Santiago en mí

Los defectos de “la joya”

Iris Jazz Club. Foto: Miguel Noa Menéndez

Iris Jazz Club. Foto: Miguel Noa Menéndez

Como una “joya en Plaza de Marte” definió el periodista santiaguero Miguel Angel Gainza Chacón al todavía novedoso Iris Jazz Club.

A lo largo de un extenso artículo publicado también el pasado sábado en la edición impresa del semanario Sierra Maestra, Gainza nos adentra en los espacios aun desconocidos de una edificación que desde su propia gestación ha sido y es noticia en Santiago de Cuba.

Enclavado en el céntrico escenario de la Plaza de Marte, escoltado por dos de las arterias más emblemáticas de la ciudad (Enramadas y Aguilera), el ya popular Iris Jazz Club devino una solución extraordinaria a un local que durante años ha sido remodelado una y otra vez, sin escapar de las garras de la desidia y el mal gusto.

Perfectamente acoplado al entorno, el Iris Jazz Club es algo de lo que ciertamente podremos llegar a enorgullecernos los santiagueros; no solo porque la calidad del diseño, de la ornamentación, el buen gusto mostrado en los acabados han revitalizado una de las fachadas más céntricas de la ciudad; sino por lo que para Santiago pudiera significar en materia cultural un espacio como este, donde la “vida bohemia” debe hallar su refugio.

Sin embargo, ni el mejor de los esfuerzos puede escapar a la chapucería que a veces nos aturde en el diario.

El pasado sábado, mientras velaba por un soplo de brisa en la calurosa noche santiaguera, sentado en uno de los bancos de la Plaza de Marte (justo de los que quedan frente al Club), pensaba en cómo el esfuerzo de muchos puede verse empañado por (quizás) un simple descuido.

Esa noche muchos transeúntes detuvieron sus pasos a la entrada del Iris Jazz Club, sorprendidos de verlo en funcionamiento; toda vez que (según entiendo y parece demostrar el texto de Gainza aparecido esa misma tarde en la prensa) aún no ha sido inaugurado “oficialmente”, con todo el “bombo y platillo” que se venía anunciando a vox populi en un rumor que incluía la presencia en su escenario del multipremiado Chucho Valdés.

A pesar de esto, varias parejas, luego de una pausa que a la distancia se me antojó curiosa, decidieron convertirse en los primeros clientes de la instalación, mientras en el bar Emiliano (uno de los espacios de anexos a la sala principal del Club) no pocos ya disfrutaban de sus ofertas.

Pero lo que llamó mi atención y me decepcionó fue la forma tan ridícula y chapucera de dar a conocer a los potenciales clientes del local, la programación dispuesta para la noche.

Todo el esplendor, la sobriedad de los diseños, las luces, las obras escultóricas, todo lo que dota de originalidad y belleza al Iris Jazz Club, se vio opacado por tres burdos trozos de papeles en los cuales se había impreso el nombre del grupo invitado de la noche y el precio de las entradas, y había sido pegados con precinta a uno de los cristales desde el interior del local.

¡No una cartelera diseñada por alguno de los propios artistas plásticos que dejaron su huella en la construcción!; sino tres simples trozos de papel impreso fue la solución encontrada para dar promoción al programa nocturno. ¡Vergonzoso!

Desde la distancia no salía de mi asombro. ¿Cómo pudo escapar ese detalle?, ¿será que sólo se trataba de un “ensayo” pre-inaugural? Y si así fuera, ¿adónde quedó la sensibilidad artística de los creadores de la instalación?

Ojalá esta primera impresión sea rápidamente borrada. Aún no sé cuándo podré percibir por mis propias experiencias, la verdadera connotación de este sitio para el público santiaguero; por ahora, los 60 pesos por pareja que cuesta el acceso al salón principal es un desembolso que no puedo permitirme sin pensarlo dos (y hasta tres) veces; quizás por aquello que representa destinar a pagar solo una entrada (sin consumo mínimo garantizado) alrededor del 12% de mi salario mensual.

Quizás pronto algunos amigos me cuenten de sus visitas al Club, de la profesionalidad de su servicio, de la calidad de su oferta artística…Tal vez entonces otras dudas se aclaren en mi mente, como: si el consumo en el Bar Emiliano y la Cafetería Jazznamá será en moneda nacional (pesos cubanos, pues la otra también es nacional…al menos eso dicen), y hasta cuánto podría ascender el precio de entrada según el talento artístico de turno….

Sí, una joya le ha nacido al panorama cultural santiaguero…pero una joya que todavía tiene sus imperfecciones.

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9 pensamientos en “Los defectos de “la joya”

  1. estás hecho un ácido!!!!!!!!!, haces bien, porque algo que tanto bombo y platillo se le está dando, no pueden descuidarse esos detalles (pequeños) de gran importancia, que tanto pululan en nuestra ciudad.

    • Siempre se puede acidificar un poco más, aunque la intensión real era el llamado de atención a “detalles” como esos..pero más se pudiera decir de un Club que nace con ínfulas exclusivistas…

  2. Pingback: Los defectos de “la joya” | santiago en mi | Scoop.it

  3. exclusivista no nobelpg, el jazz es un tanto elitista kieras tú o yo o kualkiera socio, y más en esta tierra devenida remanso del reguetón… lo importante de las ofertas culturales en Santiago de Cuba u otra parte, es la variedad. Si existe una casa de la trova, un iris jazz club, una plaza juvenil ferreiro… bien Por Santiago de Cuba, abundancia de opciones….. el jazz no es pa todo el mundo, hay partes de la cultura que se puede masificar, pero a mi modesto juicio, muy modesto juicio, no todo se puede llevar a los barrios…. y que me maten por ese último criterio.

    los detalles???? coincido plenamente contigo. en la comunicación sucede algo muy curioso: una excelente presentación puede venirse abajo por un insignificante detalle, un espectáculo precioso en el que una bailarine resbale, nadie va a recordar la presentación, nadie olvida la caída…. y los detalles, también es calidad y respeto al pueblo.

    • No te falta razón, no sé a quién escuché decir (creo que a Lescay) que Santiago es una tierra que gusta mucho el jazz, quizás el domine más estadísticas que yo, pero la impresión no es esa…pero cuando hablo de ínfulas exclusivistas no es por los que gusten o no de jazz, sino por los que podrán acceder a él o no, pues muchos que a lo mejor no gustan del jazz verán en ese sitio el lugar para ostentar de sus posibilidades y tomarse diez cervezas cada noche, aunque se dedique a hablar sin prestar atención a lo que en el escenario se desata…
      te pongo el ejemplo del patio la Jutía Conga durante el Festival de Boleros de Oro, cuántos jóvenes no fueron allí por el sencillo hecho de poder tomarse unas cervezas “baratas”, y poco interés (y respeto, añadiría) en lo que los artistas hacía…
      claro está que no todo se puede masificar, pero sí educar, pero cómo educas a alguien en el gusto por un género, si el sitio más llamativo para ello a lo mejor no está al alcance de su bolsillo….el reguetón, querámoslo o no, está en cualquier lugar y con un peso lo escuchas hasta en una camioneta…:(

  4. que pluma asere, me dejas frío!!!!!!! jajaja

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