Santiago en mi

Archivar para el mes “febrero, 2011”

La Catedral…una vez más.

Hay temas a los que irremediablemente es necesario volver una y otra vez, a riesgo de parecer redundante. Pero, como dice el refrán, no hay nada mejor que un día tras otro; y cuando se trata no ya de días, sino de meses como los que acumula este blog, que apenas comienza a gatear, cuántos caminos no habrán sido desandado, y cuántas nuevas fuentes no habrán venido a nutrir esta experiencia que comenzó como un tímido acercamiento a la ciudad querida, sin imaginar nunca, el enorme compromiso de la actualización casi diaria; y los “deliciosos grilletes” impuestos desde la primera vez que, osadamente, incluí entre sus temáticas una entrada de corte histórico.

De tal manera, que aquellos temas que en un inicio recibieron atención prioritaria, no debido a su importancia (no pretendo jerarquizar historicidades), sino al azaroso designio de mis posibilidades, han adolecido necesariamente de muchos datos a los cuales, por diversos motivos, no tuve acceso al momento de su gestación. Luego, creo justo que, a medidas que mis búsquedas han ido dando frutos en forma de nuevas y valiosas documentaciones a las que he tenido acceso, regrese sobre mis pasos para ofrecer esos “nuevos” datos que, en conjunto con sus predecesores, permitan brindar un acabado más exacto (históricamente hablando) de los temas tratados.

En su momento lo hice con las fortificaciones santiagueras. Hoy le corresponde a la emblemática Catedral de Santiago de Cuba, para lo cual me apoyo en la serie de artículos que bajo el nombre “De Santiago colonial” publicara en la década del 40 del pasado siglo, el destacado intelectual santiaguero Dr. Ernesto Buch López[1], en el Boletín Acción Ciudadana y que luego serían publicado en forma de libro bajo el mismo título.

En el número 43 del mencionado Boletín, correspondiente al año 1944, Buch López dedicó el espacio de su “columna” a “La Catedral”, templo inconmovible, partida de crecientes civilizaciones y la expresión más hermosa del sentimiento religioso en Santiago de Cuba

Tempranamente aclara en su artículo el Dr. Ernesto Buch que La Catedral de su época no es la misma en su imponente estructura, que alzó nuestro fundador Diego Velásquez con el nombre de Iglesia Mayor, en 1515 y que, nueve años después, por su testamentaria voluntad, iba a servirle de túmulo. Aquella Iglesia tomó el lugar que la Catedral ha perpetuado (…)

Hasta el 26 de abril de 1522 en que el Papa Adriaño VI dispuso que la Catedral de la Asunción que debía erigirse en Baracoa, se construyera con el mismo título en nuestra Iglesia Mayor, Santiago carecía de importancia como población. Fue aquella disposición del Supremo Pontífice, quien vino a consagrarla como Ciudad. El primer Obispo nombrado para servirla, Fray Juan de Witte, desde Valladolid, procedió en Letras Episcopales de 8 de marzo de 1523, a señalar las Dignidades, Canónigos y demás Personal del Cabildo y nombró Provisor que gobernaría a su nombre.

Aquella primera Iglesia, como ya es conocido, se construyó con toda modestia, con materiales típicos de muchas de las viviendas de tan tempranera época: el techo de guano y las paredes de toscas maderas. Un incendio en 1526 la destruyó con sus libros y ornamentos, locuaz aceleró la necesaria reconstrucción.

Al año siguiente, el Papa ordenó que con el legado de dos mil escudos hecho por Diego Velásquez y otros donativos, se levantara de nuevo la Catedral a base de piedra y de mampostería. Comenzó esos trabajos el Obispo de nueva promoción Fray Miguel Ramírez de Salamanca, que llegó a esta ciudad en marzo de 1529 y permaneció en ella hasta 1537. La obra fue continuada por su sucesor Fray Diego Sarmientos auxiliado con todo celo por el primer sacerdote cubano Miguel Velásquez, que unía a la devoción religiosa, conocimientos de gramática y latinidad, y sabía tañer admirablemente los órganos. Cupo el honor de inaugurarla al cuarto Obispo, Lcdo Fernando de Uranga. Tan excelente Catedral de piedra y tres naves se mantuvo sin deterioro hasta los primeros años del siglo XVII.

Entonces, a la constante amenaza de los incendios accidentales, vino a unirse el asedio de piratas y corsarios. Tan temprano como en 1602, la Catedral santiaguera fue víctima del capitán francés Gilberto Girón, el mismo que diera lugar al primer poema épico de la literatura cubana Espejo de paciencia, y quien la saqueó e incendió.

Vista lateral de la Catedral santiaguera

Hubo necesidad de reconstruirla, pues el Obispo Fray Alonso Henríquez la encontró en pésimo estado. Entre él y su sucesor Doctor Leonel de Govantes, “trastejaron, enladrillaron y embaldosaron la capilla mayor y el pasadizo del coro al altar; pusieron cerrojo y llave a la puerta principal que miraba a la plaza y un aldabón frente a la colateral que correspondía al cementerio y eran las únicas que había”. Se nombró entonces el primer organista, Juan de Mesa Borges, sucediéndole poco después Juan de Zabaleta

En 1646, se añadió un arco más en el coro, lo que comunicó extensión a la Iglesia. El canónigo Lizando Luyando construyó a sus expensas en 1647, para culto al Santo ECCE HOMO (pintura que constituye una joya) una capilla de cantería y bóveda que sirvió de parroquia hasta 1653.

Un nuevo ataque pirata el 16 de octubre de 1662 destruyó las dos capillas y las tres naves del cuerpo principal de la Iglesia, por lo que se hizo necesaria una nueva restauración la cual llevó a cabo de manera inmediata el Obispo Fray Alonso Bernardo de los Ríos, para lo cual se siguieron los planos del ingeniero de La Habana Don Juan de Císcara.

Ya en 24 de febrero de 1675 estaba terminada, pero un violento terremoto, dos años después, derribó la capilla mayor y dejó inservible lo restante, teniendo que celebrarse los divinos oficios en la Sacristía y en una capilla de madera que se improvisó en el Atrio o cementerio. En el libro de defunciones que conserva su Archivo parroquial, consta que al derrumbarse una parte de la Catedral “cogió debajo a la beata María de Azebedo y la mató”

Entre abril de 1686 y julio de 1690, la Catedral fue objeto de numerosas reparaciones para mejorar su estructura; pero una vez más el tiempo la pondría a prueba. El 11 de junio de 1766 Santiago fue víctima de un fuerte sismo, el cual afectó grandemente a la Iglesia; la cual una vez más tuvo que ser reparada, culminando los trabajos más importantes en 1804 Mientras tanto el Cabildo se había trasladado a la Ermita del Carmen en 28 de febrero de 1802 y estuvo allí hasta el 25 de abril de 1819.

Durante cada una de sus continuas remodelaciones o reconstrucciones, a la Catedral se le fueron añadiendo obras complementarias, según detalla el Dr. Ernesto Buch: en 1692 la capilla del sagrario que se adaptó al servicio parroquial. En 1695, la Capilla de San José, por devoción y a costa del Deán Juan de Fuentes Alvarez. En 1701, una elegante torre. Al Deán, y después Obispo, Lcdo Pedro Agustín Morell, de gratísima recordación se deben vastas reformas. En 1734 construyó el Coro. Colocó la reja y la barandilla que va del coro al altar mayor. Donó el retablo o altar Mayor (…) Además donó el frontal de plata dorada, la Custodia del Corpus, el Cristo del Santo Entierro y otras alhajas apreciables que en el Templo existen.

Después de nueve largos años de trabajos en su estructura, la Catedral, se inauguró solemnemente en el año 1819. Sin embargo, una vez más un fuerte sismo (el de 1852) atentó contra la anatomía de la Iglesia Mayor. Durante las obras de reparación posteriores al terremoto el cabildo pasó a la Iglesia de Dolores donde permaneció hasta el 24 de marzo de 1854 en que con un ceremonial suntuoso se efectuó la traslación.

Ya avanzado el siglo XX, en 1922, el Arzobispo Monseñor Félix Ambrosio Guerra, realizó en ella atrevidos cambios, que han llegado hasta la fecha como son las sendas estatuas de Colón y el Padre Las Casas, y el ángel de mármol colocado encima del frontón triangular, una de las características más llamativa de la edificación. En lo interior, mejoró el ornato con una balaustrada mármol que separa el Presbiterio de las tres naves centrales y las pinturas de Frescos relativos a la vida de la Virgen María, titular del Templo y de Santiago Apóstol, patrono de la ciudad.

Imagen de la Catedral en 1922, estrenando los cambios hechos por el Arzobispo Monseñor Félix Ambrosio Guerra

Todavía quedaría a la Iglesia Catedral una nueva prueba, la cual sufrió el 3 de febrero de 1932 cuando un fuerte terremoto destruyó casi el 80% de las edificaciones de la ciudad, incluido graves daños a las torres de la Iglesia, las cuales, según el reporte oficial de los daños ocasionados por el sismo, tuvieron que ser demolidas.

“Torres de la Catedral: Por el aspecto que presenta parece probable que sea necesaria la demolición de las mismas.”

Así, hasta el día de hoy, en que la Catedral santiaguera continúa siendo objeto de orgullo para sus habitantes, y símbolo inequívoco de una ciudad.


[1] El Dr Ernesto Buch López nació el 1 de agosto de 1894, en la municipalidad del Caney, en Santiago de Cuba. En sus primeros años se dedicó a la poesía, de donde se recogen estos versos dedicados a su ciudad natal:

¡Santiago, qué lindo se torna mi pueblo!…

¡Qué alegre, qué airoso, qué activo, qué alegre!

Por sus avenidas se ve un afán nuevo,

nuevas ansiedades su entraña conmueven.

Ya no es la vetusta ciudad legendaria

con sus chozas chatas de lodo y cujes;

la ciudad que antaño lució retardada

porque nadie quiso realzar sus virtudes.

Ya no es la pequeña región transitoria

perdida en el linde de un puerto ignorado;

donde la milicia cubano-española

soñaba en sus cielos azules y claros…!

Santiago, la heroica, la tierra que supo

tras décadas trágicas ceñirse de lauros.

¡Con qué gallardía rompiste tus yugos,

tus yugos de siglos, rebelde Santiago!

En 1944 publicó el libro “Del Santiago colonial” donde recogió los artículos que había ido publicando periódicamente en el Boletín Acción Ciudadana. En 1947 publicó la “Historia de Santiago de Cuba” en la cual abarca el período de 1514-1898, y que es considerada su obra trascendental. Aunque el texto no se caracteriza por su “corte científico”, es único de su tipo, de ahí que sea “preferida por los estudiosos de la ciudad pues constituye uno de los primeros intentos de analizar la historia local en tan extenso período históricos.”

Ernesto Buch López, la visión integradora

Por Reynaldo Cruz Ruiz, en “Tres siglos de historiografía santiaguera”.Oficina del Historiador de la Ciudad, 2001.

 

Santiago e Industriales pueden perderse los play off – Deportes – Juventud Rebelde – Diario de la juventud cubana

Quien conoce de la historia del Béisbol cubano y leyera este titular, tal vez habrá dejado escapar una media sonrisa de incredulidad, pero las actuaciones y los números están ahí, aunque en sus pronósticos más pesimistas, esta posibilidad nunca hubiera tenido lugar.

En mi caso particular, desde el inicio de la SN 50, he mantenido la certeza sobre la improbabilidad de que Santiago pudiera discutir el título nacional, pues, aún cuando en los play off tanto indómitos como  capitalinos parecen otros equipos, las numerosas bajas, sobre todo en el área del pitcheo, con que ha recorrido este trecho de campeonato el equipo santiaguero, se convierten en un handicap prácticamente insalvable.

Sin embargo, mal que bien, con sus vaivenes típicos de un equipo cuya ofensiva, principal arma año tras año, no ha estado a la altura que espera un pitcheo que se ubica entre los peores del campeonato, ahí están los indómitos enfrascados en una lucha junto a Camagüey, Las Tunas y Villa Clara, por agenciarse el único de los boletos a la post temporada que aún no parece tener dueño. Sin embargo, las llamadas avispas santiagueras no las tienen todas consigo, pues su clasificación, contrario a como ocurrió en la SN 49, no depende totalmente de sus esfuerzos, toda vez que sus últimas sub-series son contra equipos de la zona occidental y Guantánamo, al cual ya es imposible darle alcance; por tanto, los triunfos indómitos tendrán que combinarse con la derrota de los equipos de su zona que le anteceden. Pero ojo, esto es precisamente lo que ha estado ocurriendo en las últimas fechas, cuando equipos como Villa Clara y Las Tunas han resbalado frente a conjuntos más débiles  sin que Santiago haya podido aprovechar al 100% esta situación, dada la increíble derrota sufrida el pasado miércoles frente al sotanero y polémico Metropolitanos.

Por ahora los santiagueros marchan abrazados en los puestos 5-7 a sólo dos juegos y medio del cuarto puesto. Hoy comienzan una sub-serie contra el equipo de La Isla que debería reportarnos también una victoria. Pero cualquier triunfo que no incluya barrida, a estas alturas de la SN, suena a derrota.

Por su parte, el actual campeón nacional tampoco está mostrando sus mejores cartas y ya se ha alejado a dos juegos y medio de la zona de clasificación, lo cual amenaza por dejarlos fuera de la post temporada. Por ahora, tendrán que recobrar fuerzas, máxime después de haber sufrido en la noche de ayer un escandaloso supernocao a manos de Ciego de Ávila.

Sólo van restando poco más de una veintena de juegos, y la trama de esta “novela” se pone cada vez más interesante. La Serie Nacional 50, la llamada Serie de Oro, parecer querer llevarse el protagonismo como la Serie de las Sorpresas.

Santiago e Industriales pueden perderse los play off – Deportes – Juventud Rebelde – Diario de la juventud cubana.

De leyenda…

Después de 1515, cuando Diego Velásquez fundó la villa de Santiago de Cuba, ésta comienza a extenderse sobre el gran anfiteatro natural que brinda la topografía del terreno, dando lugar, con el paso del tiempo, a la ciudad que hoy admiran habitantes y visitantes, marcada por los perfiles zigzagueantes de su calles empinadas. Casi quinientos años de vida, se soportan sobre los pilares de la historia, pero también, entre los resquicios de los hechos documentados, se cuelan no pocas leyendas.

Hoy, de la mano de la MSc Raquel Blanco, y tomando como base un artículo publicado en el número 75.del Boletín ACCIÓN CIUDADANA, por Mario Vaillant Luna, les propongo conocer una de esas leyendas que nos remite a los años primigenios de la villa santiaguera, cuando aún desandaban por nuestras apisonadas calles, algunos de los primeros pobladores de la isla.

“Por entonces, la naciente ciudad gozaba de aparente tranquilidad; Sarmientos, aquel ambicioso Obispo que tan ingratos recuerdos dejara, hacía meses, había puesto el Atlántico por medio, y Doña Guiomar, su acérrima enemiga que tan inmerecida fama tuviera de escandalosa dado su carácter varonil y despreocupado; después de conquistar el corazón de un gobernador, había embarcado con éste, y de dejado para siempre las playas de Santiago de Cuba, escenario donde el destino había querido que jugara tan importante papel”

Entre los indios pertenecientes a la encomienda de la polémica Doña Guiomar, había uno de nombre Yarayó, hijo de un Cacique Saramaguacan, radicados en la zona de Camagüey, y que fueron hechos prisioneros por Narváez, quien los trajo a la villa santiaguera y los sometió a la esclavitud. La exigente vida del trabajo forzoso cobró la vida del viejo Cacique; pero su hijo tuvo la suerte de quedar en la dotación de Doña Guiomar, en la cual pasó su niñez y juventud.

Al partir el ama, Yarayó logró obtener su libertad. Se estableció en su humilde bohío no lejos de la desembocadura de (en ese entonces) un río de claras aguas que corría por el noroeste de la ciudad Pero la vida no se le hizo más fácil. Ya libre, tuvo que buscarse los medios para subsistir, para lo cual se dedicó a las labores agrícolas y a la pesca, algo que sus antepasados dominaban a la perfección. Cuentan que se le veía a menudo en las aguas de la bahía santiaguera (también conocida como “puerto del Rey”, título conferido en su momento por Cristóbal Colón), en la cual realizaba su pesquería, cuyo fruto vendía en las tardes a los vecinos de la vecina villa, justo antes de dedicarse a las labores de la tierra, hasta la caída del sol.

Cierta vez, navegando hacia la bahía para su diaria labor de pesca, vio en la orilla a una hermosa india, de la cual, como suele suceder en estas leyendas, quedó prendidamente enamorado. El objeto de la admiración de Yarayó se llamaba Guymeya y pertenecía a la dotación de Don López de Mendoza. Según cuenta Mario Vaillant en su historia, Guymeya era originaria de Jagua, y había vivido junto a su madre como miembros de la encomienda de Don Vasco Porcado, hasta que la pequeña fue vendida a Don López de Mendoza.

Desde el primer encuentro casual a orillas del río, el amor entre ambos indios había ido fortaleciéndose, hasta que “él, cantando areítos, le había dicho que la amaba, y ella había correspondido a su amor en idéntica forma”, escena sólo presenciada por el río, y el paisaje circundante, y que sólo la insaciable imaginación humana nos lleva a describirla de esta forma. Desde es entonces, Yarayó prometió a su amada trabajar sin cansancio para lograr obtener su libertad.

Pero López de Mendoza no espero por los esfuerzos del joven Yarayó y decidió la venta de Guymeya a favor de Cristóbal de Ayala.

Ante la posibilidad de un futuro separado de su amado, la india huyó de la encomienda y fue a refugiarse en los brazos de Yarayó. Narra Vaillant:

“(…) en rústica morada del indio, levantó la cortina que servía de puerta, y corrió a arrodillarse en el suelo donde dormía su adorado para contarle…entre lágrimas y sollozos”

Yarayó se encontró ante una gran incertidumbre, aunque quisiera defender a su amada se encontraba totalmente indefenso ante el poder de sus perseguidores. Con el rostro seguramente transfigurado en una mueca de dolor y decisión “atrajo a su amada hacia él, los cuerpos se ciñeron, sus callosas manos subieron por su espalda hasta la nuca…las dos bocas se unieron y al terminar aquel beso fatal, los hercúleos dedos del indio estrecharon fuertemente el cuello de la amada”.

Luego de depositar cuidadosamente sobre el suelo el cuerpo inerte de Guymeya, tomó una cuerda de su cayuco y, de un salto, ganó una de las ramas de un mangle que se extendía sobre el arroyo. Cuando llegaron los perseguidores de la india, encontraron a la india inmóvil sobre el suelo, y el cuerpo sin vida de Yarayó, balanceándose suavemente sobra la transparente superficie de las aguas del río.

Desde ese entonces, el río, testigo del trágico desenlace, asumió el nombre del joven indio enamorado; y aunque en la actualidad las aguas del arroyo sólo renacen del olvido cuando las lluvias inundan la zona urbana que se adueñó de su espacio, permanece, cómo vestigio de su existencia, el Fuerte de Yarayó.

Dos vistas del fortín de Yarayó. A la izquierda, su imagen actual. A la derecha, el Fortín se refleja sobre las aguas del río homónimo.

 

Boletín “ACCIÓN CIUDADANA”: una fuente de crónicas santiagueras

Ya me he referido en este blog al Boletín ACCIÓN CIUDADANA, cuyos números ha puesto a mi disposición, generosamente, la MSc Raquel Blanco.

Del por qué surgió este Boletín, allá por la década del 40 del pasado siglo; y quienes fueron sus principales protagonistas, abundo hoy en esta entrada.

La Asociación ACCIÓN CIUDADANA, cuya sede radicó en la calle Estrada Palma (hoy Santo Tomás), en la casa marcada con el número 560, tenía como objeto y finalidad, según rezaban sus estatutos, “cuanto se relacione con el mejoramiento de esta ciudad de Santiago de Cuba en orden material, moral y administrativo, el mejoramiento de las costumbres ciudadanas y la más acertada inversión de los fondos públicos municipales”.

A sus filas podía pertenecerse bajo diversas condiciones, según el pago de una tarifa mensual. De esta forma, su miembros podían catalogarse como Socio Protector, para lo cual abonaba 10 pesos mensuales; Socio Numerario, en el caso de los que abonaban menos de 10 pesos mensuales; y para aquellos que no pudieran pagar tarifa alguna, pero a los cuales les interesara el destino de su ciudad, existía la condición de Socios Supernumerarios, quienes estaban exentos de pago.

En la larga lista de Asociados se podían encontrar los nombres de los más selectos miembros de la sociedad santiaguera de la época, incluidos, entre otros, varios miembros de la familia Bacardí, y el propio Pepín Bosch, presidente de la afamada Compañía Bacardí.

El Consejo Directivo de la Asociación, en 1940, estaba conformado de la siguiente forma:

Presidente: Dr. Rafael G. Ros Estrada

Secretario: Dr. Miguel A. Ibarra Téllez

Tesorero: Ing. Alberto Ferrer Vaillant

Vocales: Luis Casero Guillén; Gerardo Abascal Berenguer; Dr. Agustín Ravelo Hechavarría; Benjamín Bonne B.; Ricardo Bordes y, el Coronel Esteban Rojas.

En septiembre de 1940, los directivos de ACCIÓN CIUDADANA decidieron que su quehacer “resuene y se difunda, saliendo de la cámara de sus consejos y del recinto de sus asambleas”; y crean así, el Boletín ACCIÓN CIUDADANA, cuyo primer número sale a la luz pública el 15 de septiembre de 1940.

En las primeras páginas del Boletín queda registrado el propósito del mismo, en forma de un firme Editorial el cual, además, deja constancia de la situación de la urbe que por entonces vivía sus 425 años de fundada:

“Santiago de Cuba, la ciudad olvidada, la ciudad pestilente de la que huyen sus hijos (…)la ciudad menospreciada por los poderes públicos para los que nada significa ser cuna y sepulcro de muchas de las más grandes figuras de la Cuba legendaria, sacando fuerzas de sus incontables desventuras, se ha incorporado en su lecho de dolor y parece decidida a reconquistar (…)aquellos timbres que en días no lejanos , le dieron, ante propios y extraños, brillo, notoriedad y prestancia (…)¡No es posible seguir consintiendo que un indiferencia criminosa que hasta aquí no han dado más frutas que la censura encubierta o el esgrimo cobarde, hayan convertido la ciudad bienamada, que ha debido ser siempre galardón y orgullo de sus hijos, en vergonzoso exponente de su rebajamiento y menosprecio!

(…) aparece hoy el primer número de ACCIÓN CIUDADANA, revista que será, en todo momento, vehículo de los levantados propósitos de la entidad; instrumento para la consecución de sus nobles fines y patrióticos anhelos; lazo para hacer más estrecha la hermandad que anima a sus componentes; voz serena y desapasionada a través de la cual será distribuida sin debilidad y sin bastardo interés, el aplauso o la censura.

En ningún momento este órgano (…) acudirá a la lisonja (…) para obtener su favor [de los que gobiernan]. Menos empleará en la censura, siempre que censurar deba, la frase malsonante o el concepto lujurioso. El aplauso vendrá determinado por los merecimientos de quien los reciba, en modo alguno por el propósito mezquino de granjearse su afecto para traducirlo en beneficios. En el terreno de la crítica seremos respetuosos y seremos veraces en nuestras informaciones; prestos siempre a rectificarlas cuando en error se incurra, inflexibles en cuanto a exigir el cumplimiento de la ley; severos cuando haya de demandarse la responsabilidad que deba su origen a un principio de conducta impropia, arbitraria o delictiva.”[1]

Entre los colaboradores de este Boletín se encontraban relevantes figuras de la historia santiaguera como: el Coronel del Ejército Libertador Federico Pérez Carbó, y el periodista e historiador Carlos E. Forment Rovira, quien en la primera mitad del pasado siglo se dio a la tarea de continuar la impresionante labor recopilatoria de don Emilio Bacardí, al publicar su primer tomo de Crónicas de Santiago de Cuba[2]; lo cual garantizaba el aporte de excelentes retratos del Santiago de esa época, pero además, vívidos recuerdos de la historia reciente de la que ellos mismos, en muchos casos, fueron protagonistas activos[3]. Así, por ejemplo, en las páginas de ACCIÓN CIUDADANA, se pudo conocer sobre hechos y figuras de las guerras de independencia, contada por los propios mambises que en ella combatieron.

El Boletín ACCIÓN CIUDADANA se estuvo publicando hasta 1960.

En próximas entradas de este blog de seguro haremos nuevas referencias a los artículos publicados en esta inapreciable fuente de crónicas de esta ciudad de Santiago de Cuba.


[1] Puede descargar aquí el editorial en su totalidad.

[2] El segundo tomo no fue publicado hasta varias décadas después, gracias a la labor del Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba, bajo la edición de Ediciones Alqueza.

[3] Entre los colaboradores con que contaron esos primeros números de ACCIÓN CIUDADANA estaban: Antonio Martínez, José J. Tejada, Francisco Ravelo, Alberto Ferrer Vaillant, Gerardo Abascal, Dr. Miguel A. Ibarra, Dr. Agustín Ravelo, Dr. Rafael G. Ros Estrada, Luis Casero, Coronel Federico Pérez Carbó, Dr. Carlos Pera Conesa, Carlos E. Forment Rovira, Francisco Palacios Estrada, Dr. Juan María Ravelo Asencio, Rafael Argilagos, Roberto Ravelo, Dr. Roberto Pujals, Dra. Berta Armaignac y Aurelio Arango.

Nuevos detalles sobre las novedades editoriales de la Editorial Oriente

El pasado 18 de febrero el periódico Juventud Rebelde presentó un artículo en el cual se recogían, entre otros aspectos,  los principales títulos que la Editorial Oriente, única de carácter nacional ubicada fuera de la capital de la isla, presenta en esta XX Edición de la Feria Internacional del Libro, cuya versión capitalina ya culminó, para dar paso de etsa manera al recorrido de los libros por todo el país, hasta la clausura el próximo 6 de marzo en esta ciudad.

La Editorial Oriente, de cuyos libros he podido disfrutar con mayor asiduidad en los últimos años, se encuentra enfrascada en la celebración de sus 40 años de existencia. Para los que la conocen, y para los que no, los dejo con el enlace al artículo de la prensa cubana y espero que, tal y como me sucedió, queden a la expectativa de hacerse con alguna de sus propuestas.

Justo a su gusto – Cultura – Juventud Rebelde – Diario de la juventud cubana.

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