Santiago en mí

Los monos son mudos

Abril tiene los días contados. Se irá cuando le toca, ni más ni menos, luego de treinta jornadas, setecientas veinte horas. Abril, que siempre ha sido asociado a flores, inicio de la primavera, se nos va ahora, como uno de los meses más calientes de los últimos años, con varios récords de temperaturas máximas. Nada, que si cuando hace frío se dice que chiflaron los monos, pues los simios cubanos andan enmudecidos por estos días.

termómetroAtrás parecen haber quedado esos días que nos definieron, a los de este oriente del país, como la tierra caliente. Para calenturas ahora, cualquier provincia cubana. Hasta la capital del país quiso participar del reparto de estos dudosos méritos, y reportó la máxima más elevada desde 1909, 37.0°C; siempre según la estación meteorológica de Casa Blanca.

Y qué hablar de los holguineros, que en medio de la árida sofocación que les dejó los 38.7°C registrados el pasado 26 de abril, todavía deben estarse lamentando el no obstentar el nuevo récord de temperatura máxima por apenas dos décimas (el anterior es de 38.8°C).

Tal vez por acá por Santiago de Cuba hemos estado distante de estos valores, pero el cuerpo no parece haberse enterado. En la calle no se habla de otra cosa el habitual saludo (“buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”) ha cedido su lugar al expresivo “¡qué calor!”. El sol parece no apartarse de su cénit y, aún a las cinco de la tarde, pareciera caer como plomo sobre las cabezas de los transeúntes. Es común escuchar decir a alguien cuántas veces se ha bañado en el día. Entonces uno lleva el cálculo mental de los hábitos higiénicos propios y ajenos, que luego se confunden con los días del ciclo del agua que llega desde las sedientas presas santiagueras; dejándolo con un verdadero dolor de cabeza y unas nuevas capas de sudor sobre la piel.

Lo cierto es que abril nos ha llenado de sol, demasiado diría yo. Ahora todos andan por las calles abarrotadas de Enramadas, hurgando cualquier indicio de sombra, pensando, tal vez, en las aguas que siempre promete mayo. O simplemente poniendo, como es costumbre de los cubanos, a mal tiempo buena cara, al aprovechar las pocas bondades que el calor nos deja, esto es, esa refrescante imagen que regalan las mujeres y qué hacen exclamar a un amigo: “¡por qué se ponen tan poca ropa!”.

¿Tendré que responderle?

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