Santiago en mi

Calles de Santiago

Leo complacido, en la página de la Dirección Provincial de Cultura de Santiago de Cuba, un artículo firmado por Roberto Rodríguez Valdés, bajo el título de Las mágicas calles de una ciudad. De algunas calles santiagueras ya he hablado en este blog. Hoy, releyendo el artículo mencionado me asaltan recuerdos, sensaciones, experiencias personales de mi propio desandar por las calles de Santiago. Comparto con uds fragmentos de “Las mágicas calles…” y algunas de mis opiniones sobre le trazado urbano santiaguero.

“Las calles son un fenómeno indisolublemente ligado al propio surgimiento de la villa de Santiago de Cuba. (…) estos espacios se concibieron con apego a un esquema de trazado y concepción provenientes de las experiencias de los colonizadores y más tarde regulados por las Leyes de Indias dictadas por Felipe 11 en 1573. En estas se contemplaba la estrechez y altura de sus fachadas limitantes, como mecanismo para crear trayectos sombreados en una región donde la intensidad del sol fustiga al caminante.

“(…) En Santiago de Cuba, situada sobre un valle de ondulado relieve, la imposición de una cuadrícula de trazado perfecto devendría finalmente en una retícula de caprichosas e inesperadas inflexiones. La ciudad, (…), adquirió así, a través de sus espacios públicos, y especialmente de sus calles, un paisaje urbano identificativo que signaría para siempre su imagen.”

No siempre la fisonomía de nuestras calles fue la mejor. El articulista cita la opinión de Caroline Wallace en una de sus visitas al Santiago del siglo XIX

“Las calles en Santiago son estrechas, sucias, muy mal pavimentadas -cuando lo están- y poco incitantes al paseo [...] Las aceras son estrechas; en algunas partes no pueden caminar más que dos personas juntas, y hay muchas donde ni siquiera existen aceras y el deteriorado pavimento de grandes piedras, tan incómodo para caminar, va de un lado a otro de la calle, de casa en casa.”

Advierte el periodista algo de lo cual, estoy seguro, cada santiaguero se ha percatado en mayor o menor medida: “(…) más allá de la forma particular que estas adquirieron en el proceso evolutivo, es posible hallar su trascendencia como lugar de encuentro e intercambio entre moradores y visitantes.”

“(…) las condiciones climáticas de la región e influenciada a su vez por los factores socioculturales que definen a los santiagueros, ha conformado un factor esencial en la definición del paisaje de las calles. De tal manera, es posible constatar cómo el espacio público de tránsito es abordado por las edificaciones que lo limitan con la intención de prolongar hacia él espacios privados o semipúblicos de la arquitectura citadina. El habitante establece así un ámbito de transición, concretado en corredores, balcones o grandes ventanales volados que pretenden robar a la calle una porción de su vida pública para adherirla perennemente al interior de la vivienda. Desde estos recintos, el habitante alcanza a participar de las escenas urbanas, intercambiar con sus similares e iluminar y ventilar un espacio resguardado, que a ratos deja de ser exclusivo de la arquitectura para integrarse definitivamente al paisaje de la calle.

“(…) La sucesión de fachadas yuxtapuestas ofrece a la vista del caminante una perspectiva cambiante, que se cierra y abre caprichosamente, otorgándole particular dinámica al recorrido. Asimismo, la calle actúa como un espacio con identidad propia, fácilmente identificable, no sólo por los colores de sus límites verticales, por la textura de las superficies o sus formas y volumetría, sino, también, por el amplio abanico de olores y sensaciones sonoras que se experimentan en el andar y quedan grabadas en la memoria del transeúnte como un patrón referencial.

“La calle santiaguera también asume su carácter en virtud del uso asociado a la arquitectura que configura sus límites. En este caso, la concentración de edificaciones con funciones afines, o la única presencia de una construcción de singular relevancia, pueden caracterizar o nominar el trayecto: Enramadas es identificada como arteria comercial de la ciudad por sus múltiples tiendas, expendios de alimentos y servicios; y la calle del Rastro, debe su nombre a los establecimientos de ventas de objetos usados que en siglos pasados la ocupaban. De igual manera, otros espacios lineales adquirieron sus nombres por eventos socioculturales o históricos asociados a la vida comunitaria: la calle Calvario (Calle del Calvario), por constituir recorrido de la procesión de Jesús de Nazareno durante la Semana Santa, o la calle Providencia -actual Maceo-, denominada así con motivo de la expedición que, desde el puerto, partiera a la isla Providencia en el año 1699.”

Enramadas, la calle más concurrida de Santiago

Según manifiesta en su artículo Roberto Rodríguez se pueden encontrar dos manifestaciones fundamentales en el uso de las calles por los transeúntes:

“(…) En primera instancia, el usuario ocupa la calle como espacio de tránsito para moverse dentro de la ciudad y poder acceder a las diversas estructuras edificadas, a modo de paseo, de peregrinación, en funciones laborales o simplemente lúdicas; este estado de apropiación espacial se caracteriza por el movimiento, y es denominado con acierto posesión dinámica. Por otra parte, (…) como espacio que propicia el encuentro pasivo, “inmóvil”, donde el transeúnte se detiene a intercambiar con otros, a contemplar el medio o simplemente a esperar; puede ser un punto de reunión, una parada de ómnibus o la estadía para recibir un servicio o acceder a un sitio determinado.”

“La calle, en cuanto espacio habitable, es capaz por sí misma de despertar sensaciones y hacer recordar sucesos. El acto de transitarla lleva aparejado igualmente un ejercicio de interacción: el caminante examina las características formales de su entorno y las vincula a sus emociones.

“Es por esto que con el transcurrir del tiempo algunos espacios lineales son aprehendidos de modo similar por sucesivas generaciones: los callejones continúan aún provocando una intrínseca sensación de confinamiento e intimidad; las escalinatas conservan su identidad como estructuras articuladoras y pintorescas, que logran fusionar de modo singular la arquitectura al espacio público; la dirección cambiante -curvilínea-, interrupta o de dimensión variable de la calle, induce a una dinámica en la marcha, sólo interrumpida cuando la topografía le otorga el carácter de mirador, cuando desde un punto de su recorrido se alcanza una visión panorámica de Santiago de Cuba, donde ciudad y paisaje natural rebasan el diálogo armónico para fundirse en un todo indisoluble.”

Calle Padre Pico, la más célebre de las calles-escalinatas santiagueras

Este carácter de mirador natural de nuestras calles es algo de lo que más me gusta de la ciudad. Se puede seguir el curso de una de ellas, desde su nacimiento en lo más alto de una colina, hasta su desembocadura en la Alameda santiaguera; cual montaña rusa que provoca, en los que descienden sus laderas en ómnibus, el cosquilleo delicioso del vértigo.

En Santiago hay calles para todos los gustos; desde las bulliciosas y marginales (como las de mi barrio), hasta las silenciosas y desiertas calles del otrora elitista barrio Vista Alegre, con sus aceras que corren bajo la sombra de la arboleda En lo que a mi concierne, prefiero las primeras, esas donde la idiosincrasia del cubano se evidencia cada día, donde los vecinos hacen parte de su vida sentados a las puertas de su casa, compartiendo vida y milagro, propios y ajenos, incluso hasta altas horas de la madrugada; las mismas en la que las puertas desbordan de curioso ante el simple ruido de un cristal roto, o las voces alzadas en una esquina…

Existen barrios de calles rectas, de perfectas cuadrículas de fácil orden; en otros alternan extensas y estrechas calles con pequeños callejones, con o sin salida. Las hay de casas añejas, con caras marchitas por el tiempo; y otras calles que parecen sacadas de las revistas, con casas ostentosas y privadas de libertad tras enormes enrejados.

La variedad es inmensa, y comparte con otras provincias algunas de las características mencionadas, pero si desandando Cuba, encuentra calles-escalinatas o enormes y zigzagueantes calles-lomas, entonces no le quepa duda: ha llegado a Santiago.

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