Santiago en mí

Una Clausura de Buena Fe

Sin lugar a dudas, el dúo Buena Fe se muestra en el panorama musical cubano como una de las propuestas de mayor convocatoria. Su presencia en cualquier escenario o proyecto es una garantía de éxito para el mismo.

Provenientes de Guantánamo tuvieron que abrirse paso en un universo dominado primero por la timba y más tarde por el reguetón; portando como única arma el contenido de canciones de pedigrí trovadoresco y de una fina pero firme carga social. De pronto, la juventud cubana se vio identificada con una voz que decía lo que sentían todos, con arreglos musicales muy contemporáneos y las mejores metáforas.

Quizás el fenómeno Buena Fe sea digno de una investigación sociológica, pues si bien otros representantes de la canción inteligente, íconos del movimiento de la trova más nueva o novísima, llenan teatros, lo logrado por el dúo guantanamero alcanza en ocasiones ribetes anecdóticos.

Tal vez por eso fue la carta de triunfo escogida por los organizadores del Festival (definitivamente Festival) de la Trova “Pepe Sánchez”, para dar clausura a un evento que, más allá de las carencias propias del marco en el que le tocó desarrollarse, cuando en Santiago de Cuba no se habla de otra cosa que no sea la próxima visita del Papa; demostró la vigencia de un género que se renueva constantemente y promete sobrevivir épocas en las que lo comercial fija el rumbo de no pocos proyectos musicales.

Otra vez el Complejo Cultural Heredia acogió un concierto del popular dúo, que esta vez, y a tono con la invitación, retornó a sus inicios de guitarra en ristre y dos voces para regalar, a un público que no cedió un ápice de teatro, canciones de siempre, desde aquellas que sorprendieron a principios del nuevo milenio, ya verdaderos clásicos en el repertorio de Buena Fe, hasta las más imprescindibles de hoy.

Momentos especiales de la noche resultaron la presencia en el escenario de Eduardo Sosa, trovador y Presidente del Festival, voz inigualable en la trova cubana, “el Pablo [Milanés] de nuestra generación” (al decir de Israel Rojas, voz líder del dúo); y Tony Ávila, de rápido y merecido ascenso a la popularidad, cardenense jodedor, de textos sugerentes y simpáticos; quienes con apenas tres canciones per cápita arrancaron aluviones de aplausos y ovaciones de un público empático como hacía mucho no se disfrutaba en esta ciudad.

Entre todos, cofradía de amigos y trovadores (o viceversa), compartieron sus textos cantados y entre estos, dedicaron un homenaje a ese Movimiento de la Nueva Trova que cumple 40 años, savia indispensable para la canción inteligente y comprometida; con canciones icónicas como “De donde viene el amor” (Guajiro de monte adentro), de Pepe Ordaz (presente en el público asistente) y “Pequeña serenata diurna”, de Silvio Rodríguez.concierto de buena fe

Así se dio clausura a un evento singular, necesario, al cual aún le quedan muchos muros por derribar para recuperar un espacio que jamás debió serle negado; batalla que de seguro se ganará, gracias al empeño de músicos como los que se dieron cita en esta ciudad durante cuatro días.

Todavía en los diversos escenarios que acogieron Peñas, descargas, conciertos, homenajes y serenatas, se escucharán los ecos de las guitarras, mientras que a los amantes del género, los próximos doce meses que nos separan de la edición 51 del Festival, se nos hace desde ya interminables.

Concierto de Buena fe

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