Santiago en mí

Lo que mal comienza…

decepcionadoA veces pecamos de excesivo optimismo o la simple lógica de que las cosas se hagan como se debe hacer. Pero la cruda realidad se impone y una vez más afloran las verdaderas carencias de esta “raza” que somos los cubanos.

Ayer quedó inaugurada la etapa oriental de la XXI edición de la Feria del Libro, que se extenderá hasta el próximo 4 de marzo, día en que será oficialmente clausurada, en esta ciudad.

La esperanza de disfrutar de una edición en la cual algunas de las dificultades organizativas de años anteriores fueran corregidas a fuerza de experiencia, quedó muy pronto desvanecida y lo que pudo ser el prólogo de una excelente fiesta de los libros, parece transformarse en el epílogo de esta feria marcada por las deficiencias.

El escenario del Complejo Cultural Heredia, sede central de la versión santiaguera de la feria, lucía, a las 6 de la tarde, como si en vez de haberse vivido el primer día de ventas, se tratara de los resabios de todas las jornadas anteriores.

La “Gran Librería” apenas era una sombra de su nombre. Unos pocos anaqueles colocados contra una pared, mostraban los escasos libros dispuestos para la venta, la mayoría, ejemplares que han acumulado horas y polvo durante todo el año en las librerías de la ciudad; otros, unas pocas novedades editoriales que no significaban siquiera una muestra representativa de las que se deben comercializar. Una vez más los niños siguen siendo beneficiados en cuanto al número y la variedad de textos.

En el patio del Complejo Cultural Heredia, poco menos de una decena de quioscos, aburridos, exhibían los mismos títulos, ante la mirada hastiada de los dependientes.

Este desabastecimiento parece deberse, según rumores que de inmediato comenzaron a rodar, a que la “rastra que traía los libros no llegó en tiempo” (sic).

Por su parte, el pabellón infantil “Tesoro de Papel”, dedicado a la presentación de diversas actividades culturales por y para los niños, mostraba señales que hacían pensar que aún los pequeños no habían podido disfrutar de él. Ojalá me equivoque y haya sido una impresión guiada por el resto de las decepciones.

Se nota también la ausencia de tablillas o murales indicativos que contengan los programas diarios de la feria; cómo entonces, esperan que el público asistente pueda disfrutar de las diversas opciones que acompañan un evento de este tipo, o la presentación de títulos de interés en las diversas áreas del “Heredia”.

¿Cómo es posible que, siendo la Feria del Libro un evento anual con fechas predefinidas con todo un año de antelación, puedan ocurrir tantas fallas organizativas?¿Hay que esperar al inicio de cada etapa provincial para enviar, un día antes, los textos que serán puestos a la venta?¿No existe un mecanismo para garantizar que al menos un mínimo de ejemplares por título esté en los almacenes de cada provincia antes del comienzo del evento?¿Es tan difícil colocar en varios lugares del centro expositivo, la programación diaria de las actividades de la feria?

Sin embargo, esta visita fugaz (más por las circunstancias que por los deseos) a la sede “Heredia” no fue del todo en vano y me deparó dos agradables (llamémosle así) sorpresas.

En primer lugar, noté la intención de utilizar la segunda planta de la edificación para la exposición y venta de los títulos de las Editoriales Invitadas (sic). Esta fue una de las sugerencias que desde este blog, yo había realizado a los organizadores del evento el año anterior. Claro, no creo que mis palabras hayan sido la causante de esta solución a todas luces viable.

Por último, a pesar de la pobreza de opciones de m interés entre los textos presentados durante este primer día de feria, logré comprar un libro excepcional (desde mi modesta opinión).

Se trata de “Personajes populares y cuenteros en Santiago de Cuba”, Ediciones Santiago 2011, de la autoría de Francisco Ramón Martínez Hinojosa. En el texto, al cual quizás deba dedicar algunas líneas más que las que ahora escribo, se recogen anécdotas y datos de los más curiosos personajes del siglo XX santiaguero; algunos de los cuales, afortunadamente, han tenido su espacio en este blog.

Así dio inicio la versión santiaguera de la Feria del Libro. Espero al menos que, en esta ocasión, y para bien de los seguidores del libro en Santiago de Cuba, falte razón a la sentencia que reza: lo que mal comienza mal acaba

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