Santiago en mí

De fotografías y remembranzas

Hurgando entre fotos antiguas, recuperadas en formato digital; llegan a mí imágenes de una ciudad diferente y a la vez similar a esta que se encamina al quinto de sus centenarios. Desde la pálida imagen en blanco y negro, o diversos tonos de sepia; desde los gestos y acciones inmovilizados en vida, una vida que tal vez ya es polvo, o cuando menos, cabellos canos y mente escurridiza; desde el perfil de calles a veces irreconocibles, u otras en las cuales el más ínfimo de los detalles delata su contemporaneidad; se nos devela el crecimiento urbanístico de Santiago de Cuba. Un Santiago de amplios descampados, de calles en plena pavimentación, de grandes carteles publicitarios, del Club San Carlos que aún muestra orgullosos sus tres pisos; del Hotel Venus antes de sucumbir a las sacudidas de la fatídica madrugada del 3 de febrero de 1932; de edificaciones que sólo se verán entre las borrosas historias de estas fotos, ocupando espacios tantas veces metamorfoseados. El Santiago de mi abuelo; de los bisabuelos que no conocí.

Y precisamente entre esas fotos encuentro algunas que se enredan en los, siempre tensos, hilos de la nostalgia y alertan mis recuerdos. Se trata del edificio que hoy ocupa el Instituto Pre Universitario Urbano (IPU) “Cuqui Bosch”, el Cuqui, como todo buen santiaguero lo conoce. Mi Pre.

Ahí está su típica imagen cargada de rectángulos, como si lo hubieran dibujado en el espacio con ayuda de una regla. Allí sus breves escaleras, su rampa para autos, sus espaciosos pasillos que miran a la calle, los inmensos ventanales de la biblioteca, su “torre” del reloj. Allí, su eterno cartel: Instituto de Segunda Enseñanza.

Pero nunca antes, como ahora, este cartel cobra toda su dimensión ante mis ojos. Las fotos datan de 1950,1951 y 1952; justo cuando “el Cuqui” aún no era el IPU Cuqui Bosch, sino el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba. Las diferencias entre épocas saltan a la vista. No sólo por las sayas largas de sus estudiantes, o el sombrero de paja de algún que otro transeúnte en guayabera. Sino porque el edificio se muestra imponente, enseñoreándose de todo el espacio que lo circunda: un extenso descampado del que hoy, si acaso, sólo queda el recuerdo. No se halla en la foto el bullicio del Parque del Cuqui, allí donde los jóvenes se reúnen a la espera de las heráldicas clarinadas de un timbre. El lugar de los romances, del descanso entre sesiones; de los planes para el fin de semana; la pasarela propicia para imponer el status social entre los semejantes. Tampoco se encuentra el bullicioso ciclo de vida de las colas en las paradas de ómnibus, el trasiego de humanidades típico de una de las zonas más concurridas del Santiago actual. No sobresale por sobre su estructura la monstruosa estructura del Hotel Meliá Santiago. Se extraña también, a la izquierda, el edificio que hoy ocupa la Dirección Provincial de los Joven Club de Computación, en su lugar, en las fotos, un descampado se abre hasta más allá de lo que hoy son las canchas deportivas que completan las áreas de Pre, tal y como se conoce en la actualidad.

Otras curiosidades guardan las fotos. Presencias y ausencias que no hacen más que valorizar las instantáneas.

En esta foto aún no aparece el reloj que distingue a la construcción aun en la actualidad

En la foto de 1950, aún no aparece el reloj que corona el extremo superior izquierdo de la edificación; mientras que un año después, ya se puede ver este signo distintivo de la institución que, además, presume de su funcionalidad; algo que realmente se extrañaba en los tiempos en los que mis pasos aún resonaban por esos amplios pasillos. Tampoco se dejan ver por esos años, las cercas que rodean todo el perímetro de la construcción; quizás una consecuencia directa del saberse dueño y señor de todo el espacio que lo rodeaba.

De seguro, si pudiéramos hacer un acercamiento a las persianas de la Biblioteca, no hallaríamos las huellas de los tiros que unos años más tarde le dedicaran los soldados de la dictadura batistiana, cuando, un 30 de noviembre de 1956, la ciudad de Santiago despertó entre el ir y venir de uniformes verde olivo, y desde su azotea se intentara una de las acciones militares del alzamiento.

Tal vez estas imágenes también levanten el polvo acumulado sobre los recuerdos de muchos, que redescubrirán, tal vez desde otra mirada, el escenario de sus propias tropelías, de su primer amor, de los planes descabellados, de los “quince”, las primeras confidencias, de los amigos. Para otros, sólo será la imagen de una edificación más de esta ciudad, los más, tal vez encuentren sólo el encanto propio de la edad de las instantáneas.

Como sea, quiero regalarles hoy estas imágenes del Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago; o, sencillamente, del Cuqui.

Instituto de Santiago de Cuba, 1951

Instituto de Santiago de Cuba, 1951. Según reza la foto, la multitud esperaba la llegada del Presidente de la República

Instituto de Santiago de Cuba 1952

Instituto de Santiago de Cuba, 1952

IPU Cuqui Bosch

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