Santiago en mí

Adiós a la Dama de la crónica en Santiago de Cuba

El pasado 28 de octubre falleció Teresa González Guerra, quien fuera cronista de Santiago de Cuba. hoy compartimos con ustedes este texto, escrito por una de sus colega sy discípulas: Julieta Aguilera Hernández, quien la sucediera, hasta el 2011, como cronista de la ciudad.

Una vida ejemplar signó el destino de Teresa González Guerra. Nació en el poblado de El Caney el 8 de julio de 1943, en el seno de una modesta familia que supo inculcarle la honradez y el amor como brújulas para su azaroso viaje de 70 primaveras, bruscamente apagadas en la mañana del pasado lunes 28 de octubre.

Desde su infancia, la inquieta Teresa mostró una ferviente admiración por la historia de Cuba, a través de las narraciones que escuchaba de sus padres y abuelos sobre el legado aborigen y la impronta mambisa en el terruño natal. Años después, la entrega y compromiso con la naciente Revolución impactaron en la juventud de aquella caneyana que militó en las filas de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), las Milicias de Orden Público (DOP), la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el PURSC y posteriormente, el Partido Comunista de Cuba (PCC).

En 1968 ingresó a las filas del Ministerio del Interior, donde ocuparía los cargos de agente y analista operativa de la Contrainteligencia, convirtiéndose en la primera mujer que ejerció estas funciones en la antigua provincia de Oriente. Pero su labor pionera también abarcó el trabajo político-ideológico, al destacarse por ser la primera instructora que atendió las esferas de Cultura e Historia en dicha institución, donde llegaron a publicarse más de 50 libros de Historia en las unidades operativas bajo su asesoría. Allí Teresa dejó huellas imborrables, cuando, a inicios de los años ´70, dirigió el montaje museográfico de la Sala de la Gloria Combativa de la institución, la primera de su tipo en el país.

En la larga trayectoria de la Mayor Teresa González Guerra se incluye su labor docente en el Instituto Superior “Hermanos Marañon”, caracterizada por la calidad de sus clases, la exigencia y la formación de valores éticos en sus alumnos. Igualmente, en la creación del movimiento de artistas aficionados mostró su sensibilidad y humanismo, al ver en la juventud el futuro de la patria. Muchos rememoran este período como hermoso, donde el Coro Provincial del MININT fue el primero en obtener la categoría “A” en los organismos de Defensa, mientras que más de 150 aficionados llegaron a categorizarse en los diferentes proyectos artísticos de dicha entidad.

Posterior a su jubilación en las filas del MININT, Teresa pasaría a laborar en la Oficina del Conservador de la Ciudad. Con la fundación de esta entidad el 28 de abril de 1997, renacería el oficio de cronizar gracias a su sensibilidad, al continuar la obra casi olvidada de Emilio Bacardí y Carlos Forment con la redacción de las Crónicas de la Ciudad y las Efemérides de Santiago de Cuba durante diez años.

Nada escapó de la infatigable pupila de Teresa, al mostrarnos a Santiago en su justa dimensión, reflejando esos pequeños detalles que por ser tan cotidianos y familiares, pasan inadvertidos ante nuestros ojos y no suelen ser reseñados por los medios de difusión masiva. De igual modo, El Caney –su patria chica— también estuvo presente en sus emotivas crónicas que captaron el sentir del ciudadano común, desde la fusión del lirismo y el pensamiento objetivo, para contar la historia cotidiana de la ciudad y sus personajes más representativos.

Pero estas Crónicas de la Ciudad (aún inéditas) se diferencian de sus antecesoras, al ser forjadas dentro de la Revolución, como reflejo mismo de sus virtudes y defectos, donde las críticas –aún las más duras— son portadoras de un mensaje constructivo. Asimismo, en ellas está latente la firme convicción del mejoramiento social para el pueblo santiaguero, que tanto anhelaba Teresa, al abarcar un amplio espectro temático que transita desde el abordaje de acontecimientos cotidianos hasta la reflexión analítica de situaciones psicosociales que influyen en el pensamiento y la proyección del santiaguero. También resulta notable dentro de su obra cronográfica la marcada devoción por los héroes revolucionarios, como expresión espontánea de su amor por la historia local.

Otro mérito importante del fecundo quehacer de Teresa González fue su preocupación por garantizar la continuidad del arte de cronizar, con la asesoría prestada a Martha Hurtado Cardoso (su homóloga en la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey), a Julieta Aguilera Hernández y Elizabet Recio Lobaina –quienes le sucedieron en la práctica de este inusual ejercicio historiográfico en nuestra ciudad; de igual modo, se le reconoce por haber rescatado con dignidad esta añeja tradición en una época sumamente compleja, como el tránsito de la sociedad santiaguera entre dos siglos.

Meses antes de su deceso, Teresa González Guerra estaba redactando una cronología de Santiago de Cuba, que comprendía los primeros años del proceso revolucionario. Sobre este proyecto hablaba con entusiasmo a sus colegas, dedicándose con entrega y pasión a pesar de su quebrantada salud.

Sin embargo, la humildad sin límites de Teresa constituye un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones de revolucionarios, quien prefería mantenerse en el anonimato antes que recibir cualquier homenaje por su trabajo. Muestra de ello fueron las numerosas condecoraciones que recibió a lo largo de su trayectoria, entre las que destacan: la Distinción “23 de Agosto” de la FMC, la Medalla “28 de Septiembre” de los CDR, la Medalla de la Campaña de Alfabetización, las Medallas por X, XV y XX años de servicios en el MININT, dos Distinciones “Por el Servicio Distinguido en el MININT”. Cuentan además dos Sellos Plateados, otorgados por los Órganos de la Seguridad del Estado y la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), los Diplomas por 10 y 15 años de servicios como Cuadro del Partido firmados por el Comandante en Jefe, y la Medalla “Raúl Gómez García” del Ministerio de Cultura.

Con profundo pesar le decimos adiós a la Dama de la crónica en Santiago de Cuba. Quienes tuvimos la suerte de conocerla, preferimos recordarla con sus interesantes anécdotas de la niñez en El Caney que tanto amó, su humor peculiar y su pasión por el béisbol y “su equipo Santiago en buenas y malas”. Pero en cada espacio que compartió con sus compañeros, también se le recuerda por su vasta cultura y la sencillez e impulsividad de su carácter que marcó profundamente en nuestros corazones.

Julieta Aguilera Hernández

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