Santiago en mí

Archivo para el día “abril 23, 2011”

Segunda cita con Ciro Bianchi

Dice no dar consejos porque eso es de viejos; pero durante dos horas de conversación animada, ¿cuántas enseñanzas no regala Ciro Bianchi a su expectante auditorio?

Por segundo día consecutivo la Galería “La Confronta” del Comité Provincial de la UNEAC en Santiago de Cuba, abrió sus puertas al hombre crónica. Esta vez llegué con una hora de retraso al encuentro, al serme imposible “escapar” de un aburrido compromiso laboral. De ahí que al entrar por la esbelta puerta de la casona colonial, me sorprendiera ver triplicado el número de asistentes y tuviera que conformarme con pararme en una esquina del espacioso local y agazaparme, al acecho del hilo conductor que me adentrara en el mágico laberinto de las anécdotas contadas. Son tantas las historias, la crónicas que brotan del manantial corpulento que es Bianchi, que nunca da la sensación de haber perdido detalles, sino de que podríamos estar toda una noche nutriéndonos de las experiencias de este hombre que acepta con una humildad de espanto, el haber compartido con muchas de las más grandes glorias de la vida cultural cubana.

Como se había prometido desde la jornada anterior, el tema central de esta segunda cita fue su labor como cronista, haciendo énfasis en su trabajo en la columna dominical del diario Juventud Rebelde, un espacio que pronto cumplirá 10 años de labor ininterrumpida, según recuerda el propio autor.

En el público destacan los rostros jóvenes en los cuales primero se adivina, y luego se confirma, la presencia de estudiantes de periodismo. Pero también comparten este espacio, lamentablemente agredido por las estridencias dela calle Heredia, personalidades de la intelectualidad santiaguera, entre las que destaca la presencia de Olga Portuondo, historiadora de Santiago de Cuba y recientemente merecedora del Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2010.

Cuando me adentro en el ambiente de anécdotas creado en torno a la palabra de Bianchi, se habla de Yarini (Alberto Yarini y Ponce de León), una de las figuras que más ha disfrutado tratar en sus crónicas Ciro Bianchi, labor que, según nos narra, le ha dejado experiencias únicas. Pero a Yarini le siguen decenas de personajes más, que se adentran entre el auditorio casi sin avisar, impulsados por la mar de recuerdos que enlaza unos con otros, cual acto de prestidigitación, guiados a veces por hilos ocultos, pero todos, frutos de años labor ininterrumpida como cronista. Admirables los recuerdos de sus encuentros con Dulce María Loynaz…

Asombra a muchos que este bonachón cubano que hace las delicias de los amantes de la historia, ya desde su columna dominical, o desde su programa en Radio Miami, o en la Televisión Cubana, no haya estudiado periodismo: como dijo Picaso, “yo no estudio, aprendo”, dice Bianchi, quien si confiesa que le gustaba mucho ser reportero.

De su trabajo en Juventud Rebelde también comentó. Recuerda cuando le solicitaron que comenzara a escribir a una columna cada domingo, la cual saldría compartiendo página que la del inolvidable Núñez Rodríguez. Al principio recibía muchas cartas en las cuales la propia caligrafía delataba a los lectores longevos. “Pensé que esta columna no la leían los jóvenes”, dice, pero cuando dio inicio la versión digital y el uso de los correos electrónicos se percató que había un gran número de lectores jóvenes amantes de la historia. Narró simpáticas anécdotas de su labor como autor de esta columna, los deslices que, como cronista, pudo haber cometido una que otra vez, los personajes curiosos que ha conocido a raíz de sus publicaciones y, sobre todo, el saber que cuanto escribe tiene asegurado a un público fiel que le agradece este acercamiento a esta forma diferente de Contar a Cuba.

Tarde exquisita, una vez más, la compartida con Ciro Bianchi en esta ciudad, un hombre que cree firmemente que “el destino último del periodismo es el libro”.

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