Santiago en mí

Archivar para el mes “abril, 2015”

Panchito estará en Cuba

La noticia ya no es noticia. Lo fue, en su momento, y habrá que esperar hasta el ¿lejano? septiembre para que vuelva a ocupar titulares, más allá de que en el intermedio, una que otra novedad se filtre. El Papa Francisco visitará Cuba en este 2015.

FranciscoSerá el tercer Papa que visita la isla desde 1998, en menos de veinte años. Como sucedió con sus antecesores (Juan Pablo II, en 1998 y Benedicto XVI, en 2012) su estancia en Cuba será uno de los acontecimientos del año y dará (ya lo hace) mucho de que hablar a favor y en contra.

Desde ya muchos se afilan los colmillos sobre lo que esta visita podrá dejar para los cubanos; aunque, justo es decirlo, por primera vez un Papa llega a la isla con el mérito de “ya haber dejado” mucho. Ahí está el reconocimiento público de Raúl Castro y Barack Obama al papel jugado por el Papa Francisco en el sonado restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Así pues, Panchito, como cariñosamente se le suele llamar por acá, llegará a Cuba con una cierta aurora de “héroe”, por haber contribuido, de manera decisiva (según ambos mandatarios) en lo que durante mucho tiempo parecía un imposible.

Más allá de esto, o también gracias a esto, lo cierto es que el Papa Francisco goza de amplia aceptación en la población cubana, “creyentes o no creyentes”, y estoy convencido que las amplias muestras de cariño y respeto profesadas a sus antecesores, serán superadas con creces durantes su agitada agenda en tierras cubanas.

No faltarán, por supuesto, las oportunidades de escoger el suceso como materia para la picaresca cubana. De hecho, desde hace tiempo, Panchito es centro de no pocos chistes, que ahora se ofrecen premonitorios, con la cercana visita.

Si no me cree tendría que haber estado presente en alguna de las conversaciones que a raíz del reciente Viernes Santo se podían escuchar en las calles. Nunca se olvida que luego de la visita de Juan Pablo II, los cubanos disfrutamos, después de mucho tiempo, del feriado de Navidad. Benedicto XVI nos dejó el asueto del mentado Viernes Santo. Entonces todos se preguntaban: “si viene Francisco, ¿qué feriado nos regalará?”

Mientras esperamos (como nunca antes, me atrevería a decir) la visita de este nuevo Papa a la mayor de las Antillas, yo me quedo con la anécdota que compartí con un amigo argentino, que estaba de visita en Cuba cuando Jorge Mario Bergoglio fue investido como el 226° Papa, con nombre Francisco. Sentados a la mesa de la cremería del 18 Plantas de Garzón, degustando un sabroso helado, me comentó: “los argentinos ya teníamos a Dios (Maradona), ahora tenemos al Papa”.

 

Los monos son mudos

Abril tiene los días contados. Se irá cuando le toca, ni más ni menos, luego de treinta jornadas, setecientas veinte horas. Abril, que siempre ha sido asociado a flores, inicio de la primavera, se nos va ahora, como uno de los meses más calientes de los últimos años, con varios récords de temperaturas máximas. Nada, que si cuando hace frío se dice que chiflaron los monos, pues los simios cubanos andan enmudecidos por estos días.

termómetroAtrás parecen haber quedado esos días que nos definieron, a los de este oriente del país, como la tierra caliente. Para calenturas ahora, cualquier provincia cubana. Hasta la capital del país quiso participar del reparto de estos dudosos méritos, y reportó la máxima más elevada desde 1909, 37.0°C; siempre según la estación meteorológica de Casa Blanca.

Y qué hablar de los holguineros, que en medio de la árida sofocación que les dejó los 38.7°C registrados el pasado 26 de abril, todavía deben estarse lamentando el no obstentar el nuevo récord de temperatura máxima por apenas dos décimas (el anterior es de 38.8°C).

Tal vez por acá por Santiago de Cuba hemos estado distante de estos valores, pero el cuerpo no parece haberse enterado. En la calle no se habla de otra cosa el habitual saludo (“buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”) ha cedido su lugar al expresivo “¡qué calor!”. El sol parece no apartarse de su cénit y, aún a las cinco de la tarde, pareciera caer como plomo sobre las cabezas de los transeúntes. Es común escuchar decir a alguien cuántas veces se ha bañado en el día. Entonces uno lleva el cálculo mental de los hábitos higiénicos propios y ajenos, que luego se confunden con los días del ciclo del agua que llega desde las sedientas presas santiagueras; dejándolo con un verdadero dolor de cabeza y unas nuevas capas de sudor sobre la piel.

Lo cierto es que abril nos ha llenado de sol, demasiado diría yo. Ahora todos andan por las calles abarrotadas de Enramadas, hurgando cualquier indicio de sombra, pensando, tal vez, en las aguas que siempre promete mayo. O simplemente poniendo, como es costumbre de los cubanos, a mal tiempo buena cara, al aprovechar las pocas bondades que el calor nos deja, esto es, esa refrescante imagen que regalan las mujeres y qué hacen exclamar a un amigo: “¡por qué se ponen tan poca ropa!”.

¿Tendré que responderle?

Post Feria

Nunca pensé decirlo con tantas ganas: ¡al fin se terminó la Feria del Libro! Habla, por supuesto, al agotamiento físico de casi una semana de trabajo, en uno de los stands de las editoriales presentes en la edición santiaguera; en este caso, Ediciones Caserón, del Comité Provincial de la UNEAC, en Santiago de Cuba.

Mañanas y tardes, rodeado de calor, de cientos de personas, de música y algarabía por todos lados. A nuestra derecha, el Tesoro de Papel, área destinada a los niños, con sus canciones, presentaciones, gritos y aplausos. Atrás, el Fondo de Bienes Culturales y alguien que debe haber perdido los pulmones, de tanto soplar un pitico, que luego se repetía en el aliento de los más pequeños. Por todos lados gente, mucha gente, en busca del título esperado o, simplemente, “mirando”.

Realmente agotador.

Pero la experiencia no deja de ser positiva. Por primera vez me vi involucrado en la Feria desde el “otro lado”, el de los organizadores. Como todo, eso trajo sus beneficios y sus dificultades.

El mayor beneficio, sin dudas, el poseer una credencial que me permitió acceder a La Gran Librería (alguna vez definí este nombre como un eufemismo; mantengo la opinión) sin los desesperos de una cola, y cuantas veces quise. Así pude llevar el pulso de las novedades en los anaqueles; ora porque los descubría yo, ora porque alguien se me mostraba con un título entre las manos, que un día antes no estaba en exhibición. Debo decirlo, en esta ocasión compré los libros que quería comprar, y algo más.

No obstante, no escapé a esos “fantasmas del pasado”, disfrazados ahora en las insatisfacciones de otros, que ayer, fueron también las mías.

Reto a la Soledad, de los más buscados pero…Desde el primer día, apenas comenzada la venta, alguien inquiría por Reto a la soledad, ese best seller autobiográfico del Héroe de la República, coronel Orlando Cardoso Villavicencio. Había, misteriosamente, desaparecido de los estantes para, según le entendí al hombre, una supuesta presentación del mismo, aun cuando días antes se había afirmado que el autor no podría acompañarnos en la Feria.

La tercera reedición de Reto a la Soledad estuvo entre los más buscados, pero…No supe qué responder a este señor de rostro serio. Ni a muchos otros que días después se acercaron tras la huella del mismo título. De cierta forma me sentí culpable de haber podido comprar, a unas pocas horas de la apertura oficial de La Gran Librería, uno de los ejemplares que permanecían en los anaqueles. ¿Qué sucedió?, ¿a dónde fueron a parar los otros ejemplares?, ¿cuántos eran?, ¿cuántas otras personas habrán podido comprarlo en la sede del Teatro Heredia? No tengo ninguna de estas respuestas.

Junto a la historia del suplicio en cárceles somalíes del joven Villavicencio, resultaron los diccionarios (sobre todo el Básico Escolar) y los libros de cocina, los más solicitados por el público. Hablo, claro, sin más estadísticas que las decenas de personas que, día tras día, se acercaban a nuestro bien ubicado stand para preguntarnos si lo vendíamos. El gesto se volvió automático, la indicación un slogan: «Vaya a La Gran Librería, o suba a donde está la Editorial Oriente, que allí puede encontrarlos». Al menos durante los primeros días.

Precisamente ese contacto con el público fue la mejor experiencia. Ya fueran lectores formados, potenciales lectores en busca del libro que los cautivara, o, simplemente, esos que andan por la Feria con ojos de pescado y un signo de escepticismo dibujado en el rostro; el poder sugerir un título, brindar una solución o sostener una breve charla sobre cualquier tema, satisfizo con creces esa vena extrovertida que mi madre puso a latir muy dentro mí.

Nada como ver agotarse un título tras otro, movido por la sugerencia oportuna; incluso, podría decir, por el riego y hasta la irreverencia; como a esa pareja a la cual le propuse un libro de cuentos eróticos «para cuando el niño esté concentrado leyendo los libros que le compraron, ustedes puedan leer esto juntos». El hombre, ni corto ni perezoso y con una sonrisa cómplice en los labios, llevó la mano al bolsillo y adquirió el último ejemplar. Con las gracias y la más franca de mi sonrisa, entonces le recomendé «comprarle más libros al niño para garantizar que no “terminara de leer” tan rápido».

Así, más o menos, con aciertos y desaciertos, transcurrió la edición santiaguera de la Feria del Libro. Mucho, mucho más podría contarse de la misma. Pero fue mi primera ocasión desde “el otro lado” y eso me dejó extenuado. Acéptenme entonces este breve vistazo.

A horas de la Feria

Otra Feria del Libro en la historia de Santiago de Cuba. La de este año especial por muchos motivos, desde los «oficiales» que la imbrican en los eventos del 500 aniversario, hasta los más objetivos que tienen que ver con la nueva fecha.

En mi caso también especial porque por primera vez me tocará vivirla desde dentro, desde su proceso organizativo, como parte del stand de Ediciones Caserón, de la UNEAC santiaguera. En este período he podido apreciar cuánto de culpas puede tocarle o no a los organizadores por la insatisfacción del público. Al menos, este año, se prometen más títulos, y sé que ya están en la sede del Teatro Heredia por lo que, espero, no se verán estantes vacíos el día inicial, como las imágenes mostraron en Cienfuegos.

Muchos todavía se preguntan qué libros comprarán, cómo estarán los precios, si llegarán títulos de su autor favoritos. Los amigos y conocidos me asaltan a preguntas y peticiones dada mi posición de «infiltrado» en los predios del evento. En verdad poco puedo hacer.

Desde el inicio ya arranca con polémica: ¿por qué no se venderá Herejes, la más reciente y publicitada novela de Leonardo Padura? Esa respuesta tampoco la tengo. Como no la han tenido muchos a lo largo del  país. Cosas que todavía andan en busca de una lógica.

De una fomra u otra la Feria dara inicio este 22 de abril, a las 9 am. Y serán otra vez los niños, las colas, los libros, las satisfacciones e insatisfacciones. La fiesta.

El Diccionario Básico Escolar será otra vez, sin dudas, uno de los títulos más buscados

La casa amaneció triste

La frase la debo a una trabajadora del Comité Provincial de la UNEAC, en Santiago de Cuba. Como ninguna otra, quizás, resume lo que en estos momentos sienten muchos santiagueros, al conocer del fallecimiento del locutor, director, guionista de la radio y la televisión Ado Sanz Milá.

Recién había cumplido 49 años. Sería razón suficiente para que nadie estuviera preparado para la noticia; pero era su forma de ser, esa energía que despedía en cualquier lugar que llegara, la risa que nunca le faltaba, la jovialidad; lo que lo alimenta el estupor que hoy se adueña de gran parte del pueblo de Santiago de Cuba.

Tuve la oportunidad de compartir con él en el escenario de la Revista Santiago, no una, sino varias veces (la última, hará menos de un mes). Tenía la facilidad de hacer sentir a los invitados como en casa. La Revista, tenía su sello.

Sello con el que quizás yo no profesaba mucho; pero qué se yo de locución. Para todos los que trabajaron con él, sus discípulos del micrófono, era un maestro y como tal lo respetaba y lo reconocía. Como tal se le habrá de recordar.

Muchos de los más populares espacios radiales y televisivos de Santiago de Cuba llevaban su impronta. Han quedado huérfanos muy pronto. Quizás hoy, por esa magia del éter, todavía su voz resuene en los radios santiagueros. Alguien entonces no creerá la noticia, pero es cierta: Ado Sanz ha muerto. La casa sigue triste.

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