Santiago en mí

El pregón, melodiosa promoción de venta callejera

Berta la pregonera mayor del Caribe

Justo donde las calles Carnicería y Enramada se abrazan, y crean un espacio único en la agitada vida citadina de Santiago de Cuba, se  siente un sonido singular: ¡la pulpa, la pulpa, la rica pulpa!…

A lo lejos, otro vendedor anuncia su entrada con el rítmico  repiqueteo en una lata: ¡maní, maní, el rico y caliente maní aquí!

Un poco más cerca, abriéndose paso entre la muchedumbre que transita por el Callejón del Carmen, y atravesando el Parque Serrano, aparece la diva de arte del pregón en el Caribe.

Berta, con esa voz potente y las picarescas rimas que improvisa,  promociona sus remedios caseros que prometen sanar las dolencias: “¡muchacho ven, ven que yo traigo la medicina que va a curar al mundo entero!”.

Lo que podría ser el escenario de una obra costumbrista, resulta cotidiano en el corazón de esta urbe suroriental cubana, donde la cultura y las tradiciones populares se entrelazan y crean una atmósfera única.

Son actores de la vida diaria, pocos son conocidos por sus  nombres, pero han abandonado el anonimato para convertirse en personas que alegran, facilitan el ajetreo dentro de los hogares al traer hasta las puertas de las casas los productos que ofertan, e incluso algunos ya son legendarios por sus propios estilos de pregones.

Los pregoneros santiagueros generalmente se convierten en inspiración de trovadores, como el reconocido Félix B. Caignet con el  tema “Frutas de El Caney”, que hace referencia al poblado que ha trascendido a la fama, por los comerciantes que día a día recorren las arterias de la ciudad para vender los famosos mangos que allí se cosechan.

“¡Eeeeeescobaaaaaaaaas, briiiiiiilladoreeeeeeeeeeees!”, dice un  hombre de mediana estatura, de tez negra, mientras se empeña en impresionar a cuanto transeúnte pasa a su lado.

Otros, apelan a la curiosidad: “¡De coco, de coco, con patica de  macho!”, grita un señor, mientras los vecinos de la barriada de Sueño asoman sus cabezas por ventanas y balcones, y todos se preguntan: ¿qué vende este?

Los más osados se atreven a preguntar, a los que responde el  vendedor con cara de satisfacción: “¡Turrón de coco, qué otra cosa  podría ser!”.

Definido como un género musical urbano breve y repetitivo, nacido en la Isla en el siglo XIX, el pregón es heredero de las tradiciones comerciales de las grandes urbes europeas, llegadas con la emigración franco-haitiana tras la Revolución en la colonia de Saint Domingue.

En una gestión bella y útil, sus cultores musicalizan la  cotidianidad con sus cantos y exclamaciones graciosas, y avisan con sus melodías la proximidad de quien propone algún producto, aún cuando por la distancia no se precisa bien qué es lo propuesto.

Algunos consideran que esta forma de hacer arte popular y callejero está en decadencia, ante la eclosión comercial que experimenta la urbe en los últimos años.

Este peligro ha motivado que se realice en la etapa estival un Festival del Pregón, como una forma de mantener la tradición de gran arraigo en la población, además de ser una atractiva propuesta para  los visitantes de la oriental ciudad.

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