Santiago en mí

Chantal, techos y catarsis

No puedo evitar caer en hábitos de viejos, al decir que este julio ha llovido como nunca antes recuerdo. Claro, suele suceder que quizá solo se trate de una impresión; pero cierto o no, ha llovido y bastante.

Ahora, como si fuera poco, aparece en el horizonte sureste de Cuba, la tormenta tropical Chantal, tercera de la actual temporada y la primera que roza con su cono de probabilidades la región oriental del país. Entonces permítaseme una breve catarsis.

Pensar entonces que se alertan los nervios de muchos santiagueros, no es tarea difícil. A menos de un año “del Sandy”, Chantal se muestra como heraldo de una temporada ciclónica que se ha presagiado intensa y revive aquellos momentos tempestuosos durante y posterior a Sandy.

No se trata de un fenómeno como aquel, pero esas lluvias intensas que puedan caer sobre Santiago de Cuba (e incluso los vientos de hasta 100km/h, que las acompañen) encontrarán no poca resistencia en muchos hogares que aún esperan por un techo que resguarde temporales.

En medio de esto, la ciudad sigue en su afán constructivo (y restaurador) en vísperas de las celebraciones por el 26 de julio; incluida la acelerada planificación de los carnavales (que abrirá el 17 de julio con la versión infantil).

Contrasta grandemente la velocidad de las obras por “el 26” con la lentitud de la recuperación de los daños en esos sitios que se escapan a las cámaras del noticiero de televisión; lo cual, cuando menos, despierta no pocas suspicacias, tanto así, que el propio Vice-Presidente cubano, Machado Ventura, en visita a esta ciudad, “aclaró” delante de las cámaras del noticiero nacional, que los recurso empleados en las obras por la fecha histórica, eran otros que nada tenían que ver con los asignados para la recuperación de los daños provocados por el ciclón.

Uhmmm, puede ser, aceptémoslo. Pero pienso que si ese empeño puesto en levantar unas paredes y rejas en la esquina de Santo Tomás y San Francisco (aún no adivino con qué objetivo), o en crear en esa misma calle (Santo Tomás) dos áreas para la venta minorista —rescatando, eso sí, unas zonas que hasta hace poco eran escombros nada más—, con cubiertas nuevas muy similares (discúlpeseme la suspicacia una vez más) a las mostradas por la televisión en los cargamentos llegados a esta ciudad; repito, si ese empeño se hubiera puesta en ayudar a levantar las paredes y techos caídos en las arterias “no-principales” de la ciudad, hoy fueran menos los que mirarían desconfiados cada parte meteorológico, o enviarían aliviados un correo con una frase que lo dice todo: “Parece que se va, San Alejo!!!”.

Ahora se asegura que uno de los objetivos de la próxima Contraloría General será la venta de los materiales de la construcción. Es de esperar entonces que se destape una nueva caja de Pandora y luego expliquen por qué después de casi un año, muchos damnificados por Sandy han tenido que ir levantando sus casas con cualquier material menos los que les debieron haber sido asignado.

Pero, como se dice, mientras el palo va y viene, los santiagueros de seguro apostarán por todo a su alcance (dígase caracoles, cartas y otras tantas ceremonias mágico-religiosas) para espantar ciclones, al menos, hasta dentro de otros quinientos años.

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