Santiago en mí

¡Dos pesos son dos pesos!

Durante los últimos días es un comentario recurrente. Unos en tono abiertamente preocupado, otros ya resignados; todos con un deje de molestia. Prácticamente de la noche a la mañana, las camionetas que sostienen algunas de las principales rutas en la ciudad, han subido su tarifa a 2 pesos.

Todavía no he escuchado la justificación real para este incremento. La gente comenta: unos que porque la policía les está exigiendo un límite mínimo de personas a transportar (pero todavía deambulan cargadas a más no poder); otros que si por los precios de la gasolina, las piezas de repuesto (que no tienen dónde comprarla), en fin

Justificaciones más, justificaciones menos, pero el gran perdedor en este pulso (entre los transportistas privados y lo estipulado), la peor parte se la lleva el pueblo.

Por un lado, el transporte público estatal no da abasto para hacerle la competencia a los privados. Esperar por una guagua nunca será la solución, si se quiere llegar en tiempo al trabajo (o donde sea). Por otro, negarse a pagar el peso de más, aun suponiendo que la negativa fuera apoyada por el resto de los pasajeros, supone una invitación al maltrato por parte de los machacantes (extraña denominación de los que cobran el pasaje). Liarse a golpes con éstos, tal y como sucedió en una camioneta en la que viajaba un amigo; no es más que ceder a la ley de la jungla.

La cuenta es nada halagüeña. Con un salario promedio de poco más de cuatrocientos (400) pesos (la cifra oficial, según la Oficina Nacional de Estadística se las debo, aunque no debe ser difícil de localizar), el cálculo es rápido: 4 pesos diarios de transporte (ida y vuelta), por 24 días laborables (no incluyo los viajes de fin de semana, por recreación u otros motivos), equivalen a 96 pesos, es decir, casi el 25% del salario mensual estaría dedicado a la transportación.

Mientras llegue la solución a este conflicto, ajeno a las mesas redondas, muchos son los que amanecen cada día con rictus de disgusto en el rostro. La ya de por sí difícil cotidianidad del santiaguero parece tener siempre un espacio para una dificultad más.

Quién le pondrá coto a esto, no lo sé. Pero creo que ya es hora que la creciente inquietud entre la población llegue a oídos receptivos; o mejor, a manos dispuestas a obrar.

Navegación en la entrada única

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: