Santiago en mí

“La leyenda santiaguera de Benny Moré”

El 24 de agosto de 1919 nació en Santa Isabel de Las Lajas, Cienfuegos, Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, quien sería conocido por Cuba y el mundo, sencillamente, como Benny Moré.

Estatua que recuerda al Benny en un paseo cienfueguero


De El Benny mucho se ha hablado, escrito e incluso, documentado en filmografía; empero, para muchos santiagueros (cubanos en general), quizás los únicos vínculos del Bárbaro del Ritmo con Santiago de Cuba son la canción que dedicara a nuestra tierra (a casi toda Cuba cantó El Benny) y el que, como cubano y músico popular, visitara la ciudad, no ya sólo en la voz grabada en los discos que se dejaban escuchar por los traganíqueles, sino físicamente. Sin embargo, leí unos días atrás en el sitio web dedicado a la Cultura en Santiago, un artículo que se titula La leyenda santiaguera de Benny Moré, que muestra un vínculo más profundo entre el afamado músico y esta tierra caliente y musical. Como otra de las curiosidades santiagueras se los transcribo hoy. Espero les guste.

La leyenda santiaguera del Benny
Por: Eric Caraballoso Díaz
Este 24 de agosto celebramos 91 años del natalicio de un inmortal de la cultura cubana: Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez. Hablar de El Benny, sobrenombre con el que transcendió en la Historia, es hablar de su cubanía, de su genio sin par, de su gracejo indiscutible. Su vida está poblada de anécdotas y situaciones que lo convirtieron en la leyenda que hoy es.
Benny Moré fue sencillamente un fenómeno musical, un artista capaz de cautivar a todos con su voz portentosa y su inigualable expresión escénica. Todo en él era un espectáculo, desde su ropa y sus movimientos, hasta los gritos que solía lanzar en el escenario y con los que lograba una comunicación única con el público.
Su vida, matizada por los éxitos y sinsabores, estuvo repleta de hechos poco comunes que sellaron su inigualable carrera. Mucho se ha escrito de su carácter jovial, de su apego a los excesos, de su talento natural para la música. Otros aspectos igual publicitados se refieren a sus actuación en México y otros países latinoamericanos. Sin embargo, en esta riquísima trayectoria Santiago de Cuba ocupa un lugar especial; y no solo porque dedicara a nuestra tierra una de sus más conocidas composiciones, sino porque en ella también hizo historia con su arte.
El Benny llegó a Santiago de la mano del saxofonista Mariano Mercerón, con quien ya había trabajado durante su estancia en México. Se dice que a su regreso del país azteca, fue llamado por Mercerón para que cantase con su orquesta en uno de los programas estelares de la entonces popular Cadena Oriental de Radio. En la orquesta coincidió con dos grandes de la música cubana: Pacho Alonso y Fernando Álvarez, quienes hacían los coros. Es entonces que Pacho, al escuchar cantar al Benny, le comentó a Fernando: “¿Y nosotros somos cantantes, compay? ¡Mire cómo canta ese moreno!”
En Santiago de Cuba ocurrió el hecho que lo bautizó para siempre con su más famoso sobrenombre. Un día, mientras estaba parado en una esquina con su amigo Israel Castellaños, Benny vio pasar a una hermosa santiaguera e, inspirado en un tema musical de moda, exclamó: “¡Mira qué bárbara!”. Ante la frase, un muchacho que estaba cerca de ambos lo corrige: “Qué va, compay, el bárbaro es usted”. Esa misma noche, y luego de conocerse la anécdota, el locutor de la radio lo presenta como el Bárbaro del Mambo, título que más adelante cambiaría al del Bárbaro del Ritmo.
También en Santiago dejó su huella al paralizar más de un sitio con su canto. Roberto Nápoles, quien por entonces era bajista de la orquesta santiaguera Chepín-Chovén y hoy es una de las figuras emblemáticas de nuestra música popular, cuenta que en una de las estancias del Benny en la ciudad, lo invitó a cantar a un café del que era dueño por entonces.
“Le propuse 200 pesos por una actuación, pero él no podía porque tenía que irse para Venezuela. Y quien te dice a ti que de momento van a buscarme rápido a la casa, que Benny Moré me estaba esperando en el café. Cuando llegué la calle estaba repleta, yo no sé de dónde había salido tanta gente, y era que él estaba echando monedas en el traganíquel, y estaba cantando sus propias canciones.”
Con hechos como éste quedó para siempre en Santiago el Bárbaro del Ritmo. Luego, con el meteórico ascenso de su fama y su fallecimiento prematuro, su música seguiría impregnada en cada sitio de esta urbe. Y aún hoy continúa así. Porque El Benny es un patrimonio de esta Isla, donde el son será siempre sinónimo de su nombre.

El Benny con su típico sombrero y bastón

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