Santiago en mí

De Peña en Peña renace Santiago

Parecen quedar atrás los tiempos recientes en los que “bajar” por Enramadas una noche de fin de semana cualquiera, era un simple trámite para llegar a un destino prefijado, como si, agotada del trasiego diario, la populosa calle hubiera hecho un pacto de silencio con los santiagueros quienes, respetuosos de sus longevidades, la dejaban descansar en su monotonía. De un golpe, en apenas unas pocas horas de crepúsculo, todo el bullicio de Enramadas se iba tras los pasos presurosos de sus viandantes, mientras sus vitrinas se opacaban y las puertas de los establecimientos culturales y comerciales permanecían en mutis.

Luego llegaron las llamadas Noches santiagueras, con su carga de novedad que aún no culmina, dotando a la céntrica Avenida Garzón de un protagonismo antes sólo otorgado durante los Carnavales. Desde la perisferia donde nace la ciudad antigua, Enramadas parecía mirar indolente el protagonismo arrebatado.

Sin embargo, el pasado sábado tuve la oportunidad de disfrutar de una obra de teatro, muy simpática, llevada a escena por los muy jóvenes actores y actrices del Grupo de Teatro “A dos manos”, bajo la dirección artística de José Pascual Varona (Pini), en un, para mi redescubierto, Café-Teatro Macubá, justo en la zona baja de la antigua Calle Ancha, hoy Enramadas. De los disfrutes de la obra no hablaré; pero agradezco una vez más el pretexto brindado para caminar Santiago de noche, y la agradable sensación de sentir, de ver, de ser protagonista, de este renacer de mi ciudad.

LLenaba el alma desgastar suelas Enramadas arriba y notar la alegría, el bullicio, el constante ir y venir de los santiagueros ante el sinnúmeros de ofertas que desbordan la ciudad, especialmente, esta antigua zona que parecía haber sucumbido a la inmovilidad de los años.  Quizás mucho alla contribuido al renacer de esta rua, el esplendoroso Coppelia (Heladería) “Jardín de las Enramadas”, que atrae un incansable mar de público que, más que la novedad, agradece el buen trato, la hermosa vista, y la posibilidad de refrescar calores sin tener que soportar las interminables “colas” de “La Arboleda”, en una Ave. Garzón que ve merar así una de sus ventajas sobre el centro de la ciudad, si a comparaciones egocéntricas se dieran éstas.

Pero, más allá del elevado número de sitios gastronómicos donde disfrutar de un buen plato, ya sea dentro de los establecimientos  o en las mesas que abandonan su poses habituales para apoderarse de las noches de la ciudad con su aroma de puerco asado, renace santiago de la mano de sus artistas en un buen número de Peñas culturales que matizan los espacios de varios edificios de renombre en la ciudad.

El Archivo Histórico tiene ya su momento de desempolvar la historia, costumbres y tradiciones de esta urbe. El Ayuntamiento de la ciudad, recibe los acordes de la guitarra del concertista Aquiles Jorge, en Café concert que se viste de mambí; mientras otro Aquiles, José, incluye en el Menú de su Peña, toda la lírica de su trova, para disfrute de quienes asisten al patio del Centro Fransisco Prat Puig, escenario de una nueva peña aún por descubrir uno de los segundos martes de mes. En la Sala Dolores, Felipón hace de las suyas cada viernes, en un encuentro que se me hace esquivo pero al que me voy debiendo…y así, entre Peñas probadas y por descubrir, un agradable dolor de cabeza se apodera de mis fines de semana..la oportunidad de disfrutar del Santiago antiguo que se empeña en reverdecer laureles de la mano de sus hijos….

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