Santiago en mí

A modo de promoción…

Escribir sobre historia cuando no se es un profesional de la misma, es una tarea harto difícil que en ocasiones roza el imposible (por suerte sólo roza). Esta dificultad se hace más evidente cuando el objeto de estudio (el de las entradas escritas en este blog), es la historia local, esa que la mayoría de las veces se escapa entre las líneas de los textos con los cuales se enseña en los diversos niveles de enseñanza de nuestro país, y se va extraviando en papeles amarillentos y las intermitencias de la mente octogenaria de no pocos testigos. Por suerte, en ocasiones una simple búsqueda, sin grandes pretensiones, tal y como permite el poco tiempo que logro robar a mis ocupaciones; basta para encontrar interesantes temas a tratar, temas que, en un inicio escritos con la timidez de la poca información de la que nacen, lograr arrastrar tras de sí, tras la certeza de su renacer en blanco y negro, nueva información que los complementa y les da el volumen y la fidelidad histórica que los más exigentes pretenden. En otras oportunidades, las ideas van quedando en el tintero, en el almacén de las ganas, ante la dolorosa realidad de no poder moldearlas lo suficiente como para ser dignas de quedar publicadas.

Pero, afortunadamente, los apasionados de la historia no son pocos, y he tenido la suerte de ser leído por unos, y haber conocido a otros (y otras). En ambos casos, el resultado final ha sido un interés común de colaboración, una “firma de acuerdos” sin más protocolo que el deseo por desempolvar memorias, por traer al presentes lo que el incansable polvo del olvido se empeña en cubrir. Este interés común hace pensar que este blog ira siendo cada vez menos mío para convertirse en el blog de muchos; lo cual me llena de cierta vanidad, lo reconozco; porque, a fin de cuentas, redundará en una mayor rigurosidad del contenido histórico que en estas páginas se publique.

A este desandar por la historia santiaguera prometen unirse dos nuevos miembros. El primero, el profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Oriente, Igor Guilarte, quien pasó de ser el autor de una de las referencias usadas en una de las entradas de este blog, a convertirse en una promesa de colaboraciones, dada su experiencia como escritor de un programa de corte histórico en la radio provincial.

El otro miembro ya es una certeza. Se trata de la MSc Raquel Blanco Borges, graduada de Historia del Arte y quien ha fungido durante más de una década como Directora del Museo del Castillo del Morro, en esta ciudad. Raquel, autora de una Tesis titulada “Inventario de los componentes del sistema defensivo costera de la entrada de la bahía de Santiago de Cuba. Propuesta para una Gestión Patrimonial Integral”, es una de esas personas que vive la historia, que siente correr en por sus venas cada uno de los relatos que brotan de sus labios como agua de manantial. Hablar con ella es una experiencia maravillosa, el tiempo se escurre inadvertido entre memorias personales y todo el conocimiento aprehendido en toda una vida profesional dedicada a la museología y la historia.

Raquel, con la humildad que la caracteriza, en apenas unos minutos me llena de ideas nuevas, me propone temas, se compromete. Pone a mi disposición todo su arsenal personal de documentos históricos, que incluyen no sólo trabajos propios publicados en algún que otro evento, sino también los tomos de las Crónicas de Santiago de Forment y su colección del Boletín Acción Ciudadana, revista que desde 1940 y hasta 1960 se editó y publicó en Santiago, y en la cual se resumió el quehacer diario del Santiago de esas décadas, amen de otros artículos históricos contados, en varias oportunidades, por sus propios protagonistas.

Estas y otras fuentes abren un amplio abanico de temáticas que, con el transcurrir de las próximas semanas, meses (ojalá años), irán engrosando el caudal de entradas con carácter histórico que prestigian este blog.

Desde ya me atrevo a asegurar que serán de interés de todos.

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