Santiago en mí

Página abierta a los niños

¿Cuánto nos queda dentro del niño que fuimos? ¿Cuánto hemos crecido —que no madurado— para que no nos emocionen las mismas cosas que se convierten en maravilla a los ojos de los más pequeños? ¿Cuánto dejamos en los apuros del día: sonrisa, timidez, inocencia…?

Entonces cuánto se agradece un remanso, esa página de libro que nos invita a recordar a los que escriben para niños y jóvenes; que nos adentra, casi que sin permiso, en esos mundos que creímos olvidados y donde los protagonistas no levantan un cuarta del piso; donde los protagonistas somos todos porque también la niñez se contagia; encuentra tierra fértil en los sitios más áridos y crece allí; aunque sea por una hora que se pierde en las campanadas seculares de la catedral.

Y ese hombre de risa pícara, que entrecierra los ojos cuando ríe, cómo si mirara al pasado y al futuro al mismo tiempo, o acaso al interior de un público que se da cita cada último viernes para leer esas páginas hipertextuales que regala, quien no parece haber perdido la imaginación con la que nació. Ese hombre es en sí un niño, el más grande todos, y ha escrito un libro conmovedor, un libro de tantas páginas que guarda en sí la actuación de la joven cantante Giselle Lage y Alejandro Duany en la guitarra; los cuentos de Mirna Figueredo; la impresionante actuación de una muy joven narradora oral, cuyo nombre se escurre entre mis neuronas pre-seniles; la experiencia de la escritora Gisela de la Torre Montoya; los versos de José Orpí

¿Qué magia inextricable tienen los niños, que cuanto lleva su sello conmueve, aún cuando se conformen con alzar una mano tímida, mirar con ojos tan asombrados como los míos —cansados de ver tanto y nada— a esos personajes de la radio, hoy de carne y hueso, aterrizados a una imaginación más refinada, de cambiar sus rostros por los que durante hemos forjado en nuestras simpatías?

Tanto y mucho tuvo este libro que todavía no me repongo de las emociones; justo hoy, cuando las calles de esta ciudad acogerán a otros niños, que tal vez mezclen su risa con otras “atracciones” de tan corta valía que más se valora lo vivido ayer.

Ahora mismo, no quisiera estar en la piel de Reynaldo Cedeño, pues una pregunta me viene a la mente: ¿cómo superar esto? Pero es, más que una pregunta, un reto. Sé que el último jueves de junio, tal vez me vea obligado a otra crónica cómo esta.

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3 pensamientos en “Página abierta a los niños

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