Santiago en mí

Claroscuros en Arte Soy

Fue inaugurada “con bombos y platillos”. Fue una de las obras “entregadas” en saludo al Aniversario 60 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes”. Acaparó espacios en la prensa nacional incluso desde jornadas previas.

En su apertura, “Omar López, Director de la Oficina del Conservador de Santiago de Cuba, destacó que el otrora cuartel de caballeriza José Gutiérrez de la Concha, 150 años después fue convertido en una institución cultural para mostrar lo mejor del arte contemporáneo cubano y universal” y se refirió a lo complejo de la inversión y los valores del inmueble.

Los titulares fueron unánimes: Santiago de Cuba, cuenta ya con su primera galería para obras de gran formato.

No había podido asistir. Ni siquiera durante la muestra de las obras pertenecientes al Salón Nacional de Artes Plásticas “26 de julio”.

Pero eso cambió este pasado sábado (22 de febrero), cuando asistí a la Peña “Ámame como soy”, de la excepcional cantante santiaguera Zulema Iglesias. En realidad la Peña no ocupa los espacios de la Galería, sino del patio adjunto a esta, compartido con una Cafetería de igual nombre que el salón expositivo.

Como es de suponer, no hablaré hoy de la peña, ni de las extraordinarias condiciones de Zulema Iglesias (alguien una vez le preguntó, ¿Qué haces en Santiago de Cuba?: eso lleva muchas lecturas), sino de las decepcionantes imágenes que me deparó la visita a este sitio.

Equivocadamente entramos a la peña por la Galería (y no por la Cafetería como debió hacerse), pero esto al menos nos permitió observar las paredes vacías, sin exposición alguna, todos los salones dispuestos a la nada.

Luego, un patio en el que una fuente nos recibió a medio terminar, así como otras áreas exteriores, donde el olor a cemento puede llegar a ser muy molesto. En un rincón, se acumulaban materiales de la construcción.

En el salón donde se ubica el baño, las paredes pierden su pintura blanca, y un pedazo cuadrado de cartón suple las funciones de un mosaico ausente.

Y me pregunto, ¿adónde fue a parar la inversión hecha?; ¿se habrá entregado en esas condiciones la obra?;¿ para qué un espacio tan amplio y sin utilizar?; acaso no existen otras opciones que merezcan la pena llenar las paredes de la Galería? ¿Hasta cuándo el mal gusto, la dejadez, la apatía, nos golpearán el rostro con tanta fuerza?

Al menos, el espacio de la Cafetería se muestra acogedor, con opciones en ambas monedas (como es usual, las ofertas en peso cubano, en menor variedad, aunque de calidad) y un servicio profesional y agradable.

Lástima que ese no haya sido el motivo principal por el que nacieron estas palabras.

Nota: Lamentablemente no pude disponer de una cámara para documentar cuanto aquí he dicho. Pero los que por estos días puedan visitar el lugar, no me dejarán mentir.

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