Santiago en mí

Los santiagueros y los dulces

Por Juan Antonio Tejera

El santiaguero, la santiaguera, son amantes de lo dulce. Y del dulce como tal. Entonces usted se encuentra y se extraña de ver a una de esas jovencitas capaces de detener el tráfico en el caso de que en Enramadas existiese a esa hora, que se halla en el Parque Serrano, absorta en la conversación con un hombre mucho mayor que ella, que se las da de amante a la antigua y que en cualquier momento está rodeado de hormigas por la dulzura de las palabras que emplea.

A lo mejor es honesto en su forma de expresarse. Tal vez es sólo un método de persuasión, pero en primera aproximación convence. Sólo que nuestras jóvenes saben muy bien hasta dónde deben llegar y el cazador en las más de las veces queda frustrado.

Muy cerca del parque, un montón de personas esperan y luego salen portando esas caras cajitas de cartón: ¡han encontrado dulces! Y no hay uno de ellos que pueda derrotar la tentación, no de comerlos, de llevarlos a la casa para que el resto de la familia, sobre todo en estos tiempos de recuperación luego de las lógicas carencias, los disfrute. No existe una mujer santiaguera que no conozca el uso de una sonrisa dulce. No hay santiaguero que no disfrute cuando compra algo o hace una gestión oficial que aunque la respuesta sea negativa o no encuentre lo que desea, esto le sea comunicado de una forma agradable, educada y aún mejor: dulce.

Hasta los niños santiagueros cuando son reprendidos por sus padres, los maestros o una persona de mayor edad, aceptan casi como un cumplido el señalamiento siempre que sea de esa forma: dulce. Y sí, es cierto que las costumbres, al igual que las modas se han modificado, que nuestra ciudad que era ejemplo del buen decir, esté invadida por una serie de palabras de mal gusto, que pueden ser pronunciadas lo mismo que por un señor de pelo blanquecino que por una adolescente vestida dulcemente con uniforme, pero aún quedan muchos ejemplos de lo que debe ser, de las buenas maneras, de las buenas palabras, de que las otras se utilicen sólo cuando las circunstancias lo justifiquen.

De todos modos, como quiera que nos gusta el café con azúcar, los dulces “dulces” y el amor con ese mismo sabor, seguiremos disfrutando de ese placer de los sentidos en esta ciudad de maravillas.

Anuncios

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: