Santiago en mí

Archivo para el día “septiembre 1, 2010”

Homenaje a los Estudios Siboney

Publicó el periódico Juventud Rebelde, el pasado 30 de agosto, un reportaje de la periodista Yalenys Hernández Fusté sobre los 30 años de los Estudios de Grabación Siboney, pertenecientes a la EGREM (Empresa de Grabaciones Musicales) en Santiago de Cuba. Valga pues el homenaje al emblemático sello discográfico de la ciudad.

Tres décadas de los Estudios Siboney

Por: Yelanys Hernández Fusté

De Alto Cedro voy pa’ Marcané/ llego a Cueto, voy pa’ Mayarí, se escucha en un disco. Su autor, el célebre Compay Segundo, se aprestó a grabarlo junto a Eliades Ochoa y el cuarteto Patria. Era la primera vez que quedaba plasmado en un fonograma el Chan Chan, ese tema que diera la vuelta al mundo mucho después, y que también fuera de los más populares entre los que interpretara el proyecto Buena Vista Social Club.

Tal reliquia se guarda con celo en los Estudios Siboney de la EGREM, ubicados en la ciudad de Santiago de Cuba. Otros fonogramas trascendentes aparecen en su catálogo: el último disco de Ñico Saquito (Al bate con Ñico Saquito) en el que interviene también Eliades Ochoa con el cuarteto Patria; la obra de Enrique Bonne, del Guayabero y de la Estudiantina Invasora, y el último álbum de Los Compadres (Los Compadres en Siboney)…

La historia de este sello discográfico comenzó hace tres décadas, nos contó Wilfredo Alfonso Mazaira a inicios de julio, como director de la EGREM en Santiago de Cuba. Es la figura del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque el «principal ideólogo y creador de Siboney, quien además se mantuvo al tanto del funcionamiento de la instalación desde el punto de vista técnico y cultural, al tiempo que se preocupó por el cumplimiento de su línea de trabajo», afirmó.

La fecha en la que se inauguran los Estudios Siboney fue el 5 de julio de 1980. La institución ocupa el céntrico edificio situado en la calle San Félix número 367, esquina a San Germán. Allí se atesora un archivo sonoro amplio, el cual muestra una gran variedad de géneros que van desde la música tradicional y la cancionística, hasta el son y la música folclórica.

Marcando la distancia

El primer disco grabado por Siboney fue de 45 revoluciones por minuto. Contenía el tema de La Lupe en una cara, y por la otra A Santiago, interpretado por la Orquesta de Música Moderna, dirigida por el maestro Osmundo Calzado.

Siboney ha sido testigo del florecimiento musical de agrupaciones como Son 14, la Original de Manzanillo y de Cándido Fabré y su banda. Igualmente ha sabido «hurgar» en el panorama sonoro nacional y lo ha llevado con fortuna a fonogramas. Así forman parte de su catálogo, artistas y grupos del centro y el occidente del país como Rumbavana y la Aliamén, y grandes boleristas al estilo de Fernando Álvarez, Lino Borges, Gina León y Pacho Alonso.

Resulta significativo que fuera de Ciudad de La Habana, la EGREM —a la que pertenece Siboney—, encuentra en Santiago de Cuba a su mayor división en el país. Al decir de Wilfredo Alfonso Mazaira, son los «estudios de grabaciones el corazón de la disquera en esa ciudad, por lo que significan cultural y patrimonialmente para la parte oriental de Cuba».

Pero Siboney no pierde esa capacidad de exploración y búsqueda de nuevas sonoridades para regalárnoslas luego en álbumes discográficos. Según Wilfredo Alfonso Mazaira, «lo más notable y conocido de nuestros archivos es el son, aunque no solamente hemos grabado ese género. Hemos concluido un disco con la Asociación Hermanos Saíz (AHS) que no ha salido, debido a cuestiones relacionadas con la fabricación.

«Está en proyecto un fonograma con noveles trovadores que nunca han grabado, pues aunque el que hemos realizado con la AHS contiene trova joven, no es solo de ese estilo de música. Si no contamos con más discos de pop, rock o jazz es porque no nos han presentado un proyecto hasta ahora».

Entre las producciones inminentes, asegura el directivo que está «un CD de Son 14, que rinde homenaje a su aniversario. Es un disco muy complejo en su producción y en el que participan Adalberto Álvarez, Omara Portuondo y Eliades Ochoa, entre otros. Se está trabajando un DVD con mucho empeño sobre la Casa de la Trova, con fotos, entrevistas y un concierto en vivo con lo que se hace allí musicalmente.

«Nos señalan que somos muy insistentes con el son y la música tradicional, pero, primeramente, lo consideramos un deber. Santiago es una plaza fuerte en ese sentido. Hay más septetos y más personas que cultivan el son que en otros lugares de la Isla. Tenemos que grabarlos. No podemos alejarnos».

Alfonso Mazaira apunta que lo anterior no quita que valoren otros proyectos, pues «el que trabaja en una disquera está oyendo todo el tiempo».

EGREM y mucho más

Desde el año 2000, el trabajo de Siboney se enriquece con el surgimiento de la agencia de representaciones artísticas Son de Cuba. Su principal directivo, Cándido Ávila Moreno, explica a JR que la entidad tiene como primordial objetivo lograr una representación integral del artista, y así  promover su discografía, sus presentaciones en vivo…

Pero la EGREM en la ciudad suma otros establecimientos para dar a conocer el quehacer de sus artistas. La red de tiendas, el centro cultural Patio Los Dos Abuelos, la Casa de la Música y la Casa de la Trova, se unen a la labor de los estudios de grabación.

Durante todo 2010, Siboney festeja su aniversario 30. Con ello reconocen a los artistas, cuyas obras son un baluarte del sello discográfico, y a quienes desde la labor casi anónima de grabar discos, hacen posible que la música cubana se vuelva inmortal.

De ese modo, cuando ya se sienten los primeros ecos de Cubadisco 2011, —evento que tendrá actividades importantes en Santiago de Cuba—, Siboney se apresta para llevar a ese magno evento lo mejor de lo grabado en un año. ¡Enhorabuena!

Tomado de: http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2010-08-30/tres-decadas-de-los-estudios-siboney/

Santiago: una tierra que se mueve (IV y Final)

El terremoto de 1932

Como crónica de los sucesos acaecidos el 3 de febrero de 1932 en la ciudad de Santiago de Cuba, les propongo leer fragmentos del artículo escrito por Yuris Nórido en el sitio web cubasí:

(http://www.cubasi.cu/desktopdefault.aspx?spk=160&clk=265340&lk=1&ck=135383&spka=35)

Comienza el periodista su narración del terremoto de 1932:

“Miércoles 3 de febrero de 1932. La tierra tembló de madrugada, durante medio minuto. Un ruido ensordecedor venía desde las profundidades. Fue tan fuerte la sacudida que sacó a mucha gente de la cama. La ciudad de Santiago de Cuba despertó en medio del caos, en medio de la oscuridad. Las comunicaciones interrumpidas, la energía eléctrica y el abastecimiento de agua, cortados. Derrumbes parciales y totales. Algunos incendios. Y muchos santiagueros en medio de la calle, aterrorizados.

“Los periódicos de medio mundo dieron la noticia: “Un violento terremoto destruye parte de la ciudad de Santiago de Cuba”, titulaba ABC desde Madrid. Y los de La Habana no acababan de ponerse de acuerdo en cuanto al número de víctimas: algunos, los más sensacionalistas, hablaban incluso de más de mil muertos, una cifra que las ediciones especiales del mediodía desmintieron, por fortuna.

«Ya en la tarde, el gobernador de la provincia de Oriente informaba a las agencias de prensa que los muertos eran 12 y los heridos, tres centenares. El terremoto, después de todo, no había sido tan mortífero, en parte gracias a la celeridad con que la gente salió de sus casas (se cuenta que muchos, incluso, vieron sus viviendas caer desde la calle).”

Acerca de la imagen mostrada por la ciudad al amanecer, cuenta el periodista en su crónica:

“Más de la mitad de las edificaciones (algunos apuntan que incluso el 80 por ciento) sufrió algún daño de consideración. Grietas y rajaduras, la mayoría.

“La mismísima catedral metropolitana (…) tuvo serias afectaciones en paredes y secciones del techo, grandes bloques de la fachada cayeron a la calle, la escultura del ángel que la coronaba perdió una de sus alas.

“Mucha peor suerte corrió el cercano hotel Venus, que se derrumbó completamente.

“En el Hospital de Maternidad se cayeron bloques de paredes y trozos del techo, que hirieron a algunas madres y a sus bebés, pero por fortuna nadie sufrió lesiones mortales.

“(…)Uno de los barrios más afectados fue el de Santo Tomás, en el que vivían gran cantidad de familias humildes. En algunas de sus cuadras quedaron muy pocas edificaciones en pie.

“En varios lugares de la ciudad se produjeron incendios, que tuvieron que ser sofocados rápidamente, no sin dificultad, pues el suministro de agua de dañó considerablemente.”

 

 

Imágenes de la ciudad de Santiago de Cuba luego del terremoto del 3 de febrero de 1932

 

Como era de esperar en una situación como esta, la población se vio presa del pánico. Nos recuerda la crónica de Yuris:

“Después de las sacudidas, mucha gente huyó despavorida hacia el campo, algunos incluso en ropa interior. El corresponsal de la agencia norteamericana AP relataba que “el terror de los habitantes fue mucho mayor por haberse quedado casi toda la ciudad a oscuras. Los gritos de los heridos se oían por todos lados, causando verdadero pánico hasta a los equipos de salvamento, que no sabían adónde acudir con más urgencia. Los trabajos para buscar a los heridos se hacen con grandes dificultades, porque las calles están cubiertas de escombros”.

“El temor de los santiagueros se acrecentaba ante cada nueva réplica, al menos cinco hasta las 6 de la mañana. Pero la ciudad no se dejó arrastrar por el pánico, la gente se reponía del susto y ponía manos a la obra.”

Más de 100 sismos, considerados réplicas del mayor, se dejaron sentir en Santiago durante ese año. Según testimonia el periodista en la actualidad aún resulta polémica la posible intensidad del sismo: “debido a la falta de mediciones fidedignas de la época: algunos aseguran que superó los 8 grados en la escala de Richter, otros creen que estuvo más cercano a los 7 grados, y no pocos especialistas consideran que apenas rebasó los 6”. Al respecto, en el artículo publicado en el número 11 del 2010 de la revista Bohemia (21 de mayo de 2010) se asegura que el sismo tuvo una intensidad de 6,75 grados en la escala de Richter, y como datos finales de la catástrofe se mencionan 14 muertos y 200 heridos, así como afectaciones en el 80% de las edificaciones de la ciudad.

Lo cierto es que, tal vez porque aún entre nosotros deambulan por la ciudad testigos de aquel desastre (mi propio abuelo tendría unos 9 años en el momento en que sucedió), el terremoto del ’32, como ha pasado a ser conocido, es uno de los más recordados en la historiografía santiaguera. Según Yuris Nórido, este sismo “marcó un antes y un después en la historia de la ciudad”.

Santiago mientras tanto ha sabido reponerse de esas derrotas y sigue, frente al mar y entre montañas, apostando por la permanencia a pesar de que de vez en cuando, la tierra vuelva a temblar.

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