Santiago en mi

Archivar para el mes “febrero, 2012”

Comienza la fiesta del libro en Santiago de Cuba

En horas de la mañana de hoy quedará formalmente inaugurada la etapa oriental de la 21 Feria Internacional del Libro, Cuba 2012; luego de un recorrido por todo el país que confirma a este evento como el más masivo de los eventos culturales celebrados en el archipiélago cubano.

Hasta el próximo día 4 de marzo, jornada en que será clausurada en esta ciudad de Santiago de Cuba, la Feria se apoderará de librerías, plazas y múltiples escenarios, llevando los más variados títulos a un público que año tras año espera este acontecimiento como uno de los más relevantes que se pueden disfrutar.

 Una vez más el Complejo Cultural Heredia actuará como sede central de la fiesta de los libros en esta urbe, con espacios ya tradicionales como la Librería Central y el pabellón infantil “Tesoro de papel”. Se espera que en esta edición santiaguera se presenten títulos de más de 260 escritores, artistas e intelectuales y 600 profesionales de 41 países.

Para la primera jornada de la etapa santiaguera del multitudinario evento se anunciaron las presentaciones de títulos de las editoriales Oriente, Ciencias Sociales y Caserón, además del Foro Solidario de Juventudes, organizado por la Asociación Hermanos Saíz.

En apenas unas horas (a partir de que escribo esta nota) las calles de las ciudades orientales, incluida, por supuesto, Santiago, serán asaltadas por miles de personas entre las que resaltarán los coloridos uniformes escolares de los pequeños que cada año, adquieren también su dosis de protagonismo durante las jornadas de la Feria.

Orgullo santiaguero

Por: Ismael Francisco. Tomado de Cubadebate

Visitar la ciudad de Santiago de Cuba resulta siempre interesante para cualquier persona, ya sea cubana o no, pues esta ciudad, caliente por naturaleza, con sus costumbres únicas y sus amables moradores “atrapan” al más serio de los humanos.

Pero amigos míos, si esta visita coincide con una serie de Beisbol entre los locales y el equipo Industriales de la capital, las cosas toman una dimensión especial. Dondequiera que usted se presenta, allí estará la peña, el debate, en fin, la discusión. Que si los Azules son los payasos, que mejor juegan a la pelota o de que los periodistas los sobredimensionamos.

En la carpeta del hotel, en el bar, en las plazas en las escuelas, en calle Trocha hasta en la mismísima Catedral, rodeada de sobriedad, solo se escucha hablar de Pelota. Apenas pude participar de unas entradas en el majestuoso Guillermón Moncada, y desgraciadamente, fue para presenciar una fuerte disputa ante una jugada de interferencia, de la que resultó expulsado Lázaro Vargas, director de los capitalinos, enseguida un señor mayor, cerca de mi me dijo -claro, tenían que emparejar, en el partido anterior expulsaron al director santiaguero.

Cumplimentando una apretada agenda de trabajo que incluyo visitas a varios municipios santiagueros, apenas quedó tiempo para disfrutar de buen béisbol. Pero sí de muchas trifulcas entre campesinos cuentapropistas, barberos, dirigentes y cuanta persona tropecé en estos 4 días en el Oriente cubano, por supuesto todos tratando de sugerir estrategias para devorar al León capitalino.

Último partido de la Serie que favorecía 2-1 a los del Oriente, también era mi última noche en Santiago, terminé tarde, y un colega y gran amigo me invitó a visitar su casa, y bueno, hasta allá fuimos.

Al llegar a la casa, la primera perjudicada fue su pequeña hija, quien resultó enviada a ver los muñequitos al televisor del cuarto, y así comenzó una charla entre colegas, al son de una botella de exquisito ron santiaguero, mientras el juego estuvo empatado todo transcurría normal, ya en el 7 capitulo, Industriales comenzó a darle una “soberana” paliza a los santiagueros, y de pronto mi colega José Ángel, que aparentaba no atender al Juego, se puso de pié, apagó la tele, y nos dijo, negüe, tenemos que ahorrar…

“Café al estilo de Mama Inés”, otra visión

Aprovecho el trabajo presentado por la colega Coral Vázquez sobre el todavía novedoso Café Mamá Inés (Café al estilo de Mama Inés)para dar mis propias consideraciones, comoquiera que me cuento entre los que han hecho de este sitio ubicado frente a la populosa Plaza de Marte, parte de no pocos itinerarios.

En efecto, se agradece la presencia en esta ciudad de gran tradición cafetera de un espacio para degustar un buen café (en todas sus variantes), espantar la somnolencia que invade a los que se precian de bohemios, o simplemente compartir un ambiente placentero con la pareja o amigos.

Como le sucede a Coral, mi selección siempre se inclina hacia el Café a la crema, en ocasiones por partida doble y acompañada de una infusión.

Otro de los méritos es la selección musical que rescata la extraordinaria voz de Bola de Nieve y brinda a los oídos un oasis en medio de tanta agresividad sonora que justo detrás de los amplios cristales que definen el local, se adueña de toda la ciudad.

Durante la primera visita al local quedé impresionado por ciertos detalles en el servicio que lo convertían en una agradable excepción. Las mesas estaban sobriamente presentadas, con sus azucareras y servilletas acomodadas sobre un pulcro mantel de color blanco. Mientras en el interior dos dependientas se encargaban de tomar notas, servir y cobrar a los consumidores, el portero reorganizaba las mesas que eran abandonadas por los satisfechos clientes –limpiando migajas, colocando nuevas servilletas, alisando el mantel– para dejarlas listas para recibir a los nuevos usuarios.

Sin embargo, el Café Mamá Inés confirma una desafortunada regla de la gastronomía santiaguera (cubana): la falta de “fijador” de los servicios.

Hoy es común sentarse a una mesa en la cual se extrañan las servilletas y la pulcritud de sus manteles. Las opciones de la carta (todavía hermosamente diseñada) comienzan a faltar, o en las mesas aparecen otras opciones que escapan al listado.

Las jóvenes camareras parecen no tener un orden preestablecido para el servicio de las mesas, por lo que a veces da la impresión que quedamos a expensas de su voluntad o su memoria. Por suerte, aún no falta el buen trato en el lenguaje y un hasta pronto a la salida del Café.

Queda el llamado a su colectivo de trabajadores a mejorar los detalles descuidados para no empañar lo que tan buena acogida a recibido en el pueblo.

Por ahora, Mamá Inés sigue siendo una agradable opción y la voz del Bola seguirá escuchandose en Santiago de Cuba, bajo los aromas de un buen café.

Otra vez Santiago-Industriales

Otra vez el clásico entre Santiago e Industriales llenó estadio. Ya se extrañaba ver las gradas repletas del Gillermón justo cuando en el terreno se enfrentaban dos de los equipos de más tradición en nuestra pelota.

Lo cierto es que las pobres actuaciones de ambas novenas durante las campañas anteriores hicieron mella el ánimo de los fanáticos, quienes no acudieron a la cita programada durante los seis juegos de la temporada anterior.

Pero hoy, por suerte, el escenario es otro. Ambos conjuntos están metidos de a lleno en zona de clasificación (muchos especialistas los dan por seguro en la pos-temporada), mostrando un juego que, más allá de limitaciones propias de cada alineación, los mantiene con grandes aspiraciones de volver acaparar titulares en la prensa nacional.

En sus primeros enfrentamientos durante esta Serie Nacional 51, los del Este sacaron la mejor parte llevándose dos triunfos a casa y un juego que no se pudo celebrar a causa de la lluvia. La suerte entonces quiso regalarles a los de esta tierra la posibilidad de ver en cuatro ocasiones el “gran duelo” de la pelota cubana.

Anoche se celebró el primero de estos juegos y una vez más los indómitos se agenciaron el triunfo. Así, aseguran al menos un empate en la subserie particular entre ambas escuadras, cambiando la historia de la serie anterior cuando los de la capital cubana ganaron cinco de los seis encuentros.

El mérito principal la tercera victoria indómita (cinco carreras por tres) la tuvo en esta ocasión el lanzador Danny Betancourt quien se ha mostrado en una excelente forma en la presente temporada y promete, en unión de Yaumier Sánchez y Dennis Alá, formar una tercia de abridores capaces de llevar a los de la Ciudad Héroe de vuelta a planos estelares.

Muchos confiamos en el regreso de una súper final entre santiagueros y capitalinos; esa que se vive con la misma intensidad en todas partes, pero sobre todo en los terrenos propios. Creo que en medio de las polémicas que han envuelto a nuestro deporte nacional en los últimos años, este sería un buen bálsamo.

Todavía resta un poco a esta atípica Serie Nacional, a la cual, críticas más o críticas menos, no se le puede negar que ha aportado espectáculo.

Mientras tanto, el público santiaguero seguirá disfrutando del “regreso” del súper-clásico; excelente regalo para el estadio Guillermón Moncada que el próximo 24 de febrero celebrará sus 50 años y que hoy, de seguro, volverá a mostrar sus gradas rebosantes de público.

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Iré a Santiago (+ Fotos)

Santiago siempre encanta a sus visitantes (también a no pocos de los que vivimos cada día sus avatares). Les comparto hoy la crónica de uno de esos visitantes y sus impresiones fotográficas de la ciudad.

Iré a Santiago (+ Fotos) | Cubadebate.

 Acabo de volver de Santiago de Cuba, la ciudad rebelde, la sacudida por un sol implacable incluso en estos días de febrero, la altiva, la que no olvida su condición de capital primigenia y que lo refleja en un sordo despecho por todo lo que venga de La Habana.

Hacía cerca de cinco años que no visitaba Santiago, y los recuerdos de aquella madrugada en que caminé junto a algunos amigos por las calles santiagueras se enredaban en la distancia. En esta ocasión permanecí más de cuatro días, disfrutando de sus calles irregulares y empinadas, perfecto complemento urbano de las montañas que la rodean.

Encasillar Santiago de Cuba es tarea imposible, pero la palabra contraste es lo más cercano a una definición que pudiera hacerse de ella. Contraste entre la actitud indiferente de un transeúnte y la amabilidad inesperada del que le sigue a un par de pasos, contraste entre la majestuosidad de la tumba de Tomás Estrada Palma y los nichos humildísmos de Guillermón Moncada y Flor Crombet, contraste entre el trato humillante de los trabajadores de una pizzería estatal y la generosidad (¡tomen nota colegas habaneros!) de una trabajadora por cuenta propia, contraste entre los precios exorbitantes de cierto camionero y la sencilla esplendidez de un humilde carretonero; contrastes que me exasperan y seducen, inaprensible encanto de esta ciudad ambigua.

Cada mañana salíamos a recorrer los lugares importantes, los turísticos, los obligados, los imposible perderse si vas a Santiago. Pero fueron los humildes y casuales andares en pequeño grupo, esos que irremisiblemente morían en el delicioso parque Céspedes, los que convirtieron este viaje en una verdadera fiesta.

Uno de estos paseos nos llevó hasta Cayo Granma -espoleados por las imágenes del documental “Breton es un bebé” de Arturo Soto- para conocer de primera mano esta pequeña porción de tierra medio irreal en plena bahía santiaguera. Mezcla de vergüenza y desencanto, descubrimos que no había ningún entierro y decidimos explorar el pequeño pueblo de pescadores, tan parecido a otros, con esa arquitectura propia de las sencillas casas de mar.

Subyugados por el calmo espíritu del lugar, Cayo Granma se nos reveló como un hermoso y pequeño poblado con una calle principal empedrada que lo rodea, de la que parten como rayos concéntricos numerosas escaleras que sirven de calles secundarias. Subiendo los escalones de la empinada cuesta que es el cayo se desperdigan las casas, apuntando hacia la cima en la que se enseñorea la iglesia del pueblo, cerrada siempre hasta la próxima misa. Allí, desde lo alto, se divisa todo el pequeño caserío, su gente, sus casas de madera, sus botes, sus rústicos embarcaderos, su vida.

Mientras esperábamos el ferry que nos regresaría a tierra firme, observamos unos niños jugar al futbol. Alegres vocingleros, trocaron el uniforme escolar en casaca deportiva y entre un par de botes que recibían mantenimiento armaron su cancha. Todos pequeñitos, todos muy humildes, todos muy felices. Mucha razón tiene un amigo cuando dice que una casa y un bote en Cayo Granma debieran ser suficientes.
Las noches: del parque Céspedes hacia Santiago

Nuestros paseos nocturnos terminaban invariablemente en el parque Céspedes, donde armados de una guitarra, rones pendencieros y veneración por los padres de la trova arrancábamos canciones de toda laya hasta pasada la medianoche. La primera vez que fui a Santiago de Cuba, me negaron el paso a la Casa de la Trova por no tener los 5 CUC que costaba la entrada. En esta ocasión ni siquiera lo intenté, sin embargo en estas noches del parque Céspedes me sentí en perfecta comunión con Pepe Sánchez, con Sindo Garay, con Miguel Matamoros, con el alma de la trova muerta de hambre y de corazón infinito que jamás hubiera podido contar con 5 CUC para franquear la entrada de un establecimiento dizque trovero.
En uno de esos repetidos vagares fuimos tocados por el sortilegio que flota sobre toda ciudad que se precie de tal, y guiados por una estudiante y un poco de buen azar nos sumergimos en la noche santiaguera, como en uno de esos cuentos que la astuta Scheherezada contaba hace siglos, en los que un portento sucede a otro sin apenas transición.

Gretchen, que ese era el nombre de nuestra cicerone, nos llevó del parque Céspedes más allá de las calles Garzón y Enramada – por razones estratégicas eran nuestras vías habituales-, y así rodamos por un montón de calles largas, cortas, anchas, estrechas, comunes, históricas; memorable paseo que nos llevó de la sabrosa Casa de las Tradiciones a las escaleras de Padre Pico, hermoso mirador natural de la ciudad.

Desandábamos una calle cualquiera cuando, al pasar frente a la maqueta local, alguien tocó los cristales repetidas veces desde el interior para atraer nuestra atención. Nos acercamos y entablamos con un custodio -esos protagonistas de más de una leyenda urbana- una conversación que versó sobre deseos de ver la ciudad toda, sanciones laborales y ambientes etílicos. Gracias al oportuno cambio de dueño de nuestra “caneca” de ron Arecha, aquella plática terminó con nosotros disfrutando surrealistamente de una visita a la maqueta de Santiago de Cuba cercanas las diez de la noche.

Ya comienzan a pasar los días, y la otra magia cotidiana de La Habana comienza a absorbernos. Nos fuimos de Santiago, con un montón de alegrías y alguna que otra pequeña tristeza, perdurables momentos que, tal como me enseñara Fina García Marruz, se (con)funden en mi memoria como sucede con las cosas realmente inolvidables.

 

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