Santiago en mí

La ciudad de la trova

A pocos metros del parque Serrano, Don Miguel saluda desde ayer, sombrero en una mano y guitarra en ristre en la otra, a los viandantes de una ciudad que respira música por encima de la densa y húmeda atmósfera.

Es Don Miguel Matamoros —sí señor, cómo no—, eternizado ahora en bronce por el escultor José Rolando Montero, aunque como se sabe esa categoría la alcanzó hace muchísimo tiempo, cuando con sus sones, canciones y boleros, puso a Santiago y a Cuba en el mapa de las músicas más gustadas y sentidas en mundo y medio.

Invitado especial a Cubadisco 2011, el musicólogo Lino Betancourt, que sabe como nadie de estas cosas, recuerda cómo a pocos metros· cerca de donde se halla emplazada la escultura le cambió la vida a Matamoros el día de 1928 en que su patrón compró la placa con el registro del bolero Promesa y el son El que siembra su maíz. Cuenta Lino que al indagar aquel si su chofer tenía un pariente llamado Miguel Matamoros, a Miguel no lo quedó más remedio que decirle la verdad. Él era el compositor e intérprete, junto a sus fraternos Siro Rodríguez y Rafael Cueto.

A partir de entonces, subraya Lino, no pararon ya de cantar y el Trío Matamoros no se detendría hasta el 10 de mayo de 1960. Su catálogo autoral comprende 71 sones, 34 boleros y 30 bolero-sones, entre estos últimos uno compuesto en 1924 que se canta como si fuera acabado de crear: Lágrimas negras.

El homenaje de Cubadisco a Don Miguel se hará extensivo este jueves al tres, como instrumento esencial en la saga sonera, con una escultura concebida por Alberto Lescay. Pero desde que arrancó en Santiago el foro más importante de la música y el disco cubano, no ha dejado de haber un minuto siquiera en que la trova faltase.

Emotivo e iluminador fue el tributo a los trovadores que ya no están. Músicos, musicólogos, promotores, autores y críticos recorrieron en la necrópolis de Santa Ifigenia el sendero de los juglares, luego de rendir homenaje a Martí entonando una de sus claves, hablaron las guitarras y las voces para recordar a Ramoncito Ivonet, el trovador mambí de la tropa de Antonio Maceo, a Ñico Saquito, Electo Rosell (Chepín), Roberto Nápoles y Compay Segundo.

Tomado de:

La ciudad de la trova.

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