Santiago en mí

Memorias de Sandy (V)

Un mes. Treinta días. Uno y treinta. Evidencia de que las matemáticas a veces no son tan exactas. Números que, de tan distintos, son lo mismo: el tiempo transcurrido desde el paso de Sandy por esta ciudad de casi medio milenio.

¡Cuántas cosas pueden suceder en un mes! Bien lo sé yo, que parece que últimamente vivo esas líneas de mis manos en fragmentos de treinta días; como montaña rusa de pausas y aceleraciones, como si los sucesos no se acomodaran al transcurrir del tiempo y pujaran por nacer, desarrollarse, terminar en cuestión de horas.

Pero también cuánto se alargan; tanto que el mes se nos hace meses en la mente, años a la vista, a las desesperaciones.

En un mes la ciudad resurge de los escombros, las colas regresan (con cara de que en verdad nunca se han ido), las lámparas se desperezan, los pasos retoman su ritmo; pareciera un mes más. Pero entonces las montañas se ven a lo lejos como nunca, como si el viento las hubiera acercado más sobre la ciudad, pero no son las montañas sino los árboles que faltan (la ciudad que emergió del bosque destruido); entonces los pasos húmedos de cloro; la conversación que se repite; el despertar y mirar hacia donde hubo techo y adivinar si aclara o todavía asoma alguna estrella.

Un mes al que le hemos robado una cotidianidad nada cotidiana, aunque se mire al cielo ante cada nube, y egoístas roguemos por sequías que espanten otra vez la mugre y alguna que otra lluvia rodando por el rostro.

Un mes que no basta para tranquilizar, que no habla claro de tantas voces que intentan decir; un mes de incertidumbre.

Pero también un mes que vale un año. Y un año de felicidad. Y tal vez un mes que marca un día, un nuevo llanto que nada sabe del ciclón y tal vez (porque así somos) se llame Sandy, y en unos años cuando le hablen de ese nombre, tendría que vivir algo a lo que vivió su madre para entenderlo, y hacer un alto en el juego.

Un mes, en definitiva, que es el primer mes. Porque siempre contamos. Y a lo mejor tendremos que seguir el conteo: dos y sesenta, tres y noventa y así…al menos para muchos.

Enviado desde el correo electrónico

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2 pensamientos en “Memorias de Sandy (V)

  1. Un canario. en dijo:

    ¡Muy bonito escrito, gracias! Y nos alegramos porque santiago reviva y siga hacia delante:¡ nunca lo dudamos, y siempre lo deseamos!

  2. Noel Pérez García en dijo:

    Gracias a usted por el comentario.
    Saludos,
    Noel

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