Santiago en mí

Reencuentro con la guitarra y el “trovador antiguo”

Hay momentos que sólo pueden describirse con las emociones con que se viven; así de inútiles son las palabras, que se niegan a brotar de entre los dedos como si aún las atrapara la garganta que canta, o calla, o traga en seco cada recuerdo que eriza la piel con el roce de un acorde.

Silvio cantó en Santiago, frente a una Plaza abarrotada que no creyó en barreras o límites y desbordó espacios para escuchar el incansable trovador, espantando lloviznas con milagrosas sombrillas, o con la tozudez del gesto al sentarse en un reto a las nubes y su carga, a la espera de una lluvia de canciones que humillara la posibilidad del chaparrón.

Acompañado del Trío Trovarroco (los mismos que años atrás me sorprendieron tanto en un homenaje a Lennon), Niurka González y Oliver Valdés, disfrutamos de un Silvio renovado, con arreglos muy contemporáneos que han logrado darle nueva vida a una obra que ya de por sí era increíble.

Fue una noche exquisita, en la que entre clásicos como Pequeña serenata diurna, La maza, El mayor, Óleo de una mujer con sombrero, Te doy una canción; o las infaltable Ojalá, Unicornio y El Necio; se colaron piezas de su último disco donde no falta el verso audaz y la mirada profunda a la realidad cubana, desde donde sentencia:

Cuando las alas se vuelven herrajes,

Es hora de volver a hacer el viaje

A la semilla de José Martí

Un momento especial significó la interpretación de Yolanda, de Pablo Milanés, una deferencia del trovador que tal vez despierte suspicacias en aquellos que insistan en hallarlas, pero en la cual me gusta reconocer la grandeza del poeta y el homenaje a otro icono de la nueva trova cubana.

Inevitablemente la noche se hizo corta, el trovador nos dejó la deuda de otras imprescindibles; pero no basta una espera de veinte años y más de una hora de conciertos para saciar las ganas de escuchar a Silvio.

El reencuentro siempre deja el agridulce sabor de la despedida aunque, al menos, quedará en nosotros, los testigos, los protagonistas de esas miles de historias que cantaron a Silvio, el haber formado parte de algo más grande que el yo, el recuerdo de esta noche irrepetible cuando el trovador antiguo enamoró una vez más a Santiago.

Tomado de Cubadebate

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