Santiago en mí

Algo de la Historia “no contada”

Unas semanas atrás comentamos en este blog sobre de un artículo del periódico Sierra Maestra de la década de 1990, que hacía alusión al sitio más alto de la ciudad. El mismo se ubica, según dicha publicación, en la intersección de las calles Paraíso y San Jerónimo, a un costado de la antigua Clínica de los Ángeles, en el enverjado de la cual, una lápida soporta la siguiente inscripción:

“A la memoria de los tres primeros mártires de la independencia.
Cornelio Robert Sagarra, Aurelio Castillo y Félix Tejada
Fusilados el 27 y 29 de marzo de 1869”

Siempre me llamó la atención esta inscripción, pues no recuerdo mención de tales mártires en ningún texto de historia de Cuba a los cuales tenemos acceso en las escuelas durante nuestra formación. Supuse que se trata de esos sucesos que quedan más como anécdotas, sin trascender ante la inmensidad de otros personajes y hechos históricos que se adueñan del espacio contenido en unos pocos cientos de páginas en los libros de Historia; y que de ser contados en su mayoría, harían de éstos textos, inmensos tratados de miles y miles de páginas gloriosas.

Sin embargo, la casualidad puso ante mis ojos una parte de la historia encerrada en el mármol de esa curiosa lápida. Hoy les cuento sobre Cornelio Robert Sagarra, parafraseando al monumento, el primer mártir santiaguero de nuestras guerras de independencia.

Cornelio Robert era un negro esclavo, propiedad de Don José A. Robert y Sagarra, el cual era caballero de acomodada posición en la sociedad santiaguera de la primera mitad del siglo XIX, y dueño de la finca La Veguita, cuyos límites se extendían desde el actual reparto Vista Alegre hasta las tierras cercanas al Caney. Cornelio era muy estimado por su amo, quien lo consideraba su hombre de confianza y secretario personal, y le permitía vivir como si fuera un hombre libre.

Como muchos otros nobles de su época, Don José se vinculó a las actividades conspirativas contra España. En su casa, ubicada en la calle Jaguey nro 20, en la ciudad de Santiago de Cuba, se creo un centro conspirativo al cual acudían otros revolucionarios a coordinar tareas para el apoyo a la causa mambisa, recién iniciada el 10 de octubre de 1868. Entre los conspiradores también se incluí el negro Cornelio. Durante una de esas reuniones surge la idea de lanzar un grito de rebeldía santiaguera, aprovechando el acto masivo que tendría lugar por la Procesión del Retiro del Viernes Santo del 26 de marzo de 1869. De inmediato, Cornelio se ofreció para llevara adelante la idea y fue aceptada por el resto de los reunidos, dada la audacia, valentía y destreza demostrada por el esclavo, así como la confianza que en él depositaba don Pepe.

El viernes señalado, cuando la concurrida y fastuosa procesión se acercaba al Templo de Nuestra Señora de Dolores, ya de noche en la ciudad, el grito de: ¡Viva Cuba Libre! Rompió la liturgia del sacro momento.

La muchedumbre feligresa estalló de espanto; rodaron cirios y santos, bajo los pasos desesperados de hombres, mujeres, niños y ancianos, hacia cualquier dirección; lo cual no era más que una muestra del temor a la represalia de las autoridades coloniales, en momentos en que la atmósfera en Santiago de Cuba era muy peligrosa, a sólo cinco meses y 16 días de iniciada la guerra de independencia; y cuando muchos santiagueros estaban con los mambises o en planes para marchar a la manigua.

Don Emilio Bacardí recogió el momento en sus inigualables Crónicas de Santiago (Tomo 3, 1923):

Alboroto (Viernes Santo, 26) Al llegar la imagen de la Virgen de Dolores a la plaza de Serrano, calle de las Enramadas esquina a San Bartolomé y Carnicería, se forma un tumulto echando a correr la gente y quedando casi abandonada la imagen solo con la custodia de la tropa de línea que marchaba detrás de la procesión (…)”

Luego del grito de independencia, Cornelio, que había sido identificado entre la multitud, es objeto de una feroz cacería. En su huída, el negro se trepó al techo de la panadería “La Valenciana” y se tiró al patio del Licenciado Don Manuel Girón de las Cuevas, de donde fue conducido por una sirvienta hasta la puerta anterior de la casa, y huyó por la calle Enramadas. Luego siguió por Reloj y tomó San Germán hasta la casa marcada con el número 50 (en la actualidad el 103), en la que su amo mantenía un depósito de ladrillos. Pero, no sintiéndose seguro en este sitio, decide trasladarse hasta casa de su concubina en Factoría y san Antonio, donde en definitiva es aprendido.

Una vez preso es presionado para que delate al resto de los conspiradores, pero Cornelio no cede y es condenado a muerte por fusilamiento. Sin embargo, no pudo ser ejecutado a la mañana siguiente por ser Sábado de Gloria, y hasta que no fuera cantada la misa de las diez de la mañana no podía cumplirse la sentencia, según los preceptos religiosos de la Iglesia Católica establecidos para los días de la Semana Santa.

El sábado 27 de marzo de 1869, Cornelio Robert Sagarra fue sacado de la cárcel para ser fusilado junto a la tapia del antiguo Cementerio de Santa Ana, justo donde hoy, es recordado por un hermoso monumento de mármol.
Recuerda Bacardí el suceso en sus Crónicas …:

Cornelio Robert Es pasado por las armas, a las 10 de la mañana, Sábado de Gloria 27, después de cantada ésta por la Iglesia, el negro esclavo Cornelio Robert por acusársele de que había sido autor del tumulto de la noche anterior, Viernes Santo, gritando en la Plaza de Dolores ‘Viva Cuba Libre’. Las crónicas cuentan que el castigo por el dicho de Cuba Libre fue un pretexto, que no hubo tal grito subversivo, y que la cuestión consistió que se quería obligar al negro esclavo que denunciase o declarase, contra sus amos (…). Fue la primera víctima en Santiago de Cuba por la guerra de independencia.”

También encontramos en la obra citada de Don Emilio, la referencia de los otros mártires a los cuales se recuerda en la inscripción de la Clínica de los Ángeles. Recoge Bacardí el suceso con estas palabras:

Tejada y Castillo (29) Son fusilados el joven D. Félix Tejada y Texidor, blanco, de 21 años y Aurelio Castillo, mulato, de 50 años. El primero había llegado hacía poco de España, y el segundo se encontraba en el Hospital Civil aún no convaleciente. Estos señores fueron pasados por las armas en las tapias del Cementerio de Santa Ana.”

Aunque sobre este caso no se mencionan más detalles.

Fuente
1. Periódico Sierra Maestra, octubre de 1983.
2. Crónicas de Santiago (Tomo 3) Edición del 1923. Emilio Bacardí Moreau

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