Santiago en mí

Archivar para el mes “octubre, 2010”

Joe Louis también peleó en Santiago

El sábado 5 de marzo de 1949 aterrizó en el antiguo aeropuerto de San Pedrito de la ciudad de Santiago de Cuba, un avión Douglas de la compañía Cubana de Aviación. En medio de una multitud que colmó no sólo los alrededores del aeropuerto, sino las calles santiagueras, y más tarde las sociedades y la alcaldía de la ciudad; descendió del aparato Joseph Louis Barrow, más conocido en el mundo simplemente por Joe Louis, “el Bombardero de Detroit”, el campeón mundial de los pesos pesados en la época; corona que había revalidado el año anterior frente a Jersey Joe Walcott. Una publicación especializada en boxeo, The Ring, destacaba en aquella ocasión: “…ni siquiera Jack Dempsey (…) tuvo semejante éxito en sus exhibiciones, al alcanzado por Louis…pero en ninguna otra parte ha tenido un recibimiento real como el que se le dispensó aquí en Santiago de Cuba”

El Bombardero de Detroit

El motivo de la visita del ídolo de masas que fue Joe Louis, era una pelea de exhibición que efectuaría al día siguiente, en el estadio Maceo, contra el campeón cubano de los pesos pesados, Onelio Agramonte; una jornada que contaría además con otras cuatro peleas entre los mejores boxeadores cubanos del momento. Aún cuando se esperaba un abarrotado estadio Maceo, el precio de 1,50 pesos por gradas y 5 pesos las sillas numeradas, resultaba inalcanzable para una gran parte de todo el pueblo santiaguero que aspiraba a ver al gran boxeador, lo que pudo haber provocado un fracaso total del espectáculo de no ser porque los organizadores del mismo quisieron aminorar los efectos de los inaccesibles precios y a las cinco de la tarde, el que estaba encargado de las entradas, comenzó a rebajar los precios; primero a cincuenta centavos, más tarde a cuarenta, luego a veinte centavos, para al final, justo antes de que Louis subiera al ring, abrir las puertas de forma gratuita. Como se esperaba, la pelea fue un triunfo rotundo para el fornido boxeador norteamericano, quien apabulló a Agramonte en una clase magistral de boxeo.

En esta oportunidad, Louis aprovechó para anunciar, tal y como ya había hecho saber luego de su revalidación del título el año anterior, que se proponía colgar los guantes. Sin embargo, Joe se encontraba endeudado, pues el dinero ganado con la fuerza de sus puños pasaba más rápido al bolsillo de sus promotores que al suyo; por lo que se vio obligado a volver a los guantes. Pero ya no era el mismo Joe Louis que llegó a archivar un total de 54 K.O en toda su carrera, 30 de ellos tan sólo entre el 4 de junio de 1934 al 17 de febrero de 1937. En 1950 pelea con Ezzard Charles por el título y es derrotado. Su último combate lo realiza el 26 de octubre de 1951, frente a Rocky Marciano, quien recién comenzaba una extraordinaria carrera en el mundo del cuadrilátero. En tan sólo ocho asaltos, Marciano acabó con la era Louis. Fue la tercera derrota que sumó en toda su carrera.

Al menos Santiago guarda el honor de haberlo visto combatir aún como el campeón que siempre fue.

El Bombardero de Detroit

Joe Luois nació en 1914, en Alabama, Estados Unidos. Con apenas 21 años ya era considerado el futuro campeón mundial de los pesos pesados.La fuerza de su pegada pasó factura a otros grandes boxeadores como Paulino Uzcudun (4 rounds), Jack Sharkey (6 rounds), Primo Carnera (6 rounds) y Max Baer.

Pero quizás las peleas más recordadas de su carrera fueron las sostenidas contra el alemán Max Schmeling. En junio de 1936 perdió una primera pelea en el Yankee Stadium de Nueva York contra el teutón, quien había comprado todas las cintas con las peleas del ídolo negro para prepararse contra él. Joe pidió la revancha pero antes, se enfrentó a James Braddock por el título mundial, al cual derrotó en sólo ocho asaltos. El ansiado desquite contra Schmeling, tuvo lugar el 22 de junio de 1938. Para aquella ocasión, el alemán recibió incluso un mensaje de Hitler, llamándolo a demostrar en el combate contra el norteamericano, la superioridad aria. Pero la historia no se repetiría. Joe Louis acabó con el boxeador teutón en el primer asalto, provocándole la fractura de varias costillas, lo que le valió unos seis meses de hospital. Con el pasar del tiempo ambos boxeadores se hicieron grandes amigos, incluso Schmeling corrió con los gastos del funeral de Joe Louis, quien murió en total pobreza.

El Bombardero de Detroit realizó un total de 71 peleas, de las cuales sólo perdió tres, y culminó 54 por K.O. Mantuvo la faja de campeón mundial de los pesos pesados durante 12 años, en los cuales la expuso en más ocasiones que ningún otro campeón anterior en su división; derrotando a un total de 23 aspirantes.

 

Fuentes

  1. Joe Luis: El campeón que anunció colgar los guantes en Santiago de Cuba. Manuel Portuondo de la Paz. Sierra Maestra. Domingo 9 de octubre de 1983, nro 242.
  2. http://es.wikipedia.org/wiki/Joe_Louis

 

Hablando entre la Habana y Santiago

En Cuba la palabra palestino es usada, mayormente, en la parte occidental de la isla para referirse a aquellos que vivimos en la región oriental, fundamentalmente en Santiago de Cuba, pues como mismo hay una popular frase que reza “Cuba es la Habana y lo demás es área verde”, también se suele creer que todo oriental es santiaguero. El término, usado con diferentes intenciones, desde la burla, hasta la pretendida ofensa; supuestamente implica una serie de características que deberían compartir todos los que nacimos en esta región. A él se ha venido a unir el término nagüe (terminología que en esta parte de la isla ha venido a sustituir, en una parte de la población, al clásico amigo, socio, o compay), y que en más de una ocasión es usado en igual forma peyorativa para referirse a los del este del país, aun cuando algunos jamás en su vida lo hayan utilizado en su trato con sus semejantes. Pero no soy sociólogo para analizar todas las aristas de ese tema, sólo quiero tomarlo como punto de apoyo para divagar un poco sobre mi experiencia alrededor de una de las diferencias que más tienden a marcar esta relación palestino-occidental: el lenguaje.

Muy pronto, durante mi primer año de los cinco que permanecí como estudiante becado en la capital, pude enfrentarme al reto que suele representar llegar a La Habana, por vez primera en la vida, con toda la carga de aplatanamiento de toda una vida viviendo en Santiago de Cuba. En una de las primeras conversaciones que intercambié con mis primeros compañeros de cuarto en Beca mencioné la palabra correcalles; y ante la duda de mis acompañantes, el Yero, de las provincias habaneras y el Charly, de Matanzas; tuve que acudir incluso a la pantomima antes de recordar el sinónimo con el que se conoce a ese medio de transporte usado por los niños en sus juegos: la carriola.

Es sólo uno de los muchos ejemplos que se convertían en ocasiones, en punto de comparación entre una región y otra, cada uno pretendiendo, dentro del orgullo por el terruño que nos parió, tener la verdad absoluta sobre la forma correcta de llamar a una fruta, u objeto cualquiera. Así, para los de Occidente resultan simpáticos términos como balde, cutara, balance, armario cuando nos referíamos al cubo, chancleta, sillón, o escaparate; o podías encontrar una cara extraña cuando pedías por un guineo o zapote en cualquier mercado agropecuario; aunque el vendedor estuviera comiéndose, él mismo, un sabroso plátano fruta o un mamey. Claro, esto también limitó a muchos de la región occidental del país el saber que el mamey para nosotros, es sólo una de las tantas variedades de mango que disfrutamos en Oriente, y lo que para ellos es sólo una fruta más, a nosotros se nos vuelve todo un menú de sabores de mangos filipinos, de Toledo, de biscochuelo, de hilacha, y un largo etcétera. Si para colmo de “palestinaje” te atreves a pedir que esas frutas te la echen en un cubalse, o te den una balita de refresco, irremediablemente caerá por su propio peso la pregunta: ¿tú eres de Oriente?, antes que te alcancen un jaba de naylon o un pomo de los que ya en todo el país se les conoce por pepino.

Pero más allá de los nombres dados a objetos y frutas; es en la pronunciación donde más evidencia dicen hallar los que se empeñan en etiquetar por regiones, sin embargo, aquí tampoco se pondrán de acuerdo los de oriente y occidente, pues mientras los del oeste nos reprochan el “comernos las eses” (en realidad se pronuncian como jotas, diciendo, por ejemplo, cajco en vez de casco), los del este le achacan igual “apetito” por la erre a los de la capital (se hace un cambio de la erre por la de, pronunciando padque en vez de parque).

En un excelente y completo artículo publicado en la página oficial de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) se trata sobre esta temática (y otros aspectos relacionados con el idioma en Cuba) y se asegura que “según estudios, se manifiesta mayor diferencia entre las zonas occidental y oriental del país en cuanto al vocabulario y la pronunciación. El área más innovadora es Occidente, cuyo foco rector —Ciudad de La Habana— irradia la norma lingüística hacia el resto del país; mientras las provincias de Camagüey, Las Tunas y Holguín son las de mayor prestigio lingüístico entre los hablantes cubanos, y presentan rasgos más conservadores, desde los puntos de vista lexical y fonético”. Así mismo, se hacen eco de la lingüista Marlen Domínguez cuando explica que, “dentro de las distintas zonas geográficas del país, hay algunas en las que los sonidos del idioma aparecen más modificados que en otras. Con respecto a la norma que establece Madrid, el área más modificada sería el oriente del país, y el centro del país contaría con menor cantidad de transformaciones fónicas, de manera que La Habana estaría en una especie de término medio”.

Por suerte, más allá de la anécdota y el malestar mayor o menor que puedan ocasionar estas curiosidades del lenguaje, viví cinco magníficos años en la capital de la isla, si perder este amor por mi tierra, y sin dejar de comer guineo, o tomarme un sabroso batido de zapote. Así desbordan hoy las calles habaneras miles de orientales aplatanados que no reniegan de sus raíces y llenan toda la línea de primera base del estadio Latinoamericano para pintar de rojo la mitad del diamante en un juego entre Industriales y Santiago. Y es que todos somos cubanos. Todos cogemos (no montamos) la guagua (no el ómnibus), mientras hacemos el viaje mirando a una mujer (o a un hombre, según sea el caso) que es un mango (no bonito (a)); y sobre todo, somos los únicos que sabemos que el camello, no es precisamente un animal, aunque rumie y huela como el del Sahara.

Momias en Santiago

De momias hablamos hoy. Pero no será necesario llegarnos hasta las fronteras egipcias. Basta con recorrer la ciudad de Santiago, y llegarse hasta el edificio que ocupa el Museo “Emilio Bacardí”. Allí podemos encontrar tres de estas singulares y siempre atractivas figuras: una, precisamente egipcia (supuestamente la única en el país y en el área del Caribe), y otras dos del Perú.

Trayectos distintos, y a la vez coincidentes en cuanto a peripecias y viajes, siguieron estas momias antes de quedar definitivamente a la vista del público santiaguero y los visitantes a la urbe oriental.

La de Egipto

Según se evidencia en cartas y documentos del Hijo Predilecto de Santiago de Cuba, Emilio Bacardí, la momia egipcia fue comprada en 1912 por él y su esposa Doña Elvira Cape, durante un viaje de vacaciones a Luxor, antigua Tebas; como parte de una colección de objetos relacionados con la cultura egipcia, que incluía también algunas vasijas y otros objetos de esa cultura. De regreso a la patria, Don Emilio tuvo algunas dificultades en la aduana para poder ingresar la momia al país, por lo que tuvo que declararla como “carne salada”.

Momia egipcia de la colección del Museo "Bacardí"

En estudios realizados a esta momia, se determinó que se trataba de una mujer de unos 40 años de edad, y que contaba con unos cuatro mil sesenta años de antigüedad. Las características de la momificación y los objetos y decoraciones del mismo, dan a indicar que no se trataba de una persona de la realeza egipcia. Junto a la muestra se observan otros objetos de origen egipcios como algunas figuras de los dioses Ra y Siri en diferentes posiciones, así como una mano (presumiblemente de la propia momia), un gato, un sapo, un halcón, un ibis y un cocodrilo, animales sagrados de la antigüedad egipcia; todos momificados.

Del Perú también nos llegan momias

Justo al lado de la momia egipcia, en urnas de cristal individuales, se encuentran otras dos momias, éstas de origen peruano, en una curiosa mezcla de culturas diferentes pero con puntos de contacto en su arte de momificar los cuerpos inertes.

Momia de la cultura Paracas en su característica posición fetal

Ambas momias pertenecen a la cultura Paracas, del Perú; y se les calcula una antigüedad de alrededor de unos 2000 años. La mayor de las dos es masculina y se estima que tendría unos 40 ó 45 años de edad al morir; la otra pertenece a una mujer de unos 30 a 35 años de edad. Contrario a como ocurre con su similar egipcia, ambas momias peruanas se encuentran en posición fetal, características de muchas culturas americanas antiguas, basado en la creencia de que al estar en esa posición, volverían a nacer.

Antes de llegar a ser exhibidas en el Museo “Emilio Bacardí”, estas momias “vivieron” su propia odisea, desde que por el año 1920 fueron compradas en Panamá por el comerciante español Sebastián Pérez Ferrán; quien las trajo a Cuba cuando decidió establecerse en la isla.

Pérez Ferrán se radicó en esta provincia de Santiago de Cuba, donde fue dueño de algunas propiedades entre las que se encontraba el Hotel Unión en el municipio San Luis, donde durante un tiempo mantuvo a recaudo las momias, guardadas en unas cajas azules. Antes habían recorrido Palmarito del Cauto, y luego serían trasladadas a esta ciudad.

Luego de morir el español, pasó un tiempo antes que la hermana de éste, donara las momias al entonces director del Museo Bacardí, Fernando Boytel, para que fueran puestas en exhibición.

Protegiendo a las momias

Unos años atrás, las tres piezas comenzaron a presentar huellas de deterioro por la presencia de hongos. De inmediato se les sometió a un tratamiento de vaporización y fumigación con un producto utilizado para desinfectar salas quirúrgicas y otros espacios sanitarios, ante la imposibilidad de acceder a otros productos más específicos para este fin. Sin embargo, la innovación de los especialistas cubanos parece que dio resultado, y para suerte de todos los santiagueros, en un pequeño espacio del amplio Museo Provincial, permanecen en su lecho de vidrio, las tres momias de Santiago.

Fuentes:

  1. http://www.egiptologia.com/noticias/1-ultimas-noticias-sobre-egipto/817-una-momia-bloqueada.html
  2. http://www.egiptologia.com/noticias/1-ultimas-noticias-sobre-egipto/861-una-momia-egipcia-en-santiago.html
  3. Sierra Maestra, 24 de junio de 1984.

 

¿El punto más alto de la ciudad?

En una de esas inmersiones que de vez en cuando realizo por las páginas polvorientas de la prensa santiaguera de años anteriores, me encontré con un dato que, a pesar de su aparente sencillez, causó en mí mucha curiosidad. En el periódico Sierra Maestra del 31 de marzo de 1991, el periodista Ramón Cisnero Jústiz, aclara sobre lo que parecía ser en su momento, motivo de controversia entre los pobladores de la urbe oriental. Dada la brevedad del artículo se los transcribo de forma íntegra; estoy seguro que muchos santiagueros que quizás lo lean o lo hayan leído, quizás se sorprendan tanto como yo.

El sitio más alto de [la ciudad de] Santiago de Cuba

La caprichosa geografía santiaguera se muestra en la profusión de lomas que, partiendo de la bahía, se introducen en buena parte de la ciudad, con lo que dan a la misma su característica de calles que suben y bajan, obligándonos a constantes ejercicios de piernas sin adecuados método. La barriada del Tivolí es toda lomas; la de los Hoyos sólo se levanta hacia el este. La Plaza de Marte culmina la elevación que sube desde La Marina, con ramificaciones procedentes de la Loma Colorada y Chicharrones desbordándose luego hacia Flores y Guayabito.

Todo lo anterior llevó a algunas personas a sentir el orgullo de residir en lo alto de la ciudad y alguien se vanagloriaba el vivir en lo “más alto”. Esto obligó a comparaciones. Que si era por la Loma del Fuerte, que si era por la Beneficiencia, que esto, que si lo otro, sin llegar a la certeza del dichoso lugar más alto de Santiago de Cuba. Esto llegó hasta quienes pudieron determinar el anhelado sitio para satisfacción de unos y decepción de otros. El tema trascendió hasta los edificios del Ayuntamiento, quienes sotto voce trataron el asunto.

Un día se despejó la incógnita: el lugar más alto de la ciudad estaba en la convergencia de las calles Paraíso (Plácido) y San Jerónimo (Sánchez Hechavarría). Allí, en una pequeña plazoleta, se levanta una Ceiba dentro de un círculo de pocos metros de diámetro junto al cual un túmulo que debió tener alguna inscripción relacionada con el lugar y el árbol para información del transeúnte.

La significativa Ceiba se encuentra enmarcada entre la Escuela de Enfermería, el Arzobispado, la entrada a la antigua Escuela Normal y la antigua Clínica de los Ángeles.

Al oeste se puede ver parte de la bahía y al este una vista parcial del macizo montañoso de la Gran Piedra y barrios enteros de la ciudad. El jardín enverjado de la antigua clínica muestra una lápida, perpetuando los nombres de los primeros mártires del 68: Cornelio Robert y sus compañeros de infortunio Aurelio Castillo y Féliz Tejada, fusilados el 27 y 29 de marzo de 1869.

En efecto, esa “pequeña plazoleta” a la que hace mención el artículo ha sido recorrida por mí en incontables ocasiones; unas veces, luego de atravesar toda la calle interior de la antigua Escuela Normal; en otras como vía para acceder a la Plaza de Marte viniendo desde la Calle Barnada; o para llegar hasta la Farmacia Herrera, en la intersección de la Calle San Jerónimo con la Avenida Garzón, justo donde naciera la Farmacia Lorenzo de la cual ya hablé en este blog.

Durante unos años se estuvo trabajando en la construcción de unos de los tantos túneles populares que ahuecan toda la anatomía de la ciudad. Allí permanece la huella de esta labor, justo al lado de la mencionada Ceiba, en un brocal de cemento de casi un metro de altura. Me pregunto si los habitantes de la única vivienda que queda frente por frente al árbol de marras sabrán que viven en el sitio más alto de la ciudad.

Sin embargo, el artículo no aclara cuáles fueron los límites de la ciudad definidos por los responsables de realizar el estudio, lo que me trae dudas acerca de otros puntos en la ciudad que, a golpe de vista, pudieran parecen tener mayor altura que el ya mencionado. Se me ocurre pensar, por ejemplo, en la loma del reparto 30 de Noviembre, donde queda el llamado Mirador. Al preguntar a mi familia, a modo de juego, con la picardía de quien sabe algo que el resto desconoce, cuál era el sitio más alto de la ciudad, mi hermano pensó también en otro de esos sitios que, en teoría, pudieran disputarle la primacía a la “famosa” Ceiba: las alturas de Quintero. En fin, creo que el artículo todavía tiene cuentas pendientes con la curiosidad de algunos, entre los que me incluyo.

La Ceiba que marca "el punto más alto de la ciudad"

A la izquierda de la Ceiba se ve un fragmento de la Escuela de Enfermería

Perfil de la Ceiba, al fondo la antigua Clínica Los Ángeles.

Expectativas por cable de fibra óptica entre Venezuela y Cuba

En los últimos días recorre la red de redes la noticia sobre la culminación, en julio de 2011, de las obras relacionadas con la conexión de Venezuela, Cuba y Jamaica, por medio de un cable submarino de fibra óptica, el cual permitirá, una vez instalado, “multiplicar por tres mil veces la velocidad actual de transmisión de datos, imágenes, y voz; y abaratará en un 25% los costos de operación de los servicios de Internet” en la isla.

Desde que unos años atrás se hablara de la posibilidad de esta obra como parte de los acuerdos del ALBA, generó expectativas en la población cubana, que hoy se ve afectada por la lentitud de la conexión a la Web, la cual se realiza a través del satélite, por un ancho de banda que le permite apenas unos “393 MB por segundo de bajada y 209 de subida”. Quienes tenemos que conectarnos a la Internet desde Universidades, centros de investigación y otras instituciones en la Isla, sabemos bien lo que esto significa en cuestión de limitaciones de descarga de documentos de diversos tamaños, sobre todo en horarios picos donde se conectan a la vez casi toda la población de miles de estudiantes, profesores y/o investigadores.

La línea de fibra óptica, que cubrirá una distancia de cinco mil 340 kilómetros, ente Venezuela y Santiago de Cuba, está siendo colocada por la empresa mixta Gran Caribe S.A, a un costo de unos 70 millones de dólares, con una vida útil de 25 años.

El hecho de que el deseado cable toque tierras santiagueras, genera una expectación mayor entre quienes habitamos esta parte de la isla, ansiando que seamos de los primeros en ser testigos de las esperadas ventajas; sin embargo, aún queda un buen trecho hasta que ésta línea comience a prestar servicios; y habrá que esperar a ver qué estrategias seguirá el país respecto al uso de esta nueva capacidad. Por ahora, los profesores e investigadores de la Universidad de Oriente, esperan que al menos contribuya a eliminar la limitación de poder descargar ficheros de más 4MB  sólo en determinado horario.

 

Navegador de artículos