Santiago en mí

Los sobrevivientes

Por Juan Antonio Tejera

Hay tradiciones eternas, otras que son sustituidas en el tiempo. Sucede lo mismo con las costumbres, esas que sin llegar a la categoría de las anteriores forman parte del ser de una ciudad o sus habitantes. Otro elemento imperecedero son las construcciones que señalan un punto importante de la arquitectura y a través de ella, la historia.

Mire, si hablamos de ellas, las construcciones, tenemos que mencionar el Castillo del Morro San Pedro de la Roca, la antigua Casa de Beneficencia, la Iglesia de los Desamparados, la anteriormente primero Escuela Modelo, luego Escuela Normal para Maestros y actualmente Centro Formador de Maestros, la Casa del Adelantado, la Catedral, nuestros Palacios Provincial y Municipal y, bueno, la relación podía ser bien larga.

Curiosamente, esa naturaleza que nos sorprendió, respetó la mayoría de ellos, como si de esa forma mostrara su admiración por esos elementos valiosos de la ciudad. Y es que en medio de la tristeza, ahora que son muchos los puntos de Santiago que pueden ser vistos desde otros puntos, como si la fisonomía hubiese cambiado y es a causa de la inexistencia de algunos árboles, respiramos aliviados cuando vemos la permanencia de estas edificaciones que hemos mencionado y otras, que sin estar en dicha relación, no han sido olvidadas. Y en ellas reside gran parte de nuestra historia a lo largo de varias generaciones. Como reside también en la Clínica Los Ángeles, en el edificio del restaurante Santiago 1900, el Palacio de Pioneros entre otros más modernos. Siempre nos admiramos y hemos expresado nuestro pesar por el desconocimiento de la vida original de una enorme casona de dos pisos, hoy cuartería, que ciudadela no es un término nuestro, que se encuentra frente a la Plaza del Mercado por la calle Padre Pico.

En sus paredes aun hay restos de sus pinturas originales y sin lugar a dudas fue una hermosa mansión desde cuyos ventanales se debió haber disfrutado de una vista realmente maravillosa de nuestra bahía. Y mire usted, a pesar de su antigüedad, del descuido a que ha sido sometida, junto con todas las anteriormente mencionadas, en su lugar se encuentra. Y nos parece que debemos aprender una lección de esos soldados invencible: hay que hacer las cosas, en este caso las construcciones, bien hechas para que no sean sino testigos mudos del paso del tiempo, aunque realmente ellas tienen muchas cosas que decir en esta ciudad de maravillas.

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