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Testigos Patrimoniales de una Gesta Heroica, en un nuevo libro

Testigos Patrimoniales de una gesta Heroica

A la sazón del jolgorio por el aniversario 60 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, saldrá a la luz el libro Testigos Patrimoniales de una Gesta Heroica, última producción científica del departamento de investigaciones históricas y aplicadas, perteneciente a la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC) de Santiago de Cuba.

Con una mirada desde el punto de vista del valor patrimonial, el volumen incluye los sitios vinculados a las acciones armadas protagonizadas por los jóvenes de la Generación del Centenario, el 26 de julio de 1953, entre ellos el Museo Granjita Siboney, los antiguos Palacio de Justicia, cuartel Moncada y hospital civil Saturnino Lora.

Según la Dra.C. Aida Morales, coordinadora de la publicación, la compilación propone un acercamiento abarcador a la historia de esas edificaciones, antes y después del asalto a la fortaleza militar, teniendo en cuenta el significado de esos inmuebles, íconos dentro del acervo arquitectónico de la urbe de Santiago de Cuba.

Agregó la destacada investigadora que también se hace referencia en el texto a otras locaciones relacionados al hecho histórico y fuera del entorno del Área Monumental 26 de Julio, como son el Museo Granjita Siboney -otrora Villa Blanca, que sirvió de campamento base a los asaltantes- y el panteón de los caídos el 26 de julio de 1953 y durante la insurgencia, localizado el lugar en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, en esta ciudad.

Incluirá un suelto que llevará entre 15 y 20 imágenes de cada uno de los lugares, o sea casi 100 fotografías de los lugares vinculados al sitio que dio origen a la celebración del Día de la Rebeldía Nacional en Cuba, detalló la historiadora.

El libro Testigos Patrimoniales de una Gesta Heroica tiene aproximadamente 250 páginas, saldrá a la luz con el sello editorial de Ediciones Santiago, y participan, además de la Dra.C. Aida Morales, la MSc. Mariela Rodríguez y la Lic. Edelsi Palermo.

A sala llena y público de pie concluyó la XXV edición del Festival Boleros en Santiago.

Otra gala extraordinaria tuvo lugar en la Sala Dolores de esta ciudad, que desde muy temprano en la tarde vio cubierta sus capacidades, y terminó con los pasillos casi copados, de un público que siguió cada presentación de los artistas del patio e invitados; con una fidelidad que augura todavía larga vida al bolero.

Si cayéramos en la trampa de comparar, tendría que decir que la gala de clausura quedó algo por debajo de la inaugural, pero no por ello dejó de reservar momentos muy especiales que, afortunadamente, fueron capaces de borrar algunos deslices que pudieron acabar con el esfuerzo de muchos en tan poco tiempo.

Destacar una vez más la actuación de Coco Freeman, con una voz potente que eriza la piel, y deja con esas ganas de escucharla toda la noche y más, como pidió el público presente; la presencia explosiva de Esperancita Ibis, incombustible y jocosa; la familiaridad de Ernesto Roel, quien canta como en casa rodeados de amigos; y por supuesto, lo que fue durante cada jornada de Festival el plato fuerte, la actuación de Farah María.

Una Farah que fue creciendo cada día, como si calentara motores para regalar, en esta jornada de cierre, un alarde de virtuosismo, sensualidad y energía, agradecido por los presentes con ovaciones y baile, como si el “No te bañes en el Malecón” (no podía faltar), estuviera todavía en el número uno de las listas de éxitos nacionales. Una Farah que se llevó todos los halagos y el amor de un pueblo que parece tenerla en la piel.

Suele decirse de eventos y festivales, que el más reciente es el mejor de todos; y so pena de caer en lo retórico, debo decir que en este caso es así. Por dos años consecutivos he asistido a gran parte de las jornadas de los Festivales de Bolero en Santiago de Cuba, pero este se sintió diferente. No sabría decir qué marcó la diferencia; es algo que está más allá de estadísticas, de salas y patios llenos; lo cierto es que resulta muy agradable ver cómo el género sale airoso en el tiempo, contra ostracismos mediáticos y el empuje de lo banal.

Ojalá Santiago de Cuba, se mantenga como este baluarte para el bolero. Ojalá, y algún día, le devolvamos también esos lugares que, como el Teatro Oriente, marcaron época en las ediciones de este Festival.

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