Santiago en mí

La Catedral…una vez más.

Hay temas a los que irremediablemente es necesario volver una y otra vez, a riesgo de parecer redundante. Pero, como dice el refrán, no hay nada mejor que un día tras otro; y cuando se trata no ya de días, sino de meses como los que acumula este blog, que apenas comienza a gatear, cuántos caminos no habrán sido desandado, y cuántas nuevas fuentes no habrán venido a nutrir esta experiencia que comenzó como un tímido acercamiento a la ciudad querida, sin imaginar nunca, el enorme compromiso de la actualización casi diaria; y los “deliciosos grilletes” impuestos desde la primera vez que, osadamente, incluí entre sus temáticas una entrada de corte histórico.

De tal manera, que aquellos temas que en un inicio recibieron atención prioritaria, no debido a su importancia (no pretendo jerarquizar historicidades), sino al azaroso designio de mis posibilidades, han adolecido necesariamente de muchos datos a los cuales, por diversos motivos, no tuve acceso al momento de su gestación. Luego, creo justo que, a medidas que mis búsquedas han ido dando frutos en forma de nuevas y valiosas documentaciones a las que he tenido acceso, regrese sobre mis pasos para ofrecer esos “nuevos” datos que, en conjunto con sus predecesores, permitan brindar un acabado más exacto (históricamente hablando) de los temas tratados.

En su momento lo hice con las fortificaciones santiagueras. Hoy le corresponde a la emblemática Catedral de Santiago de Cuba, para lo cual me apoyo en la serie de artículos que bajo el nombre “De Santiago colonial” publicara en la década del 40 del pasado siglo, el destacado intelectual santiaguero Dr. Ernesto Buch López[1], en el Boletín Acción Ciudadana y que luego serían publicado en forma de libro bajo el mismo título.

En el número 43 del mencionado Boletín, correspondiente al año 1944, Buch López dedicó el espacio de su “columna” a “La Catedral”, templo inconmovible, partida de crecientes civilizaciones y la expresión más hermosa del sentimiento religioso en Santiago de Cuba

Tempranamente aclara en su artículo el Dr. Ernesto Buch que La Catedral de su época no es la misma en su imponente estructura, que alzó nuestro fundador Diego Velásquez con el nombre de Iglesia Mayor, en 1515 y que, nueve años después, por su testamentaria voluntad, iba a servirle de túmulo. Aquella Iglesia tomó el lugar que la Catedral ha perpetuado (…)

Hasta el 26 de abril de 1522 en que el Papa Adriaño VI dispuso que la Catedral de la Asunción que debía erigirse en Baracoa, se construyera con el mismo título en nuestra Iglesia Mayor, Santiago carecía de importancia como población. Fue aquella disposición del Supremo Pontífice, quien vino a consagrarla como Ciudad. El primer Obispo nombrado para servirla, Fray Juan de Witte, desde Valladolid, procedió en Letras Episcopales de 8 de marzo de 1523, a señalar las Dignidades, Canónigos y demás Personal del Cabildo y nombró Provisor que gobernaría a su nombre.

Aquella primera Iglesia, como ya es conocido, se construyó con toda modestia, con materiales típicos de muchas de las viviendas de tan tempranera época: el techo de guano y las paredes de toscas maderas. Un incendio en 1526 la destruyó con sus libros y ornamentos, locuaz aceleró la necesaria reconstrucción.

Al año siguiente, el Papa ordenó que con el legado de dos mil escudos hecho por Diego Velásquez y otros donativos, se levantara de nuevo la Catedral a base de piedra y de mampostería. Comenzó esos trabajos el Obispo de nueva promoción Fray Miguel Ramírez de Salamanca, que llegó a esta ciudad en marzo de 1529 y permaneció en ella hasta 1537. La obra fue continuada por su sucesor Fray Diego Sarmientos auxiliado con todo celo por el primer sacerdote cubano Miguel Velásquez, que unía a la devoción religiosa, conocimientos de gramática y latinidad, y sabía tañer admirablemente los órganos. Cupo el honor de inaugurarla al cuarto Obispo, Lcdo Fernando de Uranga. Tan excelente Catedral de piedra y tres naves se mantuvo sin deterioro hasta los primeros años del siglo XVII.

Entonces, a la constante amenaza de los incendios accidentales, vino a unirse el asedio de piratas y corsarios. Tan temprano como en 1602, la Catedral santiaguera fue víctima del capitán francés Gilberto Girón, el mismo que diera lugar al primer poema épico de la literatura cubana Espejo de paciencia, y quien la saqueó e incendió.

Vista lateral de la Catedral santiaguera

Hubo necesidad de reconstruirla, pues el Obispo Fray Alonso Henríquez la encontró en pésimo estado. Entre él y su sucesor Doctor Leonel de Govantes, “trastejaron, enladrillaron y embaldosaron la capilla mayor y el pasadizo del coro al altar; pusieron cerrojo y llave a la puerta principal que miraba a la plaza y un aldabón frente a la colateral que correspondía al cementerio y eran las únicas que había”. Se nombró entonces el primer organista, Juan de Mesa Borges, sucediéndole poco después Juan de Zabaleta

En 1646, se añadió un arco más en el coro, lo que comunicó extensión a la Iglesia. El canónigo Lizando Luyando construyó a sus expensas en 1647, para culto al Santo ECCE HOMO (pintura que constituye una joya) una capilla de cantería y bóveda que sirvió de parroquia hasta 1653.

Un nuevo ataque pirata el 16 de octubre de 1662 destruyó las dos capillas y las tres naves del cuerpo principal de la Iglesia, por lo que se hizo necesaria una nueva restauración la cual llevó a cabo de manera inmediata el Obispo Fray Alonso Bernardo de los Ríos, para lo cual se siguieron los planos del ingeniero de La Habana Don Juan de Císcara.

Ya en 24 de febrero de 1675 estaba terminada, pero un violento terremoto, dos años después, derribó la capilla mayor y dejó inservible lo restante, teniendo que celebrarse los divinos oficios en la Sacristía y en una capilla de madera que se improvisó en el Atrio o cementerio. En el libro de defunciones que conserva su Archivo parroquial, consta que al derrumbarse una parte de la Catedral “cogió debajo a la beata María de Azebedo y la mató”

Entre abril de 1686 y julio de 1690, la Catedral fue objeto de numerosas reparaciones para mejorar su estructura; pero una vez más el tiempo la pondría a prueba. El 11 de junio de 1766 Santiago fue víctima de un fuerte sismo, el cual afectó grandemente a la Iglesia; la cual una vez más tuvo que ser reparada, culminando los trabajos más importantes en 1804 Mientras tanto el Cabildo se había trasladado a la Ermita del Carmen en 28 de febrero de 1802 y estuvo allí hasta el 25 de abril de 1819.

Durante cada una de sus continuas remodelaciones o reconstrucciones, a la Catedral se le fueron añadiendo obras complementarias, según detalla el Dr. Ernesto Buch: en 1692 la capilla del sagrario que se adaptó al servicio parroquial. En 1695, la Capilla de San José, por devoción y a costa del Deán Juan de Fuentes Alvarez. En 1701, una elegante torre. Al Deán, y después Obispo, Lcdo Pedro Agustín Morell, de gratísima recordación se deben vastas reformas. En 1734 construyó el Coro. Colocó la reja y la barandilla que va del coro al altar mayor. Donó el retablo o altar Mayor (…) Además donó el frontal de plata dorada, la Custodia del Corpus, el Cristo del Santo Entierro y otras alhajas apreciables que en el Templo existen.

Después de nueve largos años de trabajos en su estructura, la Catedral, se inauguró solemnemente en el año 1819. Sin embargo, una vez más un fuerte sismo (el de 1852) atentó contra la anatomía de la Iglesia Mayor. Durante las obras de reparación posteriores al terremoto el cabildo pasó a la Iglesia de Dolores donde permaneció hasta el 24 de marzo de 1854 en que con un ceremonial suntuoso se efectuó la traslación.

Ya avanzado el siglo XX, en 1922, el Arzobispo Monseñor Félix Ambrosio Guerra, realizó en ella atrevidos cambios, que han llegado hasta la fecha como son las sendas estatuas de Colón y el Padre Las Casas, y el ángel de mármol colocado encima del frontón triangular, una de las características más llamativa de la edificación. En lo interior, mejoró el ornato con una balaustrada mármol que separa el Presbiterio de las tres naves centrales y las pinturas de Frescos relativos a la vida de la Virgen María, titular del Templo y de Santiago Apóstol, patrono de la ciudad.

Imagen de la Catedral en 1922, estrenando los cambios hechos por el Arzobispo Monseñor Félix Ambrosio Guerra

Todavía quedaría a la Iglesia Catedral una nueva prueba, la cual sufrió el 3 de febrero de 1932 cuando un fuerte terremoto destruyó casi el 80% de las edificaciones de la ciudad, incluido graves daños a las torres de la Iglesia, las cuales, según el reporte oficial de los daños ocasionados por el sismo, tuvieron que ser demolidas.

“Torres de la Catedral: Por el aspecto que presenta parece probable que sea necesaria la demolición de las mismas.”

Así, hasta el día de hoy, en que la Catedral santiaguera continúa siendo objeto de orgullo para sus habitantes, y símbolo inequívoco de una ciudad.


[1] El Dr Ernesto Buch López nació el 1 de agosto de 1894, en la municipalidad del Caney, en Santiago de Cuba. En sus primeros años se dedicó a la poesía, de donde se recogen estos versos dedicados a su ciudad natal:

¡Santiago, qué lindo se torna mi pueblo!…

¡Qué alegre, qué airoso, qué activo, qué alegre!

Por sus avenidas se ve un afán nuevo,

nuevas ansiedades su entraña conmueven.

Ya no es la vetusta ciudad legendaria

con sus chozas chatas de lodo y cujes;

la ciudad que antaño lució retardada

porque nadie quiso realzar sus virtudes.

Ya no es la pequeña región transitoria

perdida en el linde de un puerto ignorado;

donde la milicia cubano-española

soñaba en sus cielos azules y claros…!

Santiago, la heroica, la tierra que supo

tras décadas trágicas ceñirse de lauros.

¡Con qué gallardía rompiste tus yugos,

tus yugos de siglos, rebelde Santiago!

En 1944 publicó el libro “Del Santiago colonial” donde recogió los artículos que había ido publicando periódicamente en el Boletín Acción Ciudadana. En 1947 publicó la “Historia de Santiago de Cuba” en la cual abarca el período de 1514-1898, y que es considerada su obra trascendental. Aunque el texto no se caracteriza por su “corte científico”, es único de su tipo, de ahí que sea “preferida por los estudiosos de la ciudad pues constituye uno de los primeros intentos de analizar la historia local en tan extenso período históricos.”

Ernesto Buch López, la visión integradora

Por Reynaldo Cruz Ruiz, en “Tres siglos de historiografía santiaguera”.Oficina del Historiador de la Ciudad, 2001.

 

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3 pensamientos en “La Catedral…una vez más.

  1. me encanta como escribes, tu blog ya ha pasado a formar parte de mi lista de grandes blogsgajbbk

  2. Pingback: El Mercado de Aguilera « Santiago en mi

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