Santiago en mí

Beethoven, Cats y congas: un concierto de palo pa´ rumba

Me costaba imaginar a una orquesta de provincia interpretando nada menos que una selección de Cats y la Quinta Sinfonía de Beethoven. No era por restarle méritos a la Sinfónica de Oriente, pero era enorme el reto de hacer el gran éxito de Broadway y la obra más conocida del compositor alemán. Pero sí. Lo hizo y con el desenfado y la maestría con que tocan los grandes. Impresionante la presentación del sábado en la noche en la Sala Dolores.

No dudo que haya sido idea del director Jorge López Marín, un villaclareño loco por la música que compartió esta vez el escenario con los de Santiago de Cuba. Era realmente atrevido el repertorio, y por si fuera poco, mezclarlo con congas y caringas. Como diría él mismo, era como “ir de palo pá rumba, pero esta vez de sinfonía a congas”.

La Orquesta lo hizo excelente. No hubo nota mal puesta ni sonido atrasado que empañaran el espectáculo. Los artistas disfrutaron el momento y demostraron que un conjunto de su tipo no es solo buena dirección. Extremadamente difícil y bella, interpretaron la Quinta Sinfonía de Beethoven en su versión original, con todo el rigor y la destreza que implica.

Jorge López Marín, por su parte, dirigió con admirable soltura. Desechó partituras y apeló a una impresionante memoria rítmica durante todo el concierto. Coreografío con las manos las piezas interpretadas mientras invitaba a los músicos a soñar junto a él. Parecía salirse del estrado. El espacio le quedaba pequeño.

No menos sorprendente fue la actuación de María Isabel Prado con selecciones de Cats. Atrevido el repertorio que incluyó Macavity y el clásico Memory, y con el cual deslumbró a los presentes. Ayudó su experiencia como cantante lírica, y al estilo Broadway nos reafirmó que había valido la pena salir de casa para verla actuar.

El concierto de la Sinfónica de Oriente cerró con tres piezas del maestro López Marín, dos congas y una caringa de su autoría, todas con atractiva sonoridad y buen gusto, pero que hubieran brillado más sino hubieran tenido que competir con el precedente de los clásicos interpretados. Pero el público ya estaba alerta, la presentación iba de palo pa´ rumba, o mejor dicho, de sinfonías a congas.

Exceptuando la mezcla, la presentación del sábado fue impresionante. No hizo falta regresar al siglo XIX para escuchar la obra más conocida del compositor alemán, ni ir a Broadway para ver Cats. En la prensa la reseñarían como “de lujo”. Yo me quedo con especial.

Tomado de Beethoven, Cats y congas: un concierto de palo pa´ rumba

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