Santiago en mí

Invitación a los balnearios

En medio de los agobios del verano, que trasmuta sus bochornos en ríos de sudores que se despeñan desde las alturas, llega a mi correo electrónico la invitación a una nueva edición dela Peña Cultural “Desempolvando” que cada tercer miércoles de mes se celebra en el hermoso patio interior del Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba. En esta oportunidad, el tema se anuncia como una brisa de frescor en el verano citadino: los balnearios.

Recurro entonces a unas notas que gentilmente me brindara Zelma Corona Ochoa, directora de la Institución anfitriona de estos encuentros mensuales donde la escobilla del archivista arrastra el polvo de la historia viva de las tradiciones de esta ciudad, para brindar breves detalles de estos espacios de litoral que desde épocas tan tempranas como el siglo XIX, hacen las delicias de miles de santiagueros.

Afirman los apuntes de Zelma, que Santiago fue una de las primeras ciudades de Cuba (si no la primera) en establecer balnearios o simples lugares de baño en las costas de su litoral. Ya para 1864 se comenzó la tramitación para la construcción del primer balneario con el que contaría la ciudad, ubicado en lugar conocido como Punta Blanca, al Este de la bahía.

Las primeras cuatro décadas del siglo XX, por su parte, significaron un incremento acelerado del aprovechamiento de las aguas del litoral. Esta etapa se inició con a construcción del balneario público de Aguadores, ubicado en la ensenada de igual nombre al Este del Morro.

Aguadores sirvió como balneario público hasta el año de 1948, fecha en la cual se concluyó la construcción del alcantarillado de la ciudad, que desahogaba sus residuos justamente en la desembocadura del río contiguo al sitio, para perjuicio de sus aguas.

Los Coquitos, fue el balneario de mayor asistencia de los santiagueros. Situado en el interior de la rada en áreas próximas a la Alameda, ocupaba un total de dos caballerías de tierra (equivalentes a25 hectáreas) que lindaban por el Norte con los terrenos de los señores L. Ros y Compañía y Federico W. Ramsden, por el Sur y Oeste con propiedades del Estado y por el Este con el Mar Caribe.

Muelle de la socapa. Tomado de: http://ketari.nirudia.com/9923

Muelle de La Sopaca

En 1919, se hicieron los primeros intentos para la construcción del balneario de La Socapa, ante la solicitud presentada al Ayuntamiento por el Sr. José A. Robert y Sagarra, quien logró la autorización en 1921 para la construcción, en el lugar, de 13 casas de madera destinadas a baños, un muelle que permitiría el arribo de las embarcaciones que transportarían a los bañistas y aprovechar una parte de la playa. Es precisamente La Socapa el sitio de mis recuerdos más antiguos (si a un cuerpo que apenas roza la treintena se puede tildar de antiguo) relativos a la playa, a esas excursiones que nacían en preparativos en casa y se trasportaban en patana hasta el muelle que llevaba a un tramo de costa que apenas cabía en la mirada infantil.

En 1935 la Compañía Bacardí, inició la construcción del balneario privado La Estrella. Los primeros intentos por utilizar este lugar con fines recreativos se realizaron en 1941 por los Srs. Manuel Garbey y Leonides Calderío, quienes proponían establecer un balneario público en el sitio al tener en cuenta sus condiciones naturales con capacidad para tomar baños de mar más de 2000 personas, facilidad de comunicaciones y aguas movidas, así como el escaso riesgo para los que no supieran nadar.

Sin embargo, si de balnearios se trata, el nombre de Siboney resuena en las mentes y el cuerpo de casi todos los santiagueros, siendo el sitio escogido cada verano por una gran parte de la población, para refrescar de los agresivos rayos del sol.

No sólo por la cercanía a la ciudad cabecera (a sólo14 kilómetros), sino por sus excelentes condiciones naturales, fue una buena opción para la construcción de un balneario. El proceso de edificación de las instalaciones para su acondicionamiento comenzó en 1957, tras un largo proceso de negociaciones con el Ayuntamiento iniciado en 1926 por el Sr. Carlos F. Perera y Bravo; la solicitud para el empleo de este sitio se sustentaba en las bellezas del lugar, la escasez de balnearios de este tipo en las inmediaciones de la ciudad y las posibles ventajas que podría ofrecer en cuanto a comunicación, con la carretera que se había comenzado a construir por el gobierno de la provincia.

En realidad la ya mencionada compañía tenía su proyecto para el empleo de la zona de Siboney, lo cual demostró cuando en 1929 estableció un balneario en el lugar con acceso limitado al público.

Otros balnearios también prestaron servicio durante la República, en su mayoría con el handicap de reservar sus beneficios a una élite de la sociedad santiaguera.

Posterior a 1959, se promulgó la Ley número 270, que declaraba el uso público de las costas y playas de la nación, lo que conllevó a la desaparición de los balnearios de uso privado que existían en nuestro litoral, permitiendo el acceso a dichas instalaciones de todala población. Dichaley derogaba la, hasta entonces vigente, Ley de Puertos para la Isla de Cuba, promulgada el 7 de mayo de 1880 y puesta en vigor diez años después.

Hoy se disputan los favores del público bañista no pocas playas a lo largo del litoral santiaguero…pero para conocer de su antes y después, mejor esperar al viernes próximo y compartir con los amigos de Desempolvando, máxime ante el guiño cómplice con el que termina Zelma su correo de invitación:… hay sorpresas.

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3 pensamientos en “Invitación a los balnearios

  1. @Noel
    Dice fb que hoy es tu cumpleaños. ¡Felicidades¡ Y más felicitaciones porque veo que mantienes un ritmo alto de artículos… ¡¡ muuuuuuuuuuuuuuucho mérito¡¡¡¡¡
    Un abrazo

    • Mil gracias por las felicitaciones Josep….tarea fácil no es mantener el ritmo de artículos desde esta individualidad que por suerte, de a ratos se me llena de amigos y colaboradores….saludos desde Santiago…Noel

  2. Pingback: Desempolvando los balnearios: pretextos para refrescar. « Santiago en mi

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