Santiago en mí

Gripes

Hoy todos andan con gripe. Es una epidemia no declarada, porque siempre está. Hay quienes sufren sus crisis en cada temporal, o a la primera brisa con ínfulas de invierno. Pero hoy parece un caso más serio.

En mi trabajo han sido pocos los que no la han padecido. Raro resulta no ver a alguien con ojos achurrados, nariz de payaso y pañuelo en mano.

En casa mi abuelo y mi mamá todavía tosen por los rincones. Otros familiares apenas pueden levantarse de sus camas.

Yo también la sufrí. Una colega me dice: “¡pero a ti no te dio fuerte!, porque no te ‘tumbó’”; “¿cómo no?”, respondí, mientras recordaba MI gripe, en medio de un evento científico, donde me tocó exponer mi trabajo con fiebre de 38,5ºC, la voz tomada y dos pañuelos lastimosos.

En medio de tanta gripe, empero, algo llama mi atención. Las últimas gripes (¿no será la misma?) que han afectado al país, no han tenido nombre propio, y apenas le llaman por el genérico “virosis”.

Y es que, años atrás, la gripe de moda asumía el nombre del personaje negativo de la novela de turno (normalmente brasileña). Así, cuando se preguntaba por la salud de alguien, la respuesta era, “la cogió Nazaret”*.

¿Será que se ha perdido el curioso hábito de bautismo; o es que la calidad de las novelas actuales, no despiertan la imaginación?

*Nazaret era el personaje antagónico de la novela brasileña “Señora del destino”

 

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