Santiago en mi

Archivar para el mes “noviembre, 2010”

El Museo Arquidiocesano de Santiago de Cuba

Cada ciudad tiene el poder de sorprendernos, de conmovernos hasta los huesos; aunque la hayamos habitado durante toda una vida (centenaria en algunos afortunados casos). A veces basta un nuevo impulso, un nuevo objetivo, para mirar con ojos renacidos la añeja ciudad y descubrir (redescubrir) lo que siempre ha estado allí, generosamente esperando por nosotros. Para mí, ese nuevo impulso es este blog; ese nuevo objetivo es esta necesidad de redescubrir (descubrir) con otros ojos mi ciudad, para, a la par que la voy reconociendo, mostrarla a todo aquel que desee compartirla conmigo.

Así, una tarde de esas en que todo lo planificado se derrumba, y el día amenaza con esfumarse en un decepcionante aburrimiento, un cartel de marmórea apariencia, tantas veces visto durante años, se me vuelve certeza por vez primera y me impulsa a subir la breve y amplia escalinata que, desde la calle San Pedro, me lleva hasta el costado izquierdo de la Catedral santiaguera. Vencido los escalones y un corto trayecto entre largos y delgados troncos de madera que descansan acostados, en espera de futuros apuntalamientos; llego a una puerta estrecha, la cual, a pesar de estar abierta, nos enfrenta a una pared y demora el descubrimiento de su verdadero contenido, dejando toda el protagonismo informativo a las letras que sobre arco informan que estoy a unos pasos de visitar, por vez primera, el Museo Arquidiocesano de Santiago de Cuba.

La Catedral santiaguera guarda en uno de sus laterales, parte de la historia de la Iglesia católica en Cuba

Para mi, que no profeso religión alguna, las impresiones despertadas por esta visita serán, necesariamente, diferentes a las de quienes, desde su fe, descubran en cada imagen, en cada mueble, en cada texto u objeto; un mensaje específico, más allá del mero valor histórico o artístico que me atrajeron durante casi una hora y más. Cuanto aquí les comento lo hago con un objetivo específico: despertar la curiosidad por conocer esta otra parte de la historia santiaguera que, en ocasiones, escapa de los libros. Les hablo hoy pues, sobre el Museo que guarda la historia de la Iglesia Católica en Santiago y en Cuba.

Basta atravesar la angosta puerta principal, ya nos rodea un ambiente diferente, matizado por una extraña penumbra que poco después se nos revela causada no tanto por la carencia de luz como por la aglomeración de objetos de enormes dimensiones, colocados en un espacio que se antoja demasiado pequeño y apenas deja estrechos pasillos entre las muestras, en los cuales, difícilmente puedan permanecer paradas dos personas, una al lado de la otra. Para llegar hasta estas muestras expositivas, se debe subir una escalera de pétreos escalones al final de la cual, la imagen de Joaquín de Osés y Alzúa, primer arzobispo de Cuba, nos observa con una religiosa seriedad. El retrato de Osés, es uno de los que cubren toda la extensión de tres de las cuatro paredes del salón principal, mostrando en sus lienzos las figuras de toda la genealogía episcopal de esta Catedral, a excepción del arzobispo actual, Dionisio García y su antecesor, Pedro Claro Meurice Estiu.

Lo segundo que irremediablemente llama la atención, es la presencia del responsable del museo, un señor de mediana edad, bigotes y espejuelos; el cual se sienta tras un grueso escritorio que bien pudiera ser uno de los objetos en exposición, mientras escucha en su una pequeña radio, la música que transmite una emisora local, lo que brinda al ambiente un irreverente anacronismo. Es precisamente este señor el que, con voz monótona, aburrida, y que delata un discurso repetido en infinidad de ocasiones; indica el sentido del recorrido por los improvisados pasillos del museo: desde el primer retrato (justo al lado de una angosta abertura con ínfulas de puerta que interconecta los dos únicos salones del museo), siguiendo el sentido de las manecillas del reloj; luego se pasa al segundo salón (que se visita en el orden que se desee); y por último se regresa al salón inicial para apreciar los objetos que desbordan todo el centro de la sala.

El primer cuadro de la muestra queda, tal y como mencioné, al lado de la apertura que da lugar al salón contiguo; pero es una pequeña pintura ubicada justo sobre la pared que dibuja el arco de esa puerta, lo primero que llama mi atención. Se trata de una copia de la plumilla del pintor Dennis Gallardo, cuyo original se guarda en el Archivo de Indias, en Sevilla, España, y en la cual se representa la Ermita de Santa Catalina, primera iglesia con que contó la séptima villa fundada por los conquistadores en esta isla; y la cual se ubicaba en las antiguas calles Marina y Callejón de San Francisco (hoy Aguilera y Padre Pico). A partir de él, sí asistimos a toda la cronología de obispos que han sido nombrados para esta Catedral, amén que hayan oficiado en ella o no. Además del mencionado Monseñor Osés y Alzúa, destacan los santiagueros Monseñor Santiago José de Hechavarría y Elquezúa, quien fuera obispo de Cuba en 1769, según consta en la Bula del Papa Clemente XIV (escrita en latín con una caligrafía exquisita pero ilegible para ojos inexpertos), convirtiéndose así en el primer obispo residencial nacido en Cuba; y la de Monseñor Francisco de Paula Barnada y Aguilar, nacido en esta ciudad el 24 de abril de 1835, y quien se convirtiera en el primer arzobispo de origen cubano al gobernar la arquidiócesis santiaguera entre los años 1899 y 1913. Resalta también en esta galería episcopal, el retrato de Monseñor Enrique Pérez Serantes, quien bendijera e inaugurara, el 28 de diciembre de 1963, este Museo que hoy ostenta su nombre. Monseñor Pérez Serantes ofició en la arquidiócesis santiaguera entre los años 1949 y 1968. A su muerte, fue sepultado en la Catedral.

El Monseñor Enrique Pérez Serantes, bautizó e inauguró en 1963, este Museo que hoy lleva su nombre

Completan la muestra de esta sala una serie de esculturas, muebles, documentos, objetos de los más diversos orígenes, cada uno más sorprendente que el otro. Así encontramos Bulas papales originales, bajo la firma y sello de Pío XI; mitras y báculos usados por algunos de los obispos que nos observan desde sus lienzos, así como algunos de los objetos personales usados por el Papa Juan Pablo II durante su visita a esta ciudad en enero de 1998. Sin embargo, una de las impresiones más significativas que me deparó este salón, fue lo sentido ante la imagen de Santa María Magdalena penitente, tallada en madera policromada durante el siglo XVIII; copia de la existente en la Sala Capitular del Convento de las Descalzas Reales, en Madrid, obra de Alonso Cano. Está la santa con su mirada alzada hacia el techo, como a la espera de una revelación. Sus ojos, hechos de un material que mimetizan el brillo natural de los ojos humanos, y la exquisitez del tallado de sus facciones, me hicieron permanecer parado durante largo rato ante ella, sin poder apartar mis ojos de los suyos, como si esperara que de un momento a otro, la santa bajara su mirada y la enfrentara con la mía. Fue realmente una experiencia muy extraña, un estado sugestivo que, adivino, sea exactamente el propósito buscado por quienes crean estas figuras.

El segundo salón del museo, ubicado unos centímetros más alto que el principal, está ocupado casi en su totalidad por una enorme mesa rodeada de sus respectivas sillas, todo el conjunto hecho de un maderamen ya centenario. Detrás de este inmobiliario se alza un hermoso librero que guarda tras sus vitrinas, textos decimonónicos y contemporáneos, para su consulta como material bibliográfico. Las paredes de este salón tampoco escapan a los cuadros de temática religiosa: santos, vírgenes, ángeles, abundan en los lienzos. Sobresale también un enorme crucifijo, rescatado del Castillo del Morro, ante el cual se arrodillaban los condenados a muerte que guardaban prisión en aquella fortificación durante la colonia. Guardan las diversas vitrinas de este espacio, notables documentos relacionados con la vida católica de esta región. Allí están las partituras de puño y letra del presbítero Esteban (Estevan) Salas, maestro de capilla de la Catedral de Santiago y uno de los íconos de la música clásica cubana; también las actas que recogen los detalles sobre el traslado de la Vírgen del Cobre desde su sitio de reposo en la Iglesia del poblado El Cobre, con motivo de los combates llevados a cabo en esa zona entre mambises y españoles durante nuestras guerras de independencia; así como las actas de la primera misa celebrada en la manigua redentora, en el siglo XIX cubano.

Pero destacan en esta sala, a mi entender, dos piezas de singular significación. La primera de ellas, la copia de uno de los clavos de la crucifixión de Cristo, la cual está acompañada por un documento fechado en abril de 1832, el cual, en latín, certifica su autenticidad:

“Universis et singulis praesentes litteras inspecturis fidem facimus, atque gillo colligatum, appositum fuiste supra unum ex Sacris Clavis quibus D.N.J.C. crucifixus fuit, et asservatur in nostro sacrarum Reliquirum sacello in Monasterio Sanctae Crucis in Jerusalem de Urbe, tamque affabre elaboratum esse ut similimus videatur.

Datum Romae in nostro Monasterio Sanctae Crucis in Jerusalem”

La otra, y quizás la de mayor valor en toda la colección; es el cuadro del “Santo Ecce Homo”; óleo sobre madera de la autoría del pintor colombiano Francisco Antonio, pintado en Cartagena de Indias a principios del siglo XVII; luego de los cual, fue traído a esta ciudad de Santiago de Cuba en 1610 por Francisco Rodríguez y colocado en la puerta del sagrario del Altar Mayor de la catedral. Esta pintura se considera la más antigua de Santiago, y quizás de Cuba.
En el cuadro se representa la imagen de Cristo atado a una columna después de ser flagelado por los romanos. Pero su trascendencia, más allá de su antigüedad, radica en las leyendas que lo han rodeado desde el siglo XVII santiaguero; aspecto este que resulta ampliamente tratado por el historiado Rafael Duharte Jiménez en su libro “Lo real maravilloso santiaguero”. Una pequeña tarjeta que acompaña al cuadro, resume el origen de la leyenda:

“El Chantre Juan Lizano y Luyando vio en varias ocasiones cómo este cuadro sudaba sangre, otro sacerdote, celebrando una misa por el vecindario, oyó una voz repetida desde lo alto que decía: Ecce Homo, y desde ese entonces comenzó a llamarse por este nombre”.

Según cuenta el profesor Duharte, fue el propio chantre Juan Lizardo quien dio inicio a la fiesta del Santo Ecce Homo en 1648, “con vísperas, procesión y toda solemnidad”. Al Ecce Homo se le adjudicaron, con el tiempo, numerosos milagros, y nuevas leyendas lo fueron rodeando de un aire místico; incluso se asegura que su primer milagro estuvo asociado al episodio histórico que inspiro el primer poema épico de la literatura cubana: Espejo de paciencia.

Durante años, la imagen del Santo Ecce Homo estuvo asociada a los largos períodos de sequía que sufría la ciudad, durante los cuales se le solicitaba ayuda, en reclamo de lluvias. De ahí que, según “Lo real maravilloso santiaguero”, el fin del culto al Santo coincidiera con el nacimiento del primer acueducto de la ciudad; aunque, según la opinión de Antonio López de Queralta Morcillo, director del Museo Arquidiocesano, citado pr Rafael Duharte en el mencionado texto, la extinción del culto se debió a que “no llegó a ser nunca una cosa netamente popular, quedó en el alto clero y las familias del patriciado criollo”.

Muchos más detalles pueden ser encontrados, por ojos más perceptivos que los míos, en cada una de las muestras que guarda la Catedral santiaguera en uno de sus laterales. Es un espacio no sólo para los que profesan una fe, sino para toda aquella persona sensible a la belleza de las artes, de las obras humanas en general. De mi parte, ya está hecha la invitación. El resto queda por ustedes.

Realizan reparaciones en el estadio Guillermón Moncada

A sólo días del inicio de la Serie Nacional 50, la llamada Serie de Oro, se ultiman detalles y recibo con beneplácito la buena nueva de las reparaciones del cuartel general del equipo Santiago. El próximo martes 30 espero ser de los primeros en disfrutar de las novedades prometidas, especialmente la pizarra electrónica. Arreglos que sólo perfeccionan un estadio de los más bellos del país.

Realizan reparaciones en el estadio Guillermón Moncada

Reparaciones en los palcos, dogout y clubhouse se realizan en el estadio de béisbol Guillermón Moncada, de Santiago de Cuba, con el objetivo de dejarlo listo para la 50 Serie Nacional, reporta la AIN.

Los 18 trabajadores imbuidos en esa tarea de mantenimiento ya retocaron con pintura las gradas y ahora se dedican a embellecer el entorno de la parte exterior.

Dubalcaín Castellanos, jefe de la brigada de mantenimiento en la instalación beisbolera, dijo a la AIN que en lo referido al terreno de juego están chapeando el césped y cubrieron la parte de la media luna con arcilla, medidas que garantizan mantenerlo en buen estado.

Señaló como algo significativo el montaje de una nueva pizarra electrónica que funciona por medio de computadoras, a la que ya se le montaron los paneles, aunque le faltan algunos detalles que serán concluidos antes del inicio de la Serie Nacional.

No se descuida tampoco la limpieza de las áreas exteriores, que incluye la poda de árboles situados en los alrededores del mayor recinto con que cuenta la pelota en Santiago de Cuba, tradicional sede de Las Avispas.

Asimismo es esperada la llegada de una brigada procedente de la capital, que tendrá a su cargo la responsabilidad de reparar los colchones ubicados en las cercas, protección muy necesaria para los jardineros.

Castellanos precisó que las tres cafeterías del estadio están en perfectas condiciones para brindar servicios gastronómicos a los aficionados santiagueros y visitantes, mientras son retocados los baños e interiores

vía Realizan reparaciones en el estadio Guillermón Moncada.

Porque el “remedio no sea peor que la enfermedad”

En las últimas semanas, varios medios de prensa nacionales se hicieron eco del desarrollo de la segunda etapa del proceso de dragado de la bahía de Santiago de Cuba, con el objetivo de restituir el calado de diseño en el canal interior, dársena de maniobra, canales secundarios y los cajones de atraque, según Ramón Suárez, vicepresidente técnico de la Administración Portuaria en la provincia. Más de 37 mil metros cúbicos de sedimentos se habían eliminado hasta el mes de octubre como parte del dragado, lo que permitirá que para el año 2013, fecha en que culmina la etapa en marcha, se pueda alcanzar los 11,20 metros de profundidad en la bahía, para luego llevarlos hasta los 14 metros (de los 10,97 metros con que cuenta en la actualidad) que permitan la entrada de embarcaciones con una carga superior a las 55 mil toneladas. Cuando leo la noticia, sin embargo, me queda la sensación de que este proceso se lleva a cabo atendiendo a aspectos meramente económicos (aunque mencionan los sociales), lo cual me queda corroborado con las palabras de Suárez, citadas acerca de la ventaja que reportaría en cuanto a la disminución de los pagos de fletes al darle a los buques de mayor porte una segunda posición de descarga, teniendo en cuenta las limitaciones de calado que presenta la ensenada santiaguera. Pero del impacto medioambiental se dice muy poco.

De inmediato busqué información en la red de redes sobre la temática; y sin ir más allá de los primeros vínculos brindados por el buscador Google, hallo que entre los principales impactos ambientales de los dragados se enumeran: la liberación de contaminantes según la resuspensión del sedimento; destrucción del hábitat; cambios en la composición química y circulación del agua; mayor turbiedad, lo que disminuye los niveles del oxígeno disuelto; entre otros no menos importantes.

Como quiera que no soy especialista en la materia, consulté la opinión de la Dra Liliana Gómez Luna, investigadora con amplia trayectoria en el trabajo medioambiental en la bahía de Santiago; acerca de los riesgos medioambientales que puede implicar el proceso de dragado de una bahía, en cualquier lugar del mundo. Mejor que “una entrevista concedida”, encuentro en el Blog de la Red de Ecotoxicología que dirige la Dra Gómez Luna en esta ciudad de Santiago, una interesante entrada en la cual la investigadora aborda, bajo el título, Dragados: un tema polémico, aspectos que aclaran cualquier duda sobre el tema.

Me reafirma la publicación del Blog de Ecotoxicología que el efecto más frecuente de los dragados en ecosistemas acuáticos comprende cambios en la concentración de sólidos suspendidos, turbidez, penetración de la luz y el incremento de nutrientes y sustancias tóxicas en la columna de agua, como consecuencia de la remoción de sedimentos; consecuencias estas que pueden variar en dependencia de los métodos de dragado utilizados.

Encuentro que mi preocupación acerca del enfoque económico que se le da a un proceso de inobjetable importancia, no está del todo equivocada pues como asegura la Dra Gómez Luna, en ocasiones las urgencias marcan el diseño y desarrollo de la tarea, es por eso que mientras el dragado puede marchar bien, según cronograma y con los gastos calculados, puede estarse perdiendo una especie en un ecosistema, puede alterarse para siempre uno de los servicios que este ofrece o bien puede haber una perturbación que ponga a prueba la resiliencia de este ecosistema, afectándolo por mucho tiempo. Por estas razones se recomienda que el análisis de una obra de dragado conlleve también un análisis donde se tenga en cuenta la participación de todos los involucrados (gestores, tomadores de decisiones y científicos), aun cuando se sabe a priori que pueden hacer recomendaciones económicamente menos viables aunque ambientalmente justas.

Acerca de la experiencia del proceso de dragado en la bahía de esta ciudad oriental, se resaltan algunos de los aspectos que la han caracterizado y que sirven de ejemplo de cuanto se ha dicho. Advierte la investigadora que en dragados realizados en la bahía de Santiago de Cuba se han detectado floraciones de cianobacterias, diatomeas y dinoflagelados [algas tóxicas], durante y después de la ejecución del mismo. También han sido detectados quistes de dinoflagelados en la zona de vaciadero, lo que sin dudas constituyen indicadores de alerta temprana. Como consecuencia de estos procesos se han reportado casos de intoxicaciones en bañistas que se han expuestos a las fitoxinas durante las obras de dragado de la bahía.

Dragar es perturbar, sentencia la investigadora santiaguera. Por lo que todo cuidado en la realización de esta obra es poco. Esperemos que en el caso del tan promocionado dragado de la ensenada sur-oriental, se aplique todo el conocimiento científico-técnico de los involucrados (directos o no) para garantizar que, una vez concluido el mismo, no nos encontremos ante desagradables sorpresas en lo que a materia ambiental se refiere; y venga una vez más nuestra mente, el famoso refrán: fue peor el remedio que la enfermedad.

Completado equipo Santiago a la Serie Nacional 50

Finalmente se completó el listado de 32 peloteros santiagueros a la Serie Nacional número 50, al darse a conocer en el día de ayer, los ocupantes de las seis plazas que quedaban disponibles en el equipo.

Éstas fueron ocupadas por: Miguel Angel Tellez (receptor); Glaubert Kindelán (jugador de cuadro); Ruden Sánchez (jardinero), uno de los que se extrañaron en el llamado inicial; y los lanzadores Yaumier Sánchez, Pedro Agüero y Enrique Pérez.

En lo personal no entiendo por qué la inclusión de un cuarto receptor en la selección, pero la Dirección Técnica del conjunto conoce mejor sus planes técnicos tácticos. Por lo demás, queda ver si Yaumier se encuentra del todo recuperado de su brazo de lanzar, y puede redondear un staff de pitcheo que aparenta ser el punto más débil de la selección indómita.

El próximo día 28 dará inicio la Serie Nacional 50 con el juego inaugural entre Industriales y Villa Clara, y para el martes 30 el equipo santiaguero estará debutando en su cuartel general frente a los subcampeones villaclareño.

Reconocida trayectoria deportiva de peloteros santiagueros

En el día de ayer, en los salones del antiguo Ayuntamiento de la ciudad, sede del Poder Popular Municipal, fueron reconocidos, con la entrega de la Medalla 495 Aniversario de la Fundación de Santiago de Cuba, los peloteros santiagueros Norge Luis Vera, Héctor Olivera Amaro, y Alexei Bell, todos miembros del último equipo Cuba, campeón de la Copa Intercontinental de Béisbol, celebrada en Taipei de China.

La entrega de esta medalla reconoce no sólo la actuación de estos tres peloteros en los últimos equipos Cuba, sino toda su trayectoria en las filas del conjunto santiaguero, en nuestras Series Nacionales de Béisbol. Los tres galardonados, quienes desde ya se alistan para participar en la edición 50 de nuestros Clásicos Nacionales, coincidieron en afirmar que la entrega de esta Medalla constituye un compromiso con el pueblo santiaguero.

Restauran Museo del Ron para mejorar imagen y servicios

Sigue el afán restaurador en Santiago de Cuba (para aquellos que ponen en duda el trabajo que día a día se realiza por nuestra ciudad). Ahora le toca el turno al Museo del Ron, considerado el de más amplia colección en el Caribe. Los dejo con la noticia completa según la ve la televisión camagüeyana.

Museo del Ron

vía Restauran Museo del Ron para mejorar imagen y servicios.

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