inés, en cuyas estructuras interiores, o en su solar, se erigen actualmente varios de los restaurantes más apreciados de la ciudad, a los que antecede -sobre una de las dos vías en que se divide la calle Aguilera-un amplio bulevar destinado al servicio turístico.

Frente, en la acera sur, conservando aún el viejo timbre de sus pasadas glorias, se alzan las edificaciones antiguas de lo que es ahora La Taberna Dolores (“El Bodegón”, para todos los santiagueros) y de lo que fue la imponente vivienda del prócer bayamés Francisco Vicente Aguilera, que, con sus recios e invitadores balconajes, se muestran victoriosas sobre algunos edificios de épocas recientes, nunca tan bellos como esas huellas airosas de los siglos XVIII y XIX; émulas, en fin, de la vetusta iglesia de Nuestra Señora de los Dolores (hoy sala de conciertos “Dolores”), que pese a sus casi 300 años de existencia, conserva casi exacta su imagen externa, sobresaliente en extremo cuando los primeros rayos de sol irradian sobre la ciudad, y no obstante la gigante figura del ya centenario Colegio de Dolores (hoy preuniversitario Rafael María de Mendive), que, contiguo al templo, parece su efectivo guardián.

Cubren la línea del ocaso solar en la plaza, la antigua casa de Antonia Santa Cruz Pacheco, la rica abuela de los Portuondo Tamayo (actualmente restaurante Matamoros); un exponente biplanta de los primeras décadas republicanas y lo que fuera la distinguida tienda de ropas exclusivas “Clubman”, que se desparrama hacia la calle Enramadas.

Sin embargo de todos estos atractivos, lo verdaderamente culminante en la plaza es el conjunto monumental en homenaje al insigne patriota bayamés Francisco Vicente Aguilera Tamayo, que centraliza el oblongo parque, harto de sombra de los árboles y de bancadas, destinadas al solaz de los transeúntes y visitantes.

Allí, en efecto, se levanta la gran base forrada de mármol e incrustada por leyendas en bronce, que resumen del pensamiento y de los datos de natalidad y muerte del Héroe, a todo lo cual se anticipa una imagen femenina con algunos atributos que invocan la patria. Y sobre aquel alegórico y estirado pilar de unos 7 o más metros de altura, a cuerpo entero, invocando más las ideas que la la acción, la figura egregia de aquel que fuera uno de los pioneros del separatismo cubano, a mediados del siglo XIX; líder principal de la conspiración que desembocó en la primera guerra cubana por la independencia de España en 1868; el virtuoso revolucionario que supo supeditar sus propios y legítimos intereses a los de la patria –incluido el de liderar la revolución-; el jefe militar de los primeros años dela Guerra Grande, el vicepresidente dela primera Repúblicade Cuba en Armas, y el misionero de esta que fue a la emigración como unificador de las corrientes que allá se opugnaban, y como mendicante patriótico, para allegar recursos a la revolución, cuyo fin no vio, al rendirse a la muerte, el 22 de febrero de 1877, víctima de un cáncer en la garganta.

Le lloraron todos los cubanos dignos, los gobernativos de los Estados Unidos que tuvieron tratos diversos con él, los negros norteamericanos y cubanos, que tuvieron siempre en Aguilera un defensor desinteresado, y cuantos le conocieron en Cuba, Norteamérica y Europa, que lo supieron aquilatar siempre como un hombre cabal, producto que Cuba brinda a la ejemplaridad universal.

Tomado de Sierra Maestra

Santiago de Cuba y su monumentalidad (II)

Por Joel Mourlot Marcaderes

El advenimiento de la era republicana trajo consigo un justo y loable afán de rendir tributo perenne al hecho y a los próceres cubanos más emblemáticos para la ciudad; en especial, a la libertad y a quienes más se distinguieron en la derrota del colonialismo y la edificación de la nueva Cuba. Santiago de Cuba y su monumentalidad (I)

COMPLEJO MONUMENTARIO PLAZA DE LA LIBERTAD

Parque de la Libertad Santiago de CubaEl primer esfuerzo en tal sentido, la primera obra monumental de homenaje fue, por supuesto, para la libertad, en lo que hasta entonces fue el campo de Marte de Santiago de Cuba; o sea, el lugar que -desde los tiempos de la primera guerra separatista- escogieron las autoridades para entrenar, realizar maniobras y celebrar paradas militares, en la planicie de las colinas más alta de la urbe, inmediata al antiguo campo santo y a la ermita de Santa Ana y al arzobispado, en el camino del “Paraíso”…

Al celebrarse la creación de la República , el 20 de mayo de 1902, en el espacio central de la acondicionada plaza santiaguera, allí donde estuvo una suprimida fuente de agua, se erigió, escoltada por varios cañones de guerra, una gran columna cilíndrica, de unos20 metrosde altura y gran espesor –justo: la Columna de la Libertad-, coronada con un gorro como el que usaron los frigios: emblema de la libertad desde que los revolucionarios franceses empezaron a usarlos, en 1793.

El recinto, bautizado a partir de ese momento como Parque de la Libertad , tuvo en lo sucesivo varias y notables adiciones, como fueron, en 1916, la instalación de sendas estatuas, con bases revestidas de mármol, rematadas por las figuras, también de mármol -perfectos retratos y adecuadas expresiones-, obras del célebre italiano Ugo Luisi, y dedicadas a los héroes santiagueros por la independencia de Cuba: general de división Francisco Sánchez Hechavarría, quien fuera gobernador de Oriente, y muerto durante el ejercicio de su cargo, el 17 de noviembre de 1902, y al general de brigada doctor Joaquín Castillo Duany, legendario expedicionario al Polo Norte, no menos legendario jefe de Sanidad Militar dela Columna Invasoradel general Antonio Maceo Grajales, subdelegado del Partido Revolucionario Cubano, y muerto en París (Francia) el 20 de noviembre del propio año 1902.

Parque de la Libertad en Santiago de Cuba 1945Años después, se instaló un monumento dedicado al autor de nuestro Himno Nacional, el abogado, poeta y general del 68, Perucho Figueredo, con varias tarjas de bronce, en alto relieve; luego, se dotó a la popular plaza de dos áreas de pérgolas: una al norte del parque; la otra, al sur, y también, una bella tarima, para celebrar actos cívicos y veladas culturales, y recompuestas áreas de jardinería muy bien trabajadas.

Posterior al triunfo de la Revolución , en 1959, se colocaron en la propia los bustos del Apóstol José Martí, el comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán y del combatiente clandestino santiaguero Orlando Fernández Montes de Oca, quien, en viaje revolucionario a la Habana , desapareció en manos de uno de los asesinos del régimen dictatorial de Fulgencio Batista.

El Parque de la Libertad –o como más comúnmente lo llaman los santiagueros: la Plaza de Marte- de Santiago de Cuba no sólo es un lugar céntrico y concurrido (sede natural dela primera Peña Deportiva de la isla), un punto de verdadera lindura en el corazón de la ciudad, sino, también, un notable ejemplo de veneración al bien supremo del ser humano y a quienes bien pelearon para conquistarlo…

Tomado de Sierra Maestra

Santiago de Cuba y su monumentalidad (I)

Les regalo esta serie de trabajos publicados en el sitio digital el semanario Sierra Maestra bajo la firma de Joel Mourlot Mercaderes.

Santiago de Cuba y su monumentalidad (I)

Recorrer esta ciudad de casi cinco siglos de existencia suele resultar un paseo impresionante, lo mismo para propios que para foráneos, si se hace con miradas escrutadoras. Nacionales y extranjeros conocedores de su enaltecedor pasado, creen que aquí deberían abundar más las estatuas, los bustos, las tarjas y otras formas de rendir homenaje a los próceres y valores del pasado.

No hay un sitio de esta urbe caribeña, efectivamente, que no nos revele algo de interés y/o trascendencia, allá o acá, en las prominencias de las numerosas colinas o en los recovecos de tantos hondones, sobre los cuales ella se asienta; en la majestuosidad o en la modestia de sus obras públicas, que en memoria de sus muchos héroes, o de sobradas acciones gloriosas o por algún otro valor singular, hacen de Santiago de Cuba, en sí misma, una ciudad monumento.

Es verdad, no son todas las que merecidamente pudiera haber; sin embargo, las que existen hoy llenan de sano orgullo a la mayor parte de los santiagueros.

PRINCIPALES MONUMENTOS DE SANTIAGO DE CUBA

Por su imponente majestuosidad, los monumentos que más sobresalen en la capital oriental son:

1.- El complejo escultórico de la Plaza de la Revolución (1991), con el conjunto de de piezas metálicas colosales, evocando los machetes redentores mambises, y, sobre un pequeño promontorio, la figura ecuestre del mayor general Antonio dela Caridad Maceo Grajales, lugarteniente general del Ejército Libertador (obra del escultor santiaguero Alberto Lescay), y un escenario general que ya es historia significativa, en su corta vida de 21 años de existencia, por sus multitudinarias concentraciones populares -muchas veces presididas por los máximos líderes de la Revolución , Fidel y Raúl- y las dos masivas misas, la de 1998, con su santidad Juan Pablo II, y la reciente, el 26 de marzo pasado, con el también pontífice Benedicto XVI.

Mausoleo a Martí en Santiago de Cuba 19512.- Cementerio de Santa Ifigenia (julio de 1868), donde reposan los restos de muchos ilustres personajes de nuestra historia y multitud de personas comunes, a cuyas memorias se han erigido allí desde suntuosos sepulcros personales y panteones, hasta las íntimas dedicaciones, no exentas en muchos casos, sin embargo, de notables y diversas esculturas, que hacen de este campo santo una verdadera y distinguida necrópolis.

Por supuesto, resaltan en todo este conjunto funerario: en primer término, el mausoleo donde reposan los restos de José Martí, obra del arquitecto Mario Santi (1951), tercera tumba dedicada al Héroe Nacional de Cuba en el propio cementerio, tras su enterramiento en 1895, y su posterior exhumación e inhumación, en un nuevo nicho, inaugurado el 7 de diciembre de 1907; también, los respectivos panteones dedicados a los héroes del ataque al Moncada, a los internacionalistas cubanos caídos en Angola, a los combatientes de nuestras guerras de independencia (el “Retablo de los Héroes”), el de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el más modesto de éstos: el dedicado a la veintena de mártires de San Juan de Wilson (febrero de 1870), y, en el plano individual: las tumbas de Carlos Manuel de Céspedes (10 de octubre de 1907), segunda dedicada al Padre de la Patria en el lugar; del expresidente dela República Tomás Estrada Palma y su esposa, la “pirámide” que guardan los restos de Emilio Bacardí, y el busto del general mambíRafael Portuondo Tamayo, entre un sinnúmero de obras funerarias más.

3.- Uno de los más impactantes monumentos santiagueros es el complejo Morro-La Estrella, en el cual predomina el Castillo del Morro, construido hacia 1639 por Don Pedro de la Roca para defender la boca de la bahía de la ciudad, y el litoral cercano ala fortaleza. Erael punto clave de todo un sistema defensivo, compuesto, además, por los fuertes de La Estrella , Ciudamar y La Socapa , entre otros más distantes, para enfrentar y repeler los ataques fuerzas foráneas (mayormente corsarios y piratas), y cuya imagen bella, colosal, como emergida de la elevación escarpada donde está enclavada, es, hoy por hoy, de un atractivo y una significación extraordinarios, al punto de haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad.

Tomado de Sierra Maestra

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