Santiago en mí

Santa Ifigenia, espacio donde el arte renace entre los extensos espacios de blanco.

Hoy doy paso a una de las colaboraciones tantas veces anunciadas, pero esta vez llega del puño y letra de una joven estudiante del 5to año de la carrera de Historia del Arte, en la Universidad de Oriente, Ingrid Almanza Salinas. Durante una conversación que sostuvimos hace un tiempo ya, me comentó sobre un trabajo similar a este que hoy les presento y el cual ella había defendido con exito en un evento científico. Ante mi insistencia de que hiciera un resumen de aquella investigación, nació esta entrada que hoy pongo a su consideración y que se titula tal y como anuncia esta entrada: Santa Ifigenia, espacio donde el arte renace entre los extensos espacios de blanco.

Las funciones funerarias han resultado aspectos característicos e históricos de todos los pueblos del mundo. Cada rincón del planeta alberga sus ritos y costumbres a la hora de enterrar a sus muertos, según su cultura e idiosincrasia. Cuba no esta exenta de este fenómeno del reposo eterno. Con la llegada de los ibéricos y todo el proceso de conquista y colonización, se introdujeron por la fuerza todo su modo de vida, costumbres y religión; y junto a todo esto, sus rituales mortuorios.

En la ciudad de Santiago de Cuba vemos que hasta principios del siglo XIX, los enterramientos se realizaban principalmente en los cementerios anexos a las iglesias e incluso dentro de las mismas. Solo que esta acción estaba reservada para las personas destacadas, ya fueran de la propia iglesia o de alto rango dentro de la ciudad. Iglesias como la Catedral, la de Santo Tomas, El Carmen, San Francisco se nos muestran como pruebas fehacientes de ello.

No será hasta años más tarde que, por peticiones del Rey, se empiecen a construir los cementerios lejos del ámbito citadino, por el hecho de evitar enfermedades epidérmicas dentro de los habitantes.

Para principio del siglo XIX se elige la loma en la que se encontraba ubicada la iglesia de Santa Ana, para la creación del cementerio general en la ciudad.

Para su construcción se contó con Don José  Ignacio Villalón en 1923[1]. Su existencia fue realmente corta producto al crecimiento de la urbanización, además, molestaba por los malos olores que desprendía. El mismo fue nombrado como Santa Ana producto al lugar donde estaba enclavado, cerca de la iglesia de igual nombre, pero su denominación original era de Santa Ifigenia al ser llamada así la zona en que se encontraba situado.

Hoy en día son muchas los misterios que salen a la luz sobre ese sitio que hoy ocupa la llamada Clínica de los Ángeles o maternidad sur. Las especulaciones  no son más que hijas de leyendas de la ciudad que han salido de bocas de nuestros antepasados y se han reproducidos con las siguientes  generaciones.

Los terrenos para su construcción fueron comprados desde mediados del XIX quedando inaugurado así el cementerio general de ciudad de Santiago de Cuba en la segunda mitadad del siglo XIX, estacionado al noroeste de la población y a la izquierda del Camino Real de la Isla, en un terreno con las condiciones para las acciones funerarias. [2] De manera que así se llegó a formar una gran ciudad destinada a los muertos, toda vestida de mármol y granito, donde fantásticas esculturas de Ángeles, vírgenes y dioses señalan el silencio y dan muestra del dolor de manera variada.

Dentro de esta ciudad de los muertos los elementos estéticos no son de ignorar, toda vez que nos adentramos en el recinto. Son de señalar los aspectos formales, estilos y corrientes artísticas que toman forma dentro del cementerio santiaguero. Estilos como el neoclásico que acaricia al espectador a su paso por los primeros patios, el eclecticismo, el art decó con su sencillez expresiva, el racionalismo haciendo su entrada para los años cincuenta. Nos hablan de la belleza expresiva de Santa Ifigenia como espacio de reposo teñido  de blanco.

El neoclasicismo se muestra sencillo y elegante mostrándonos los monumentos más antiguos dentro del recinto. Con la llegada del siglo veinte se incluye en nuestros predios el estilo llamado ecléctico, tomando preferencia en los terrenos del ya mencionado cementerio. Con este estilo se logró un cambio en la expresión formal del espacio funerario, todo ello con agrupaciones escultóricas y elementos variados simbólicos que hicieron más elegantes criptas y mausoleos, todos en mármol de Carrara. Abriéndose ante nuestra vista todo un espacio de pura blancura, impresionante por su abundancia de esculturas denotadoras del dolor y la tristeza. De igual manera toma papel protagónico el art nouveau haciéndose notar en el diseño de ornamentos florales y figurativos.

Ya para la década del cuarenta  aparece un estilo llamado art-decó , estilo que resultó la contrapartida del anterior, por su sencillez formal, la exaltación de la línea quebrada y las figuras primarias. Además, cede paso privilegiado al granito como elemento constructivo y, siempre dando muestra del nivel económico del propietario. Unos años más tarde, para los cincuenta, irradia la estética del racionalismo en el aspecto formal. Se hace uso del hormigón armado, existiendo aún los enchapes en mármol y el granito. Como muestra de este está la buena terminación y calidad artística todo ello visible en las bóvedas, las cúpulas y volúmenes que garantizaban el marco de referencia donde los detalles figurativos y las inscripciones desempeñan su papel.

Santa Ifigenia, espacio para el reposo eterno, receptor de toda la amalgama artística  y de todos los hijos de la ciudad de Santiago de Cuba; .hoy en día es lugar de visita obligatoria para todos los que no lo conocen ya que es compendio de arte y de las grandes figuras de la Patria. Por  poseer ya más de un siglo de existencia y por todos estos valores que contiene intrínsecos en su seno, fue proclamado oficialmente, el 20 de mayo de 1970, como Monumento Nacional. Actualmente alberga una ceremonia de custodia al lugar de reposo del Apóstol de Cuba (José Martí), hecho que todo el que lo visita disfruta en medio de una gran confusión de sentimientos y emociones.

Es de agradecer la labor de restauración que ha realizado, y realiza, el Conservador de la Ciudad, en función de rescatar esta hermosa obra llena de historia, dolor, tristeza y silencio que envuelve toda esa gran masa inerte, la cual es el verdadero destino de todo ser humano.


[1] López, Omar y Aida Morales: “El cementerio de Santa Ifigenia: Arte e Historia.” Editorial Publicigraf  Ciudad de la Habana 1993.  pág 6

[2] Ibíd., p.7

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