Santiago en mí

El terremoto del 32

A la 1 y 12 minutos de la madrugada del miércoles 3 de febrero de 1932, la ciudad de Santiago de Cuba experimentó una de las mayores catástrofes de su historia, cuando fue víctima de un sismo de gran intensidad que dejó en ruinas, según las fuentes oficiales de la época, alrededor del 80% de sus edificaciones. Sin embargo, la crónica de lo que significó el día 3 de febrero, y los días posteriores (hasta aproximadamente dos meses después del terremoto), parece remontarse a algunas semanas atrás de la fatídica jornada, y adquiere matices místicos, según recordarían fechas después algunos de los testigos del hecho.

El domingo 24 de enero, durante luego de la lectura del Evangelio dominical en una iglesia de Palma Soriano, el Padre Cresencio Pajares de la Herrán, Reverendo Padre de la Orden de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, habló a sus feligreses de esta forma:

“Con todo el dolor de mi alma, pero es mi deber de Párroco, os digo por tercera y última vez que os fortalezcáis con los sacramentos y no olvidéis la oración. La prueba que tenemos que pasar es aquí, en Palma [Soriano] y en Santiago, y es muy grande. Yo no se lo que es pero mi padre no se equivoca, y esta es la última vez que os puedo avisar. Ya casi estamos en la prueba

Durante las misas de los días 10 y 17 de enero, el Padre Callejas, guiado por una “inspiración extraña”, también había hecho una predicción similar sobre una supuesta prueba a la que sería sometida la ciudad de Santiago de Cuba y sus alrededores. El día 24 de enero de 1932, luego de la última de las predicciones, el Padre Pajares enfermó. El 3 de febrero la urbe santiaguera y sus alrededores amanecieron bajo las sacudidas de un terremoto.

Portada del Libro

Momentos de angustia

Lo acaecido durante el intervalo que duraron las sacudidas del terremoto de 1932, pudo haberse reflejado en cada una de las miles de historias personales que los habitantes de Santiago vivieron aquella madrugada, y que poco después fueran recogidas con mayor o menor exactitud en la prensa de la época. En las páginas de un libro recopilatorio del Magazine Las Noticias, editado por la Casa Editora Arroyo Hermanos, de la calle Pío Rosado (hoy Carnicería), bajo el título de “Recuerdo Histórico del Terremoto de 3 de Febrero de 1932”, se leen algunas de estas crónicas en la palabra de sus propios protagonistas. Uno de ellos rememora lo sentido el 3 de febrero de 1932:

“Momentos de angustia terrible vivimos los habitantes de Santiago de Cuba desde la una y doce minutos de la madrugada del día 3 de febrero hasta el presente (…). A esa hora aproximadamente, sintiéndose un trueno que venía de las profundidades de la tierra (…) Inmediatamente del primer sacudimiento, algo leve, pero como si se tratara de una gracia que se conocía, fue el aviso (…). Conmociones intensas en todas direcciones nos hicieron pensar que era la terminación del mundo. Chasquidos por doquier; un ruido ensordecedor de paredes que se desplomaban a nuestro alrededor, cristales que se trituraban; todo giraba a nuestra vista; las estrellas en el límpido cielo se confundían, se unían, tenían una luminosidad desacostumbrada; no podíamos coordinar ideas; sólo nos guiaba el instinto de salvación; nos guarecíamos con los pequeños bajo las paredes de madera de los edificios (…)”

Muchos coinciden en afirmar que el horario en que ocurrió el terremoto, y el hecho de haber sido precedido por lo que pareció ser un sismo de menor intensidad, contribuyó a que el número de víctimas fuera el mínimo, amén de la cultura sísmica adquirida por los habitantes de esta urbe a lo largo de su historia, debido a su largo historial de movimientos telúricos que se remonta a los años primeros de la villa de Santiago. Todo esto permitió que a una gran parte de la población le diera tiempo de abandonar sus casas, incluso verlas derrumbarse ante sus asombrados ojos.

Pasado el sacudimiento inicial, llegó la hora del recuento de daños, los cuales, a primera vista, eran considerables; “tal vez no menos de cincuenta millones” de pesos:

Estado en que quedó una de las Salas de Maternidad del Hospital Civil

“Lo destruido son edificios como el Hospital “Saturnino Lora”, la Cárcel Provincial; el Asilo “San José”, la Casa de Beneficiencia, el “Palacio de Justicia”, suman ya casi un millón. Lo destruido son propiedades como el edificio “Serrano”, el Club “San Carlos”, el Corredor de Cristina, el “Ten Cents”, el Hotel “Luz”, representan un millón o más de dólares perdidos. Lo destruido son palacetes como los de Vista Alegre, que también significan muchos cientos de miles de dólares. Lo destruido son templos soberbios, como la Catedral en casi totalidad, “Dolores”, “San Francisco” parcialmente cuyo costo de construcción fue crecidísimo. Lo destruido son casas comerciales como la de Alonso Martínez, “Las Novedades” etc, en donde además de los muros caídos, se echó a perder mucha mercancía –en la Droguería de Mestre y Espinosa solamente hubo una pérdida de cerca de cuarenta mil pesos. Lo destruido, dicho en una palabra, fue casi toda la propiedad pública y privada de la ciudad.”

Casi de inmediato comenzaron a llegar las primeras ayudas para paliar la situación en que había quedado la ciudad y sus habitantes, destacándose la labor de varias compañías particulares como la Crusellas y la Bacardí (la cual a su vez sufrió también numerosas pérdidas durante el fenómeno natural); así como de algunas personalidades políticas de la época. Sin embargo, se afirmaba que esta ayuda no sería suficiente, dado el monto de las pérdidas:

“Con el millón que propone Alberni [José Alberni Yancé, congresista de la república], suponiendo que el Senado le importa su aprobación; más los 300 mil que pretende recabar el representante Bravo Acosta ya aprobados por la Cámara, incluidos los cien mil que se podrían obtener del sorteo de Lotería; haciendo alto aprecio de la labor del señor Hornedo [millonario Alfredo Hornedo] al encargarse de reconstruir de su peculio particular el Hospital Infantil Oriente; sumando a todo esto las múltiples dádivas en mercancías, en medicinas y en dinero que la prensa ha hecho mención…bien se ve que en conjunto no alcanzarán un valor de dos millones de pesos, sin contar con que la mayor parte de esa cooperación se limita a enjugar las necesidades más perentorias, sin dejar para el futuro más que el recuerdo imperecedero.”

Aún pocos días después, el clima de la ciudad era de inquietud: “en medio de sus derrumbes, cuando se pasa por sus cales donde los escombros se aglomeran, cuando se miran aquí y allá los muros caídos o agrietados; en medio de la polvareda que se alza por dorquier por la demolición de los edificios, olvidados por el momento las posible stragedias que oportunamente no ocurrieron (…) todo es bullicio y animación en la urbe.”

La tragedia según informes oficiales

Uno de los primeros representantes del gobierno nacional de la época en hacer presencia en la ciudad destruida, fue el Secretario de Obras Públicas Sr. Narciso Onetti, quien realizo diversas incursiones entre los escombros de la urbe santiaguera para observar, de primera mano, los efectos del terremoto, y tomar las medidas pertinentes para la recuperación. A su regreso a la capital, rindió informe de lo acontecido en forma de un Memorandum, que aparece transcrito íntegramente en el “Recuerdo Histórico …” de los hermanos Arroyo, y del cual les transcribo algunos fragmentos que evidencian, con bastante detalle, la situación encontrada por el Sr Onetti en su recorrido por Santiago.

Sobre las víctimas del terremoto informa el Memorandum del Secretario de Obras Públicas:

“Nº 1- Resumen de las desgracias personales: 13 muertos y 200 heridos. Muchos heridos más que no han ido a curarse a los hospitales. Los muertos se nombran:

“Antonio Pagés, María Casas Suárez, Ofelia Rondón, su hijo y el hijo de la señora Josefa Duharte, cuyos nombres no se conocen. Ernesto Marrero, Manuel Araujo, Hortensia Ramírez, Diógenes Caballero, Antonia Ramírez, Miguel Eduardo Quiala, Cristian Vaillant, José Catases, de 13 años (este falleció después)”

“Los heridos graves son: Simona Albacea, Lucila Cordero, Ramón Ojeda, Angel Adson, Loreto Caballero, René Manuel, Urbano Barrera, José Ramírez, María Luisa Ferrer, Valeriano Saínz, Luisa Sara, Adelmo Pérez, José Prior, José Cordero, Loreto Palacios, Víctor Nereiro, José Sola, José Rizo y José Navarro.”

El caso de Ofelia Rondón y su pequeño hijo, contradice lo escrito en la crónica del periodista Yuris Noridó que me sirvió de base para un escrito similar, donde se aseguraba que a pesar de los graves daños sufridos por el Hospital de Maternidad (área de Maternidad del Hospital Civil “Saturnino Lora”, una de las edificaciones más dañada durante el sismo), no se sufrieron víctimas fatales. En la recopilación de los hermanos Arroyo queda registrada evidencia gráfica de esta muerte. En total luego se mencionan 14 muertos.

Respecto a los daños sufridos por la infraestructura constructiva de la ciudad se dedican varios puntos en el mencionado Memorandum, donde se destaca (entre otros):

“Nº 5- Los desperfectos principales son:

“Edificio de la Aduana: Este edificio a juzgar por su apariencia actual, parece estar en completo estado de ruina, especialmente en su interior (…) En el patio interior aparecen los escombros de los muros laterales del piso alto, que fueron destruidos por el temblor (…)”

“Palacio de Gobierno Provincial: En este edificio se observan los desperfectos de mayor importancia en el piso alto, que es de construcción ordinaria de mampostería de ladrillos, no es así la planta baja que es de construcción de hormigón armado (…)”

“Torres de la Catedral: Por el aspecto que presenta parece probable que sea necesaria la demolición de las mismas.”

Yacen sobre la calle Aguilera, los restos de lo que fue el tercer piso del Club San Carlos

“Club San Carlos: Presenta averiadas sus fachadas, especialmente los pisos superiores de los que el tercero ha quedado totalmente destruido, habiendo caídos sus escombros a la calle lateral, y dado el estado de la parte que ha quedado en pies de este piso, parece procedente su total e inmediata demolición.”

Igualmente propone Onetti algunas soluciones temporales a la situación creada, como es el caso del traslado de la Cárcel Provincial (otro de los edificios seriamente dañados) a los espacios del Castillo del Morro, solución esta que no fue bien acogida por los editores del “Recuerdo histórico…” al no considerar que el sitio sea el más óptimo para tales fines.

Otro de los aspectos que marcó el misticismo del terremoto del 32, fue su verdadera intensidad. En un trabajo anterior sobre el tema había comentado lo siguiente:

“(…) aún resulta polémica la posible intensidad del sismo: “debido a la falta de mediciones fidedignas de la época: algunos aseguran que superó los 8 grados en la escala de Richter, otros creen que estuvo más cercano a los 7 grados, y no pocos especialistas consideran que apenas rebasó los 6”. Al respecto, en el artículo publicado en el número 11 del 2010 de la revista Bohemia (21 de mayo de 2010) se asegura que el sismo tuvo una intensidad de 6,75 grados en la escala de Richter (…)”

Ahora pude acceder a una referencia más directa sobre este aspecto, la cual quedó recogida en el libro de los hermanos Arroyo, gracias a la trascripción que hacen del informe presentado por el ingeniero de la Secretaría de Obras Públicas Sr Eduardo Mantollieu quien corrobora el hecho de que la carencia de mediciones fidedignas contribuye a la duda sobre su intensidad, pero plantea:

“(…) la intensidad del sismo cabe pensar que pueda fijarse entre los grados VI y VII de la Escala Sísmica de Sieberg [categoría que lo define como un sismo entre fuerte y muy fuerte], pues aún cuando la aceleración calculada en algunos objetos, es de tal naturaleza que parece indicar una mayor intensidad, no nos sentimos inclinados a considerarla como probable, en vista de la falta de datos técnicos para su adecuado cálculo y aplicación.”

Hasta el 3 de abril de 1932, fecha de cierre de la edición del libro al cual he hecho mención en esta entrada, se habían registrado un total de 49 sismos de diferentes intensidades, que mantuvieron a la población santiaguera en vilo, hasta llegar la centena de eventos registrados durante ese año. Todavía, el 27 de marzo de ese año, un nuevo sismo de mediana intensidad hizo creer que se trataba de un otro terremoto y que nuevas desgracias acontecerían para los habitantes de esta ciudad. Pero apenas fue el susto. El terremoto del 3 de febrero de 1932, ya quedaba para siempre, registrado en la memoria viva de Santiago de Cuba

Casa de la calle 6 entre 15 y 17 Vista Alegre

El Hotel Venus del Parque de Céspedes. Como consecuencia de los daños recibidos tuvo que ser derribado.

 

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4 pensamientos en “El terremoto del 32

  1. Pingback: “Desempolvando” el Parque Céspedes « Santiago en mi

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