Santiago en mí

Resacas del Carnaval

En ocasiones pasan por la TV un video arte dedicado a una instalación realizada por el artista de la plástica Alexis Leyva Machado (Kcho) en plena Plaza de Armas en la parte vieja de la Ciudad de la Habana. Con música hecha para la ocasión por los raperos de Obsesión, en el video vemos cómo, ladrillos convertidos, por las manos mágicas del corpulento artista, en pequeños botes (ya todo un símbolo en la obra del autor),  son apilados sobre los asombrados adoquines de la plaza hasta formar una pequeña elevación  y, una vez alzada esta montaña rojiza y polvorienta da inicio lo que sería la verdadera idea de la instalación. El nombre lo indica todo :“Vive y deja vivir”. Los botes-ladrillos o ladrillos-botes (como quiera que sea el uso que quieran darle), pasan con la urgencia que impone la necesidad, de su afímera elevación a manos, bolsos, carretas vagones de construcción y cuanto permita transportar la cantidad necesaria para levantar una pared o simplemente, lograr un remiendo en alguna que otra agrietada vivienda.

La genial idea de Kcho, hecha no sólo para compartir el arte sino también los materiales de contrucción que representan estos transmutados ladrillos, es narrada simpáticamente por los integrantes de Obsesión quienes “esperan” la futura y supuesta instalación que les garantice, de igual forma, hacerse de la arena y el cemento que los permita construir su propia pared.

Recordaba ayer este video que tanto me gusta en lo particular, al recorrer una de las avenidas de Santiago, aquella que porta el nombre de Carlos Manuel de Céspedes, y ver cómo la resaca de los Carnavales iba sufriendo una suerte parecida a la de los ladrillos de Kcho, aunque no fuera idea de éste u otro artista de la plástica santiaguera, y sí de la misma necesidad de obtener, por la vía que sea, cualquier materia prima de la cual se pueda dibujar un bosquejo de vivienda. Los quioscos de madera y bambú que tanto llamaran mi atención durante la previa de las fiestas y que guardaron en sí, durante el rumbón, las más diversas ofertas gastronómicas y de la industria ligera, van cayendo bajo el peso de los golpes de martillos, patas de cabra, machetes, mochas y  más, portados por quienes, tal vez, días antes degustaron ante ese mismo maderamen una sabrosa pizza o una mazorca de maíz hervido. La escena es interesante; casi siempre de a duos, ya sean dos hombres jóvenes, o de diversas edades, incluso niños; derriban techos, paredes, mostradores de bambú y luego dedican sus esfuerzos a separar madera de clavos y tornillos, lasqueando las tiras verdes de bambú, amontonando a un lado de los restos vencidos del quiosco, los frutos de su saqueo.

No puedo evitar una sonrisa maliciosa al observar esta singular zafra. Cuando apenas se dibujaban las siluetas de estos quioscos, y quizá un poco admirado de la limpieza y belleza del trabajo hecho por los carpinteros, yo mismo imaginé lo vistoso que se vería la baranda del corredor de mi casa si sustituyera el derruido maderamen actual por los vistosos verdes del bambú. Quisiera haber tenido la oportunidad, osadia?, inteligencia?, de ser quien desnudara de fibras los quioscos para vestir de novedad a las podridas tablas de mi casa. Ahora sólo me queda conformarme con la imagen de las carretas, carretillas, carros, hombros, que desaparecen por las entrecalles aquello que una vez, no hace mucho aún, guardó entre sus paredes ya inexistentes, golosinas de Carnaval.

¿Los usos de esos despojos?, cuantos puedan imaginar. Hoy en la mañana servían de leña a un enorme caldero donde una caldoza humearía, o tal vez hirviera el agua que servirá para limpiar de pelos la tersa piel del próximo cerdo asesinado. No dudo que pronto veré sobre las terrazas vecinas, hermosos barandales de bambú, o un “conuquito” donde compartir con amigos la cerverza bien fría.

En la capital de todos los cubanos se les llama “buzo” a quienes hurgan en la basura en busca de los objetos más inimaginados. Cual recicladores por cuenta propia, estos inmersionistas de pavimento, rescatarán de entre desechos desde viejos zapatos hasta las bien cotizadas laticas de cerveza y refresco que serán cambiadas en Materia Prima, por quién sabe qué otros bienes. Y me pregunto, esta depredación postcarnaval, ¿no tiene algo de “buceo”? Se me antoja que sí. Y más. Creo que los cubanos hemos aprendido a fuerza de necesidad, lo que es el reciclaje, incluso “el buceo de pavimento”. No creo ser el único en haber escuchado historias de cubanos en el exterior que se dedican a colectar los objetos (de naturalezas tan increíbles como los electrodomésticos) que han cumplido con su tiempo de vida útil y que sus antiguos dueños, tan saturados de consumismo, desechan aunque funcionen medianamente bien. Acá las cosas alargan su vida útil hasta por diez. Trabajamos con máquinas (y cuando digo máquinas incluyo computadoras, maquinarias industriales, carros y todo cuanto quieran incluir en el listado) que “supuestamente” vencieron su vida útil hace años. De ahí surgieron los “aniristas” e innovadores. Los cubanos somos por naturaleza recicladores.

En unos meses aún recordaremos el Carnaval 2010, no porque haya sido el mejor de la historia o por los aspectos negativos que lo empañaran; sino porque pasaremos por delante de uno de esos, tan abundantes, “llega y pon” y leeremos, en grandes y desordenadas letras rojas sobre su paredes “Baconao en Carnaval 2010”.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: