Santiago en mí

De lluvias y de crónicas de mi ciudad

I. La lluvia

¡Qué publico maravilloso el de las Peñas! Fieles, con esa fidelidad cómplice, sincera. Fidelidad que no cree en lluvias torrenciales, de esas rompe-planes. Lluvias como la que este viernes 11 de octubre amenazó con borrar de cultura la ciudad; encerrar en sus casas los ánimos de salir y dejar vacías las sillas.

Un ahora de lluvia intensa y el temor de que la segunda edición de “Crónicas de mi ciudad”, pasara sin penas ni glorias, en la ausencia de un público. ¡Se nota que aún somos nuevos en esto de convocar asiduos!

A las cuatro de la tarde, cuando aún el sol sorprendía alguna gota rezagada, ¡allí estaban! Rostros amigos, conocidos y por conocer, nuestro público, los que han confiado en esta propuesta de ver la ciudad desde los cronistas y su obra.

Allí estaba el anciano de ochenta y cinco años, el de tantas otras peñas, “resbalé hace poco”, me cuenta y entre la preocupación por su salud, la sonrisa que asegura, “ya estoy bien”, y luego me confiesa que esas escaleras que llevan a la Sala de Arte del Museo Provincial “Emilio Bacardí” son mucho para sus años.

Allí estaba el poeta, la poetisa, el historiador que nos sorprende y enorgullece, la eterna periodista, los amigos nuevos y los de siempre. Allí estaban todos. Nuestro público. Esos rostros que también conforman la peña. Ojalá por mucho tiempo.

II. La Peña

Poco después de las cuatro de la tarde (para dar tiempo a rezagados por la lluvia) comenzó la segundo edición de “Crónicas de mi ciudad”.

La dividimos en dos segmentos. En el primero, luego de la siempre agradable interpretación de la anfitriona, Giselle Lage, acompañada a la guitarra por el trovador Fernando Guerrero; el protagonismo estuvo en la presencia del periodista e investigador histórico Joel Mourlot Mercaderes.

Mourlot nos guió en un breve recorrido por la vida de Ambrosio Valiente Duany y, en especial, su “Tabla cronológica de los sucesos ocurridos en la ciudad de Santiago de Cuba, desde su fundación hasta nuestros días”, obra considerada uno de los antecedentes de la cronografía de Don Emilio Bacardí; y de la cual el público presente pudo escuchar fragmentos leídos por el invitado; una oportunidad inigualable, dado la rareza de un texto del cual apenas se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional “José Martí”.

En un segundo momento, una vez más marcado por la voz de Giselle, y la guitarra del concertista Aquiles Jorge, con obra de Leo Brouwer; se unieron a los primeros la fotógrafa Ada Vieria (del Museo “Emilio Bacardí”) y a la poetisa Marisol Mendoza.

Ellos rememoraron un mismo suceso desde su arte, una mirada plural al paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba, hará pronto ya un año. Tres formas distintas de cronicar un hecho, de resumir el sentir de muchos en una misma emoción.

Así, las fotos de Ada rememoraron imágenes impregnadas aún en nuestras retinas. La experiencia personal y la poesía de Marisol anudaron gargantas, y la música de Aquiles dibujó recuerdos de una tragedia común. Ese es el arte, también un modo de cronicar la ciudad.

Una hora de Peña nos sabe a poco. Pero es una hora entre amigos y amantes de esta ciudad. La cita es para el segundo viernes de noviembre y, entre otros tantos estímulos, para esa ocasión nos convoca la celebración del aniversario 101 de la llegada de la momia egipcia (que se expone en el Museo “Emilio Bacardí”) a Santiago de Cuba.

Después de lo visto en este mes, sabemos que el reencuentro está seguro.

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