Santiago en mí

Feria del libro en Santiago de Cuba: novedades, el misterio Padura y otras curiosidades

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Hoy quedó inaugurada la edición santiaguera de la Feria Internacional del Libro, Cuba 2013. Feria a media asta.

Como ya es costumbre hasta allí llegué, y no puedo contenerme las ganas de escribir una nueva crónica sobre la Fiesta del Libro en esta ciudad.

De novedades está lleno, en esta ocasión, uno de los eventos culturales de mayor convocatoria en el país. Sobre ellas ya comenté en una entrada anterior. Pero faltaba verlas en aplicación y me parece que, a la hora de las evaluaciones, le doy un aprobado.

La nueva sede, en el Palacio de Pioneros del reparto Vista Alegre, — a partir de las reparaciones que se realizan en la habitual del Complejo Cultural Heredia—, cumple con sus funciones: un ambiente agradable, modernas carpas que sustituyen a los vetustos quioscos, una Gran Librería que cumple con su nombre (si bien algo pobre en iluminación); son algunos elementos que aportan a esta edición valores antes perdidos.

Hasta ese sitio me dirigí, bien temprano en la mañana. En la mente, una lista de los textos que me interesaba comprar. No pasaba mucho de las ocho y ya en las afueras de la casona aguardaba un buen público. Afortunadamente, no demoraron en abrir. Primer acierto.

Luego de una breve cola, logré acceder a la Gran Librería. Localicé muy rápido dos de los textos que me interesaban, mientras que vislumbré futuras compras. Pero, algo faltaba. Me dirigía a pagar mis libros cuando un señor preguntó a la vendedora: ¿No venden “El hombre que amaba a los perros?”.

¡Claro! Uno de los textos ya míticos de Leonardo Padura, Premio Nacional de Literatura 2012; y de quien, sin embargo, resulta difícil hallar sus libros. Para esta feria se había anunciado la reedición de dos de sus novelas más aclamadas, la ya mencionada y “Fiebre de caballos”. Dos títulos que conformaban mi lista y que, inocente de mí, al no verlos, pensé que estarían en otro sitio.

Sin embargo, dicen que a veces no se trata de preguntar, si no de estar cerca de quien pregunte (bueno, esto es una adaptación muy personal de otro refrán, pero me vale igual). Así, me convertí en súbdito del cuestionador y mostré también mi interés por adquirirlo. “Está por allá”, dijo la vendedora; pero por allá no estaba, pues de ahí veníamos mi buen interrogador y yo. No obstante, como buenos clientes, nos dimos una segunda vuelta, solo para comprobar que, en efecto, “por allá no estaba”.

Pero este señor no es de los que se da por vencido, y cuando lo busco con la vista lo veo en conversaciones con una mujer de credencial. Me acerco y alcanzo a escuchar que ella le pregunta, como para confirmar lo dicho, si es el texto de Padura él que busca. Él afirma, y yo con él. Ella me mira y dice: ¿Usted también? Sí. Luego, con gestos misteriosos, se adentra en una oficina, y vuelve con dos ejemplares de ¡¡“El hombre que amaba a los perros”!! “Es de los pocos que quedan”, dice. Y yo, alegre de poder conseguir el tan ansiado libro, sólo le pregunto: ¿Y “Fiebre de Caballos”?; No lo sacaron, responde.

Tras esta escena de suspense, vivida en medio de una decena de personas que tal vez no se percataron, ansiosos como estaban por los textos de Daniel Chavarría y el Diccionario Básico Escolar; me queda preguntarme: ¿cómo es posible que, si fui de los primeros en comprar, prácticamente no logro hacerme de esta novela?, ¿por qué no estaban a la venta junto con el resto de los libros?, ¿dónde quedó la otra novela que se dijo reeditarían para esta feria? Luego me comentó alguien que solo habían llegado cien ejemplares de texto de Padura; si es así, ¿qué se hicieron los otros 98 ejemplares? Como diría una colega: Cosas del Orinoco.

Otras anécdotas pueden narrarse sobre un evento tan multitudinario. Otros señalamientos y sugerencias pudieran hacerse, algunas, recurrentes. Pero me conformo con contarles dos, curiosas y
simpáticas: una, esa señora que luego de comprar un libro sobre cocina, se quejaba a toda voz: “¡Ya, se acabó…si saben que gustan tanto los libros de cocina, que fabriquen más” (sic); la otra, si bien simpática, alarmante, sobre todo para los padres de ese pequeño de 10 u 11 años que el único libro que compró se titula “¿Cómo evitar el suicidio?”.

Desde hoy y hasta el próximo día 10 el libro cobra protagonismo en Santiago de Cuba. Un amplio programa promete mucho. Yo, que en otros años tanto he criticado la organización y desarrollo de este evento, me siento más tranquilo. Sin alcanzar lo que se puede logra, esta edición del 2013 puede ser superior que las de años anteriores. Ojalá no me equivoque.

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2 pensamientos en “Feria del libro en Santiago de Cuba: novedades, el misterio Padura y otras curiosidades

  1. para que sigan las sorpresas…. el cochino comelón, creo que se llama así, de una escritora santiaguera, en meno de una hora se agotó ese volúmen, y creo que no van a llegar más, aún cuando se conoce que los libros infantiles son los de mayor demanda, por una idea, en este caso muy buena, es llevar a los alumnos, sacarlos de las aulas, ara que acudan a la feria, entonces, por qué tan limitados ejemplares de textos infantiles, y aún más doloroso, de escritores santiagueros?

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