Santiago en mí

La “batalla” de Capella

Martes 12 de abril. Las esquinas rebosaban de curiosos, atraídos por los indecisos movimientos de las inmensas grúas. Poco importaba el bochornoso sol del mediodía santiaguero, que castigaba las anatomías de los concurrentes, sólo librándose del picor de sus rayos, aquellos que lograban hurtar los breves hilos de sombra que caían desde los techos aledaños.

La expectación crecía a medida que los gestos de hombres y máquinas anunciaban el inicio inminente de la delicada maniobra: demoler los soberbios restos de lo que fuera el un antiguo taller automotriz por todos conocidos (en demérito de mayor información sobre sus funciones) como “Capella”, en honor a un antiguo propietario.

Ubicado en la intersección formada por las calles Carretera de Cuabitas (hoy Avenida Patricio Lumumba y Capdevila, en el Reparto Los Olmos; durante años en sus instalaciones se realizó el tramado de automóviles y otras reparaciones generales a estos vehículos, incluso, durante un tiempo contó con un área destinada a la exhibición de nuevos modelos de automóviles, según recuerda mi abuelo.

Desde un tiempo atrás, casi como por obra de magia negra, fundamentalmente para aquellos cuyos pasos rehuyen en el diario estas rutas, la otrora edificación de hermosa fachada hacia Cuabitas, fue perdiendo su dignidad en un abandono prolongado, exacerbado por la depredación de sus maderas, cabillas y ladrillos, por parte de manos, primero anónimas y luego no tan sutiles, quienes vieron en su desahucio la oportunidad de adquirir, en un envidiable ejercicio de reciclaje, materiales rescatables del añejo aprisionamiento de paredes ausentes. Como resultado de esta actividad sólo quedó en pie la triste imagen de dos altas paredes que, en peligroso equilibrio, expusieron su terquedad al tiempo…hasta ayer.

Así lució hasta este 12 de abril, el antiguo edificio de "Capella"

Llegado el momento, los largos brazos de las grúas, en alarde de potencia, se apoyaron una y otra vez sobre las resabiosas paredes de “Capella”, derrumbando su historia en medio del eco de los golpes y rebotes de ladrillos.

Cuánto tiempo duró la desigual batalla me es difícil decirlo, pero todavía no se habían depositado sobre las calles la polvareda del combate, cuando decenas de personas se dispusieron a hurgar entre los despojos de la víctima, haciéndose de cuantos ladrillos intactos encontraban, sobrevivientes de la hecatombe.

Así, casi poéticamente (vulgar poesía), cual atípico ave fénix, dejó de existir definitivamente el edificio “Capella”, para resurgir de entre sus escombros, en las nuevas paredes que se alzarán en no pocas viviendas de la vecindad.

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