Santiago en mí

Llueve en Santiago…menos para los meteorólogos

Quizás la de meteorólogo, sea una de las profesiones más desagradecidas. Tanto así, que desde pequeño aprendimos el juego de palabras “mentirología”, para referirnos a la ciencia que que día a día, o mejor, noche a noche, nos alertaba de secas y lloviznas, huracanes y calor.

Esto, empero, no ha impedido que algunos de los profesionales que alternan en la emisión especial del Noticiero de Televisión, hayan logrado alcanzar cierta popularidad entre los cubanos; basten los ejemplos del Dr.C. José Rubiera y el fallecido Armando Lima, con su “les deseo loooooooo mejor”.

Pero, la suerte de los meteorólogos está dictada desde el momento en que basan su comentario, en un pronóstico. Y es como en la pelota, que nunca nadie es tan malo como pierde ni tan bueno como cuando gana. En el caso que nos ocupa, ni tan bueno cuando acierta, ni tan malo cuando no.

Estas ideas vuelven a mi mente por estos días en los que las lluvias en Santiago de Cuba se han adueñado de las tardes, en ese horario susceptible de la salida del trabajo o la escuela, cuando recordar que la sombrilla quedó en casa ya es innecesario.

Justo ayer, sorprendidos por un aguacero, un grupo de personas comentábamos al respecto. Alguien dijo: “Y yo salí sin sombrilla porque en el noticiero no anunciaron lluvia”, inocente comentario que bastó —ya que la culpa nunca ha de caer al suelo— para lanzarnos contra los meteorólogos de la TV.

Nació la hipótesis, con cierta dosis de verificación, de que Santiago no ingresaba en los pronósticos sencillamente porque el (o la) meteorólogo (a), cubría con su cuerpo la provincia, mientras daba el parte del día.

Ha sucedido que durante le reporte del tiempo, al mencionarse los acumulados de lluvia en determinadas provincias, muchos se preguntan cómo no ha aparecido Santiago, “con el palo de agua que cayó”. Luego, el asombro alcanza límites de absurdo, cuando se asegura “en el resto del país, aislados chubascos”.

Así es, llueve en Santiago y el noticiero no se entera. Qué esperar entonces cuando anuncien lluvias: cuando menos el diluvio.

Claro que son exageraciones mías, o mejor, frases que he tomado de otros en no pocas ocasiones. No obstante, a veces no queda más remedios que hacerlas propias cuando un impenetrable cortina de agua detiene a la ciudad durante unos horas y el pronóstico nos habla tan solo de “aisladas lluvias”, sea lo que quiera decir eso.

Con esta entrada, medio en broma, medio en serio, llegue un saludo a todos los trabajadores de la Meteorología, que también han sabido acumular, a pesar de críticas válidas o no, suficientes méritos y agradecimientos. Ellos, como los árbitros en el beisbol, difícilmente puedan satisfacer a todos al mismo tiempo.

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