Santiago en mí

Sandy 0, constructores de antaño 1

Por: Juan Antonio Tejera

Hay ciudades que llevan el título de “los parques”. Hay otras que se caracterizan por tener un número grande de iglesias y otras que tienen un buen número de estos dos elementos. Santiago de Cuba es una de ellas.

Uno piensa que después de los primeros días posteriores al paso del huracán, no hay nada más de qué sorprenderse ni de qué afligirse. Sin embargo, la ciudad es grande y se necesita de mucho tiempo para recorrerla. Por ello, no sorprendimos y nos afligimos al pasar por el Parque Crombet, ese que con tanto cariño llamamos “La Placita” y descubrimos que sus árboles habían sido levantados de raíz, incluso con los elementos de hormigón que le rodeaban. Tan altos y
majestuosos, ahora se veían indefensos como esperando alguna ayuda que con certeza llegaría, pero que no sería suficiente para regresarlos a sus lugares y sus vidas. Como escapando de tan triste misión alzamos la vista y nuestros ojos tropezaron con la cúpula de la Iglesia de Santo Tomás, sitio que resguarda al la Virgen Peregrina de el Cobre, esas que se dice acompañó a los mambises en su guerra contra España. Y cuán fue nuestra sorpresa al descubrir que allí estaba su cúpula, la del campanario, que esa fuerza terrífica que arrancaba árboles de raíz, no había podido destruir el punto alto de ese lugar de oración y recogimiento. Y entonces haciendo memoria, recordamos que tampoco habían caído las cúpulas de la Catedral y apenas si habían doblegado sus cruces. Y lo mismo había sucedido con la de Santa Lucía: cúpulas intactas. ¿Acaso tenían, tienen, una protección especial? No fue el criterio que aceptamos y sí se acrecentó el respeto para los constructores santiagueros de antaño.

Mire, esa opinión no está basada sólo el hecho de la supervivencia de las iglesias que sólo son un ejemplo. Fíjese cuántos edificios antiguos, con cubiertas de tejas criollas o francesas, sobrevivieron a los efectos del huracán. Usted las mira y se pregunta cómo fue posible. Casas que parecen sostenerse por estar al lado de otras más fuertes, tejados que con el caminar felino y silencioso de los gatos, se tambalean, paredes que parecen recostarse de otras paredes, increíblemente resistieron las fuerzas de los vientos de Sandy.

Y es que estaban bien construidas y a pesar de la ancianidad de sus elementos, estaban fuertes, capaces de sostenerse por aún muchos años más. Y eso es muestra del esfuerzo y la calidad de las obras de constructores santiagueros que, como muchos de los actuales, merecen un lugar destacado en la historia de esta ciudad de maravillas.

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