Santiago en mí

Y sin embargo…desde mi butaca en el cine.

Fotograma de la película cubana Y sin embargo

Entonces, ¿se mueve o no se mueve? Una pregunta que irremediablemente nos conecta con las teorías de Galileo, y retoman la famosa frase que se le acredita al astrónomo y filósofo italiano: «Eppur si muove» (y sin embargo se mueve).

También es la pregunta que Peco y Pando hacen al pequeño Lapatún, para confirmar sus sospechas de que es la Tierra la que gira alrededor del Sol; pero también, para reafirmar su derecho a soñar. Lapatún no necesita responder, los espectadores saben la respuesta; lo importante ahora es el mensaje que, sin diálogos, llega a cada uno.

Hablo de las escenas del más reciente filme cubano que por estos días se estrena en las salas oscuras de todo el país: Y sin embargo. Un filme diferente a todos cuantos habitualmente se realizan en Cuba; que apuesta por la imaginación como hilo conductor y sale en defensa de la fantasía.

Es un bálsamo escapar un poco del crudo realismo que caracteriza (para bien, aclaro) a la filmografía nacional más reciente. Se apuesta ahora por un mundo místico, indefinido, rebosante de colores, donde lo fundamental no se dice con palabras (bastan unos pocos diálogos) sino con unas imágenes en ocasiones surrealistas; en otras, simplemente ingeniosas.

No es una comedia, sin embargo el público ríe (a veces creo que en exceso, restando solemnidad a mensajes que es necesario asumir con toda la seriedad del mundo). No es un musical, sin embargo los actores cantan y la música (letras de Silvio Rodríguez y música incidental de Juan Carlos Rivero) adquiere un hermoso protagonismo en cada escena.

Y sin embargo me sorprendió agradablemente: extrañamente linda, fue la definición que le destiné, ni bien el viento de la ciudad me arrancaba los últimos jirones de la oscuridad de la sala de cine.

Conmovedora por momentos; el monólogo de una de las protagonistas resume a la perfección la intencionalidad de la cinta: ¿cómo podemos vivir sin soñar? Y recuerdo inexorablemente los versos del cantor: yo vivo de preguntar/saber no puede ser lujo.

Sale, Y sin embargo, en defensa del niño y la imaginación; de la necesidad de no intentar hallarle una racionalidad a todo, y permitirnos, de vez en cuando, fantasear y aceptar otras realidades distintas a las nuestras.

Lapatún impregna, a todos quienes lo rodean, de su capacidad de soñar, de crear historias que, en un momento determinado, no logramos diferenciar entre ciertas y falsas (o fantasiosas, sería mejor). Obligado (como Galileo) a retractarse de sus historias, no necesita como el italiano mascullar una protesta formal: a esas alturas del filme, ya hay otras voces que hablan por él.

Nosotros, los espectadores, también hablamos por él.

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