Santiago en mí

Sorpresas de mi casa

En el año 1927, José García Díaz, mi bisabuelo, adquirió la casa donde actualmente vivo. La compró a un costo de ochenta pesos de la época al Sr Agustín Carbó Fonseca, según consta en la Escritura número 67 entregada el 26 de marzo de 1927 ante el notario Dr Ramón García García. En 1934 mi abuelo se asentaría definitivamente en ella, luego de una estancia en Daiquirí. Sospecho que la vivienda ya celebró, aunque inadvertida, sus cien años de existencia. Sus achaques se nos muestran a cada rato, sobre todo en los tiempos de lluvia, cuando su techumbre de zinc deja filtrar el agua en goteras de personalidades diversas y divertidas (algunas caen sin apenas llover, otras son verdaderos chorros, y las hay hasta saltarinas: que hoy están en un sitio, para aparecer en otro dos días después), que convierten el interior de la casa en un laberinto de vasijas sobre el piso. Sin embargo ahí está, sobreviviente de ciclones, temporales y terremotos. En el marco superior de la alargada puerta que da entrada a la vivienda se lee el número 168, aunque, camuflado por el color blanco de la madera (tan añejo como la misma casa) se puede descubrir otro número: el 70. Resulta curioso que en la calle paralela a la mía, casi exactamente detrás de mi casa, existe otra que también ostenta el número 168. En el patio de la casa hay una porción de tierra donde se destacan dos enormes matas de coco, ambas alcanzan una altura varios metros por encima de las casas de dos plantas que han ido construyéndose en los alrededores. Lo curioso de estas plantas es que fueron sembradas por mi bisabuelo, el cual lo hizo sentado en un banquito pues le habían comentado que, sembrándolas así, éstas no crecerían demasiado. ¡Menos mal que las sembró sentado, no creen! En una oportunidad mi tío dijo que soñó que en la casa había escondida una botija. Desde ese entonces mi abuela lo da como cierto (¡?).

.Mi cuadra es la cuarta de la calle tercera del Reparto Sorribes, cuando la recorres siguiendo el descenso de la pendiente desde la Avenida Martí. Sin embargo, no siempre calle tercera llevó ese nombre. Mucho tiempo antes que mi bisabuelo viviera en ella, mi calle se llamó Cuartel de Pardos (o Prolongación de Cuartel de Pardos) que, después de cruzar “Martí” (que separa mi barrio del que le queda enfrente), continúa hasta la calle Enramadas, dividiéndose entonces en Cuartel de Pardo alta y baja. Esta misma calle Cuartel de Pardos luego se pasó a llamar Barnada (o Monseñor Barnada), luego, mi calle adoptó también ese nombre. Más tarde pasó a denominarse Gral Chávez, hasta adoptar el nombre actual (calle 3ra), diferenciándose de una vez y por todas de la calle Barnada que se le enfrenta desde el otro lado de la avenida. Leyendo el libro de la doctora María Elena Orozco (Génesis de una ciudad del Caribe: Santiago de Cuba en el umbral de la modernidad) descubrí una curiosa tabla que ella presenta en la página 164 donde muestra la composición (número de las casas, nombre del habitante y ocupación del mismo) de la calle Cuartel de Pardos (alta y baja), entre los números 1 al 15, allá por el año 1857. En esa época, según se puede observar en uno de los mapas de Louis François Delmés, que la doctora Orozco brinda en su libro, aún no existía mi barrio, y Cuartel de Pardos contaba con apenas unas pocas cuadras. En total ella enumera en esas casas: “un maquinista, dos tejedoras, un carpintero, dos costureras, una vendedora, un aserrador, un tabaquero, dos domésticas, cuatro labradores, tres lavanderas, un alfarero, un dependiente, uno sin oficio”; y aclara además que no había ningún propietario. Sin embargo mi mayor sorpresa la llevé al leer una investigación llevada a cabo por el Archivo Provincial y que se encuentra disponible en (http://www.santiago.cu/hosting/archivo/espirit.html) donde hacen una relación de las sociedades espiritistas localizadas en Santiago de Cuba en el siglo XX y leo que en 1923 la sociedad denominada Amor a la Moral estaba asentada en Cuartel de Pardos número 70. Y me pregunto, ¿esa casa número 70 de la calle Cuartel de Pardos, que en 1923 albergaba una de las 169 Sociedades Espiritistas con las que llegó a contar Santiago de Cuba en los primeros años del siglo pasado, no será mi casa? ¿Ese número 70 que durante años ha permanecido a medio esconder bajo el definitivo 168, será el mismo del que habla la investigación? No puedo asegurar que sea así o no. Tendría que acceder a algún mapa de la época, que me asegure que en esos años mi calle aún permanecía bajo la denominación de Cuartel de Pardos, o que no existía otro número 70 en dicha calle. Aunque, confieso, me gustaría pensar que las vetustas maderas de mi casa, también guardan una historia por contar.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “Sorpresas de mi casa

  1. Pingback: Barrios sin postales « Santiago en mi

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: