Santiago en mí

Oleada de buena suerte

En ocasiones la vida nos premia con momentos especiales; y se agradece. En otras, nos depara desagradables sorpresas que casi nunca vienen solas, tal y como sentencia el refrán. Pero extraño resulta que sean esos momentos especiales los que nos lleguen en oleadas de buena suerte. Entonces más que agradecerlos, hay que aprovecharlos. Eso trato de hacer con las experiencias vividas durante la pasada semana.

Parece como si todos los caminos de la historia se hubieran confabulado para regalarme la satisfacción de encontrar la encrucijada donde se señalan todos los destinos. Y esos destinos llevan a un mismo y querido sitio: Santiago de Cuba.

Nunca antes, como en los días que van quedando en el recuerdo imperecedero, experimenté en mi piel la sensación viva de la historia, de esa misma historia que he intentado llevar a Uds. en cada una de las entradas de este blog. Primero, el hallazgo casual de casi un centenar de fotos antiguas de la ciudad, donde se evidencia la evolución arquitectónica de la misma; se reconocen, en el blanco y negro de los grabados, los mismos edificios que atestiguan nuestros pasos de hoy día; e incluso, se despierta la polémica ante fotos que nombran calles y entrecalles decimonónicas, en las cuales se busca, sin encontrar, la eterna presencia de la Catedral santiaguera, como confirmación de su veracidad. Muchas de esas fotografías formarán parte de futuras entradas en este blog. Otras quedarán para disfrute personal, siempre satisfactorio, ante la imposibilidad de acompañarlas de mayor información que la que brinda su imagen gastada; o porque acaso, otra de similar naturaleza hizo méritos superiores para ocupar un lugar en Santiago en mi.

 

Una de las fotos halladas casi casualmente. Imagen nocturna de Enramadas en la década del 50 del pasado siglo

Apenas par de días más tarde, durante una tarde-noche santiaguera atípica, de lluvias sorpresivas y vientos fríos, mi buena fortuna, disfrazada de amistad, me puso en una sala rebosante de pinturas, con la siempre inigualable compañía de un exquisito té y una conversación agradable e Instructiva, que derivó a un intercambio intergeneracional de sorprendentes convergencias; entre ellas, otra vez, Santiago y su historia. En apenas una hora de intercambios las anécdotas volaron; y la certeza de una fuente extraordinaria de conocimientos y experiencia sobre la historia, la cultura y el quehacer santiaguero de estos y otros tiempos, surgió irremediablemente ante mi.

La última de las extraordinarias coincidencias que marcaron mi semana, la viví tras el soleado prólogo de una caminata que me llevó a una de las casas de la mítica calle Padre Pico. Allí, a salvo momentáneamente de la lluvia de sol de una tarde santiaguera, fui testigo y depositario a la vez, de dos valiosas muestras documentales sobre temáticas ya tratadas con anterioridad en este blog. La primera de ellas consistió en ver, por vez primera, un documental realizado en 1986, a esa singular figura que respondió al apodo de “El Diablo Rojo”; y disfrutar del placer que resulta de escuchar la historia contada por su protagonista; comprobar con la vista lo que las palabras narran, a veces con un inevitable halo de fantasía o exceso. La segunda, el extraordinario testimonio de los sucesos acaecidos los días sucesivos al 3 de febrero de 1932, cuando la ciudad de Santiago fuera sacudida por uno de los peores sismos de su historia; todos recogidos en un libro de hojas añejadas en humedades, bajo el nombre de “Recuerdo Histórico del Terremoto de 3 de Febrero de 1932”. Ambos temas, vistos ahora desde un nuevo prisma (el de la propia palabra –hablada y escrita– de sus protagonistas) me harán volver irremediablemente sobre mis pasos, para aportar otros elementos que, unidos a los ya mencionados en sus correspondientes publicaciones de fechas anteriores, permita a los lectores redondear una visión histórica de estos eventos.

Mientras tanto, las ideas se entremezclan en un desordenado desfile que apenas logro encauzar; escurriéndose por entre las imágenes que se agolparon en mi mente durante los días pasados. Nuevos retos se me imponen: descubrir la historia oculta en algunas fotografías de origen desconocido; trasmitir las ideas escritas por otros, las palabras por otros dichas. En fin, hacerles llegar, al menos en parte, la satisfacción de haber sido testigo una vez más, de la historia de esta ciudad.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: